Del monte Sinaí vinieron imágenes y sonidos asombrosos junto con la pronunciación de la ley. Todo el fenómeno en conjunto creó una escena abrumadora. La palabra aquí usada para relámpagos es inusual y se puede traducir como “antorchas”, lo que significa “destellos o bolas de fuego”. Esta es la misma palabra que se usa para el símbolo de la presencia de Dios que Abraham ve al hacer el pacto de Dios con él en Génesis 15. Deuteronomio 5:23 explica por qué el monte humeaba; dice que el monte ardía con fuego. El asombro de todo el fenómeno no hizo nada para acercar a la gente a Dios; solo los hizo que se pusieran de lejos. Uno podría pensar que a Israel le encantó la experiencia dramática en el Monte Sinaí, y especialmente el honor de escuchar la voz de Dios como una bocina del cielo. En cambio, debido al gran asombro y pavor que sentían, querían que Dios dejara de hablarles directamente. Bíblicamente hablando, un encuentro cercano con Dios podría ser tan perturbador como reconfortante. Israel no podía ver, sentir y escuchar tanto de Dios y no estar certeramente conscientes de que Él es perfecto y santo y de que ellos no lo son. Esta es una reacción típica de aquellos que llegan a la presencia de Dios, tal como Isaías se sintió deshecho ante Dios y Juan, que cayó como hombre muerto ante el Señor en el apocalipsis.

El pueblo prometió escuchar y (por implicación) obedecer la palabra de Dios que les llegó por medio de Moisés. Fracasaron en esta promesa, poco después y a largo plazo. En las generaciones por venir, Israel interpretó la ley hacia abajo para que pudiera ser más fácil de obedecer, quitando el corazón e intención de la ley. Jesús expuso este hueco entendimiento de la ley en Su Sermón del Monte. Y esto progresó hasta el punto en que Saulo de Tarso pudo decir de sí mismo: en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible en filipenses 3:6.

Al apartarse del trato directo con Dios, Israel quería que Moisés fuera su mediador, temían la muerte si no tenían un mediador. El deseo del hombre por un mediador; alguien que actúe como intermediario entre nosotros y Dios, solo es bueno si se cumple en Cristo Jesús, Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5). El pueblo de Israel quería separarse de la presencia manifiesta de Dios, pero Dios tenía la intención de probarlos para bien. Aunque es mejor obedecer a Dios por temor que desobedecerlo, la motivación fundamental de Dios para la obediencia es el amor. Israel no aprendió bien esta lección. Después de aproximadamente 40 días, ellos bailarían alrededor de un becerro de oro de una manera idólatra e inmoral. (Éxodo 32). Moisés tenía una relación con Dios que el hombre común de Israel no tenía. A través de las circunstancias de su vida y la revelación directa de Dios, Moisés fue consciente tanto del santo poder de Dios como de Su gloriosa gracia. No era que Moisés fuera un santo intachable. Moisés era un asesino que había sido perdonado y restaurado por Dios. Moisés sabía lo que era conectar con Dios bajo la base de la gracia, y no de lo que uno se merece.

Este evento deja perfectamente claro que Dios hablo los Diez Mandamientos a Israel desde el cielo. Esto sucedió en el Monte Sinaí, pero Dios habló desde el cielo. Ya que Dios no se reveló a Si mismo en ninguna forma o imagen, ellos no debían de hacer ningún otro dios de plata u oro para estar junto a Dios. Cuando Dios comenzó esta sección ampliada de Su ley para Israel, la primera ley mencionada tenía que ver con el sacrificio y la expiación. Esto era con la expectativa de que Israel violaría las leyes que Dios les dio, y necesitaría expiar su pecado mediante el sacrificio, todo con miras al sacrificio máximo que Dios finalmente proporcionaría. Nuestra palabra altar viene del latín altus, que significa alto o elevado – porque los altares eran alzados para darles preeminencia y dignidad. Sin embargo, la palabra hebrea para altar(mizbach) tiene el sentido de un lugar de sacrificio o muerte, proveniente de la palabra hebrea matar. La distinción entre holocaustos y ofrendas de paz se dio más adelante con mayor detalle. Sin embargo, la mera mención de ellos al comienzo de la promulgación de la ley, indica que el hombre no puede guardar la ley y debe tener sacrificios para lidiar con esta incapacidad. Aunque había bendición en guardar la ley, en última instancia, solo somos bendecidos por la ley si guardamos toda la ley; por lo tanto, buscamos y encontramos la bendición de Dios sobre la base de Su sacrificio expiatorio.

Dios no quería ninguna exhibición de carne humana en Su lugar de sacrificio. Las gradas podían hacer que la pierna de un sacerdote estuviera a la vista. Dios no quiere ver nuestra carne en la adoración. Lo que Dios quiere de nosotros en la adoración se ve en la declaración de Jesús en Juan 4:24: Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Después, cuando se permitió construir gradas a los altares (Levíticos 9:22; Ezequiel 43: 13-17), se les instruyó a los sacerdotes que utilizaran calzoncillos de lino (Éxodo 28:40-42; Ezequiel 44: 18).

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.