Moisés dirigió al pueblo por un camino inusual hacia el desierto de Shur que se encontraba fuera de las rutas principales que iban sobre el camino del mar. Y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua: Tres días no es mucho tiempo. Y es el tiempo máximo que el cuerpo humano puede soportar sin agua en el desierto. Pero fue suficiente para que el pueblo olvidara la gran victoria y el poder de Dios. Ahora Israel se enfrentaba a un largo viaje a través de un desierto árido y difícil.

Los egipcios encontraron suficiente agua, e incluso demasiada, porque se ahogaron en el mar, pero los amados israelitas no tenían agua en absoluto. Así sucede con el impío; a menudo tiene suficiente riqueza, y demasiada, hasta que se ahoga en placeres sensuales y perece en inundaciones de prosperidad. Cuando por fin encontraron agua no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas: debe haber parecido una broma cruel, después de tres días sin agua, finalmente encontraron agua y encontraron esa agua imposible de beber. Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol: Siguiendo la dirección de Dios, Moisés hizo las aguas potables e Israel encontró agua en el desierto.

Creo que, si yo hubiera estado allí, hubiera sugerido que Moisés usara esa vara suya. ¿No dividió con ella el Mar Rojo? ¿Por qué no poner su vara en el agua, removerla y hacerla dulce? Bueno sí, ya saben, ¡siempre estamos a favor de utilizar métodos antiguos! Pero Dios es soberano y obrará como le plazca. En su trabajo sobre el viaje del Éxodo, Buckingham explica cómo pudo haber funcionado esto. Los productos químicos en la savia de la rama rota llevaron el contenido mineral al fondo de los estanques y dejaron solo agua buena en la parte superior.

Además, especula que a pesar de que las aguas ahora eran potables, todavía había un contenido significativo de magnesio y calcio en el agua. El efecto laxante de esto limpiaría los sistemas digestivos de los hijos de Israel, limpiándolos de dolencias egipcias comunes como la amebiasis y la esquistosomiasis, una enfermedad debilitante común entre los campesinos egipcios. Además, el calcio y el magnesio juntos forman la base de un medicamento llamado dolomita, utilizado por algunos atletas como potenciador del rendimiento en condiciones de clima cálido. En Mara, Dios proporcionó la medicina adecuada para limpiar sus sistemas y prepararlos para una larga y calurosa marcha hacia el Sinaí. Podemos decir que Dios no solamente estaba interesado en sacar a los hijos de Israel de Egipto, sino que también quería sacar a Egipto fuera de los hijos de Israel – tanto física como espiritualmente. Con respecto al árbol los comentaristas medievales se deleitaron al ver aquí una referencia a la cruz, por la cual se endulza lo más amargo de las aguas de la vida.

Dios probó a Israel al darles un mandato a obedecer. Cuando Dios nos dice lo que debemos hacer, en realidad nos da una prueba. Nuestra obediencia determina si pasamos la prueba o no. Si los hijos de Israel eran un pueblo adorador que ocasionalmente murmuraba, o si eran un pueblo murmurador que ocasionalmente adoraba. Su verdadera naturaleza se revelaría en tiempos de prueba. Ninguna enfermedad de las que Dios envió a los egipcios se las envió a ellos: Esta era la promesa de Dios para un Israel obediente. De muchas maneras su salud física estaba directamente relacionada con su obediencia.

Más allá de las implicaciones médicas directas, la obediencia también significa que estamos en paz con Dios y libres de una tremenda cantidad de estrés y ansiedad en la vida. Esto tiene un beneficio obvio para la salud de cualquier persona. Este milagro estaba relacionado con una promesa; es decir, de ahora en adelante, la obediencia a los mandamientos y estatutos traería sanidad, tanto física como moralmente.

Mara fue un lugar de amargura y prueba, pero debido a que Israel soportó y recibió provisión de Dios, realmente se beneficiaron de su tiempo en Mara. Ellos aprendieron a orar, aprendieron a desconfiar de ellos mismos, aprendieron a tener una dependencia diaria, aprendieron obediencia, e incluso aprendieron un nuevo nombre para Dios. Israel ganó por examinación, por experiencia, por educación en Mara. Y finalmente llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras: Después del tiempo de prueba Dios tuvo un tiempo de refrigerio para el pueblo de Israel. Él sabía exactamente lo que necesitaban, y sabía cuando probarles y cuando darles descanso. En Elim Dios se reveló a Si mismo como Jehová-Rafa.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.