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Moisés volvió a su suegro Jetro y le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo: Ve en paz. Cuando el fuego se disipó de la zarza ardiente y cuando la voz de Dios se mantuvo en silencio a través del desierto, entonces le correspondía a Moisés el obedecer, y el hacer lo que Dios le había dicho que hiciera. Más de una persona a tenido una experiencia espectacular con un parecido al de la zarza ardiente y después de ello se han involucrado en sus vidas como si nada hubiera pasado.
¿Tendría idea Moisés en lo que se estaba metiendo cuando él estuvo de acuerdo en tomar el llamado del Señor? ¿Podría ver el ejército de los egipcios acercarse, mientras Dios partía el Mar Rojo mediante la mano de Moisés? ¿Podría él ver la canción de victoria, el agua de la roca, el maná del cielo, las batallas ganadas a través de la oración? ¿Podría ver la visión de Dios en el Monte Sinaí, la voz de Dios desde el cielo, las tablas de piedra, el becerro de oro? ¿Podría ver el tabernáculo construido, a los sacerdotes consagrándose? ¿Podría ver a los espías enviados a Canaán, la respuesta de incredulidad, y a una sentencia de treinta y nueve años de vagar por el desierto? ¿Podría ver un solitario ascenso a la cumbre de Pisga, donde el moriría contemplando la tierra prometida? ¿Podría él ver el honor de sentarse al lado del Señor en el Monte de la Transfiguración? ¿Tendría Moisés una idea de donde él se estaba metiendo?
Moisés fue un buen ejemplo en verdad, pues al servir a Dios no significa el ser negligente con tu empleador. Moisés se aseguró de que estuviera todo en claro para que él pudiera salir. Aún el llamado de Dios no quitó la necesidad de la cortesía humana y el de respetar a su suegro. Moisés no le dijo en realidad a su suegro la historia detrás de su deseo de regresar a Egipto. Quizás él sintió que era demasiado fantástico, y mejor dejaría que Dios demostrara Su Palabra a través del cumplimiento de la misma. Es más importante – y más benéfico – que otros vean el fruto de la guía de Dios en tu vida que el escuchar tus explicaciones de como crees en todo lo que Dios te ha dicho.
Dios sabía que Moisés estaba seguro en Egipto, y le dio reposo a su mente de la ansiedad; pero Dios también sabía que Él endurecería el corazón de Faraón, y que tomaría la muerte de su primogénito antes de que Faraón estuviera de acuerdo en liberar a los hijos de Israel. Algunas veces dice que Dios endureció el corazón de Faraón (Éxodo 4:21). Otras veces dice que Faraón endureció su propio corazón (Éxodo 8:15). Otras veces simplemente dice que el corazón de Faraón estaba endurecido, no se dice quien lo endureció (Éxodo 7:13).
¿Quién fue quien endureció el corazón de Faraón? Podríamos decir que fue Dios y Faraón; pero siempre que Dios endurecía el corazón de Faraón, Él nunca lo hacía en contra de la voluntad de Faraón. Faraón nunca dijo, Oh, yo quiero hacer lo que es correcto y bueno y yo quiero bendecir al pueblo de Israel y Dios le respondería, ¡No, pues Yo endureceré tu corazón en contra de ellos¡ Cuando Dios endureció, Él permitió al corazón de Faraón hacer lo que el Faraón quería hacer – Dios entrego a Faraón a sus propios pecados. (Romanos 1:18-32).
Dios no endurece a los hombres al colocar la maldad en ellos, sino al no darles misericordia.” (Augustine)
Israel es mi hijo, mi primogénito: A manera de retrato, Dios consideró a Israel como a Su primogénito y Dios sabía que habría un intercambio entre Su primogénito (Israel) y el primogénito de Egipto.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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