Para Moisés, no era suficiente saber que él e Israel llegarían a la Tierra Prometida. En su opinión, la Tierra Prometida no era nada especial sin la presencia especial del Señor. Dios prometió previamente enviar un ángel con Israel. Moisés presionó a Dios en este punto pues quería saber exactamente a quién enviaría Dios. Moisés estaba decidido a tener la presencia de Dios con Israel lo más cerca posible. Fue valiente al acercarse a Dios, pero basó su valentía en la gracia que Dios ya le había mostrado. Esta era una buena base para acercarse. Él estaba casi obsesionado con Dios. Todavía estaba en la tierra, pero conectaba todo con Dios en el cielo.

Dios pareció responder a la oración de Moisés, pero Moisés no descansó ahí. Continuó presionando a Dios para que afirmara la promesa. Esto muestra cuán audazmente buscó Moisés a Dios por el bien de su propia relación con Dios y por el beneficio de la nación. Mi presencia irá contigo es literalmente “Mi rostro irá contigo.” Esto nos ayuda a entender lo que significa cuando dice que Moisés vio a Dios cara a cara. Tiene el sentido de “en la presencia inmediata de Dios”. Esto significa que el mensajero celestial enviado con ellos ahora será ‘el ángel de su presencia; es decir, una manifestación completa de Dios como en Éxodo 23:20.

Moisés sabía que nada de lo que Jehová pudiera darles los haría verdaderamente diferentes de las naciones. Solo la fuerte presencia de Jehová mismo podía hacer eso. Además, quería algo para Israel que mostrara que no eran como todas las demás naciones, y eso solo podía ser la presencia única y poderosa de su Dios. La relación de Israel con Yahvé – un ejemplo único de monoteísmo ético en el mundo antiguo – los hizo diferentes de todos los pueblos antiguos. Dios entre ellos los hizo diferentes. Era importante que Israel supiera esto por sí mismo; y también era importante que las otras naciones supieran esto. Dios honró la audaz intercesión de Moisés, y prometió restaurar su relación con Israel.

Esta hambre de más de Dios – de una mayor experiencia con Dios – es una señal de un verdadero avivamiento y restauración de la relación. Lo que sea que Moisés había experimentado con Dios, ahora quería más. “Cuanto más conoce un hombre de Dios, más deseo tiene de conocerlo. Me muestres tu gloria: Esta era una petición interesante. Moisés ya había visto algo de la gloria de Dios, pero él deseaba más. Él sentía que aún no había visto nada. Moisés pidió ver la gloria de Dios y Dios prometió mostrarle a Moisés Su bien. La gloria de Dios radica en Su bien. Cuando Moisés vio la gloria de Dios, su primer entendimiento fue que Dios era bueno. Si no sabemos que Dios es bueno, no sabemos mucho acerca de Él. A veces las personas piensan que deben “equilibrar” a Dios, suponiendo que hay algo así como un Yin y un Yang en el universo, en el sentido de luz y oscuridad, bien y mal, ley y gracia. Pero Dios mismo está “desequilibrado” en este sentido. Él es completamente bueno. Incluso su justicia, poder e ira deben entenderse como aspectos de Su bien.

En la forma de pensar de los antiguos hebreos (y también en otras culturas antiguas), el nombre representaba el carácter y naturaleza de una persona. Dios prometió revelar Su carácter a Moisés, y no solamente un título. Dios no quería – y no podía – mostrar literalmente a Moisés Su rostro. Esto nos ayuda a comprender lo que quería decir Éxodo 33:11 donde dice, Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Dios estaba a punto de revelarse a Moisés de una manera única. Dios preparó el evento cuidadosamente, dándole a Moisés un lugar específico para permanecer ahí. La gloria de Dios no podría permanecer frente a Moisés, esta debía de pasar por delante él. Aún así, Moisés tuvo que ser protegido con la mano de Dios y la hendidura de la peña cuando la gloria de Dios pasó frente a él. Protegido por Dios, Moisés pudo soportar que la gloria de Dios pasara frente a él. Isaías tuvo un atisbo de la gloria de Dios y lo movió a lamentar su propio pecado e indignidad (Isaías 6). Juan experimentó algo de la gloria de Dios y cayó a los pies de Jesús como un hombre muerto (Apocalipsis 1:17). Pablo experimentó la gloria de Dios en el camino a Damasco, pero también en la experiencia descrita en 2 Corintios 12. Esta fue una experiencia tan asombrosa que apenas pudo describirla. Nosotros debemos tener un ferviente deseo de experimentar a Dios profundamente. Pablo dejó en claro que no podemos ver completamente la gloria de Dios – la vemos como en una pieza de metal pulido, tenuemente (1 Corintios 13:12) – pero sí podemos ver algo de ella. Pablo no dijo que no vemos nada de la gloria de Dios, solo que no podemos verla o comprenderla completamente. Moisés solo pudo ver las espaldas de Dios (un término único que a menudo no se usa para la anatomía). La idea es que Moisés solo pudo ver detrás de Dios, no a Dios mismo. Con estas protecciones especiales, Dios recompensó el deseo de Moisés de ver Su gloria tanto como fuera humanamente posible. Esto demuestra que Dios recompensa al corazón que busca. Y a pesar de lo maravillosa que fue esta experiencia para Moisés, todavía no se puede comparar con la revelación de Dios que nos fue dada en Jesucristo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.