Ante el pueblo, Moisés estaba lleno de fe; pero ante Dios clamó en oración desesperada. Esto era bueno porque Moisés debía de mostrar confianza ante la nación para alentar su fe. Hay un tiempo para orar, y hay tiempo para actuar. De hecho, puede ser contra la voluntad de Dios el dejar de hacer y solo orar en una situación particular. Este era un momento para la acción, y Moisés podía orar en el camino.

Estas eran instrucciones sencillas conectadas a un poderoso milagro. De la misma manera, el más grande milagro de salvación ocurre con sencillos actos de nuestra parte. Ni Moisés ni su vara podrían ser un instrumento eficaz en una obra que sólo podría lograrse mediante la omnipotencia de Dios; pero era necesario que pareciera así, a fin de que pudiera tener crédito ante los ojos de los israelitas, y que pudieran ver que Dios lo había elegido para ser el instrumento de su liberación. Dios envió a un Ángel especialmente comisionado y a la columna de nube como barrera entre Israel y el ejército egipcio que los perseguía. Dios protegió a Israel del ataque egipcio hasta que se abrió un camino a través del Mar Rojo. A menudo tenemos poca idea de cuánto hace Dios para protegernos de los ataques de nuestros enemigos invisibles. A veces sentimos que estamos abrumados en una lucha espiritual presente, pero es posible que no sepamos cómo sería si el Señor retirara Su protección. Los egipcios no lo sabían, pero la misma columna que les impedía perseguir a Israel también protegía sus propias vidas, al menos por un tiempo. Si se hubieran sometido al Señor que bloqueó su camino con Su presencia, se habrían librado de la destrucción venidera. La columna era una fuente de tinieblas para los egipcios y una fuente de luz para Israel. Esta es una imagen vívida de cómo la gloria de Dios o la obra de Dios puede ser luz para una persona y ser tinieblas para otra.

La frase hebrea para Mar Rojo es yam suph, que claramente significa “Mar de Juncos”. Los estudiosos y arqueólogos han intentado durante años identificar positivamente este cuerpo de agua. El término describe acertadamente la región de los lagos al norte del Golfo de Suez que comprende los Lagos Amargos y el lago Timsah. Es posible que los israelitas fueran a lo largo de la estrecha lengua de tierra en la que se encontraba Baal-zefón y que el Mar de Juncos bíblico fuera el actual lago Sirbonis. Estamos seguros de que el cruce fue en esta área porque los israelitas se encontraron en el desierto de Shur después de cruzar el mar.

Cálculos sofisticados por computadora indican que la división bíblica del Mar Rojo, que se dice que permitió a Moisés y a los israelitas escapar de la esclavitud en Egipto, podría haber ocurrido precisamente como la biblia lo describe. Dios obró milagrosamente del lado de los Israelitas en contra de los egipcios. Él trastornó el campamento de los egipcios hasta que Israel hubo cruzado por el Mar Rojo. Hasta entonces permitió que el ejército egipcio continuara con su persecución a través de las aguas partidas.

Dios le dijo a Moisés que hiciera algo con su mano relacionado con el movimiento del mar. Sabemos que no fue realmente el poder de la mano de Moisés lo que detuvo el mar o permitió que se estrellara contra el ejército egipcio. Fue el poder de Dios en acción. La liberación en el Mar Rojo se convirtió en un punto de inflexión en la historia de Israel. En esta era de la historia de Israel, tuvieron muchos problemas por delante, pero el Faraón y los egipcios nunca los volvieron a molestar.

Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar: Esta fue la confirmación para Israel de que su liberación de Egipto era real y completa. Un pueblo oprimido tarda en creer que es libre mientras sus tiranos aún vivan. Dios quería que Israel supiera que sus opresores estaban muertos. Clarke especula que los Israelitas despojaron a los soldados egipcios muertos y por lo tanto obtuvieron armas que luego usarían en batallas contra los amalecitas, amorreos y otros. Dios libró a Israel de una circunstancia aparentemente imposible. Él demostró Su fidelidad hacia Israel y todo Su pueblo.

Podríamos decir que la liberación de la Pascua y el milagro del Mar Rojo van de la mano. Si no fuera por la victoria ganada en el Mar Rojo, la redención de la Pascua no hubiera significado nada. Pero ellos jamás hubieran llegado al Mar Rojo sin el milagro de redención por parte de Dios en la Pascua. Del mismo modo, la redención que ofrece la cruz no significaría nada sin el milagro de la resurrección. Las dos obras de liberación deben de ir de la mano. La nueva nación caminó a través de una amenaza de muerte hacia una nueva vida con conciencia de la presencia y el poder de Jehová, de los cuales ellos no podían escapar.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.