La fuente de bronce no tenía dimensiones específicas. Se trataba esencialmente de un estanque para los lavados ceremoniales, situado entre el altar de bronce y la tienda de reunión. Cuando se hizo, el metal para la fuente de bronce vino de los espejos de las mujeres de Israel (Éxodo 38: 8). Fue maravilloso que la gente renunciara a la medida de su propia apariencia para purificarse para Dios. Entonces la fuente debía estar en el gran patio, antes de que los hombres entraran en la tienda misma. Los sacerdotes ciertamente debieron haber tenido que lavarse después del sacrificio y el ritual de sangre, por lo que tenía un valor práctico también.

Se lavarán las manos y los pies, para que no mueran: La fuente de bronce habla del lavado que es necesario para todos los que quieran venir a la presencia de Dios. La idea fue después expresada en un Salmo: ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón Salmos 24: 3,4. Cuando Jesús lavo los pies de sus discípulos, les dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio. Cuando venimos a Jesús, inicialmente somos limpiados, pero también debemos de lavarnos continuamente del polvo y de la tierra al dejar que Jesús lave nuestros pies. Una forma importante en que se lleva a cabo este lavado es a través de la Palabra de Dios: Como lo expresa Efesios 5:26 habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.

Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador: Este aceite se usaba para ungir a los sacerdotes y los artículos relacionados con el servicio. Se consideraba un compuesto sagrado que no podía imitarse ni utilizarse como un perfume de aceite normal. Dado que el aceite es emblemático del Espíritu Santo, vemos que el Espíritu Santo no se derrama para realzar nuestra carne, sino para glorificarse a sí mismo. El mandato era; no harás otro semejante; santo es, y por santo lo tendrán ustedes: Esto muestra que la obra del Espíritu Santo nunca debe ser imitada. No debe haber lugar para alentar una imitación hecha por el hombre, de los dones u operaciones del Espíritu Santo. Hacer esto niega la santidad del Espíritu Santo, al considerar Su obra como algo que podemos hacer igualmente bien por nuestra cuenta. Muy solemnes son los mandatos de que ni el aceite sagrado ni el incienso sagrado debían usarse de ninguna manera para la gratificación personal.

El incienso especial para el tabernáculo se hizo de acuerdo con los mismos principios que el aceite de la unción. Dios no quería que este olor sagrado – que simboliza la dulzura de la oración – fuera usado para atracción o embellecimiento humano. Donde se ofrecían tantos sacrificios era fundamentalmente necesario tener algún perfume agradable para contrarrestar los olores desagradables que debían surgir de la matanza de tantos animales, el rociado de tanta sangre y la quema de tanta carne. Esta mezcla aromática del incienso con otros elementos, probablemente fue diseñada para asegurar una combustión rápida, mediante la adición de cloruro de sodio. Quizás también se hacía por el valor conservante de la sal.

Cualquiera que hiciere otro como éste para olerlo, será cortado de entre su pueblo: Dios estaba tan preocupado por proteger el carácter único del incienso del tabernáculo que ordenó la excomunión para cualquiera que hiciera de estas cosas santas algo común.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.