Moisés había sido entrenado y preparado para convertirse en el siguiente Faraón de Egipto y durante todo ese tiempo estaba consciente de su verdadero origen debido a su madre. Hebreos 11:24-26 nos cuenta algunas de las cosas que sucedieron en la mente y corazón de Moisés mientras él los vio en sus duras tareas. Dice que por fe Moisés deliberadamente decidió el identificarse con el pueblo de Israel en lugar de con su prestigio y oportunidades egipcias. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Moisés, con un corazón lleno de simpatía y hermandad hacía su pueblo, no se podía quedar con los brazos cruzados mientras uno de sus hermanos aguantaba una golpiza.

Moisés miró a todas partes: Esta es la acción de un hombre que sabía que iba a hacer mal. Moisés tenía muchas razones para hacer lo que él hizo, pero su preocupación de esconder lo que él había hecho nos muestra una consciencia afligida. La misma Biblia explica algunos de los pensamientos de Moisés detrás de esta acción. En los Hechos 7:23-25 explica que Moisés hizo esto para defender y vengar al Israelita golpeado, pero también estaba la expectación de que su compañero Israelita lo reconociera como su liberador. Como Jesús, Moisés no los pudo librar mientras el morara en los palacios de gloria. Él tuvo que bajar de su trono, lejos del palacio, a un lugar humilde antes de que pudiera liberar a su pueblo. Moisés tenía razones para creer que su educación, su trasfondo real, su éxito, y su gran simpatía por el pueblo de Israel le daría credibilidad entre ellos. Así él intenta intervenir entre una violenta riña entre dos hebreos.

Podríamos decir de que Moisés fue primero un asesino y luego un entrometido. Debido a su trasfondo real, parece que Moisés actuó como un príncipe. Él actuó como un juez en cuanto a que él determinó que uno de estos hombres hizo mal. Él parecía ser el príncipe y el juez perfecto para Israel, pero ellos no le querían a él. Un príncipe tiene el derecho a gobernar y espera tu lealtad. Un juez tiene el derecho de decirte lo que debes de hacer, y el de castigarte si tú no lo haces. Al rechazar a Moisés le dijeron, “No queremos que gobiernes sobre nosotros o que nos digas lo que debemos de hacer.” La gente rechaza a Jesús pensando de la misma manera, y de la misma manera que Moisés, Jesús fue rechazado en Su primera venida. Moisés tenía sus planes, y éstos tenían sentido desde su perspectiva. Pero el plan de Dios era radicalmente diferente. Cuarenta años después Dios envió a Moisés y a su hermano Aaron ante Faraón con una vara especial que se convertía en una serpiente. Moisés le pidió a Faraón que dejara ir a su pueblo de regreso a Canaán; el Faraón dijo no, así que Dios trajo plagas de sangre, ranas, mosquitos, moscas, enfermedad en el ganado, granizo de fuego, langostas y oscuridad. Finalmente, Dios juzgo al obstinado Faraón con una plaga sobre los primogénitos de Egipto, Israel escapó atravesando el Mar Rojo. Las aguas del Mar Rojo se volvieron y mataron al ejército egipcio, y los Israelitas cruzaron el desierto y vinieron y se quedaron en Canaán. Este plan tan improbable nunca hubiera venido de un hombre.

Moisés, huyendo por su vida, probablemente sintió que el plan de Dios para su vida estaba totalmente deshecho. Él probablemente creía que cualquier oportunidad de que él tenía para liberar a su pueblo había terminado y de que no había nada de que él pudiera hacer. En este punto, Moisés estaba justo donde Dios lo quería. Si Moisés se hubiera ido a la región de Canaán y de Siria, no hubiera encontrado refugio – había un tratado entre Ramsés II y el Rey de los Heteos hasta el punto de que los fugitivos encontrados en el camino que lleva al norte hacia Siria serían arrestados y extraditados. Así que Moisés se fue al sureste, a Madián. En esos días Madián tenía un área trazada al este y oeste del Mar Rojo, tierra de la cual es hoy de Arabia Saudita (en la Península de Sinaí, al oeste del Mar Rojo). Al llegar finalmente a Madián, Moisés se encontró con las hijas de un sacerdote de Madián – muy probablemente un descendiente de los hijos de Abraham a través de Cetura. Debido a esta conexión con Abraham, tenemos una buena razón para creer que Madián era un verdadero sacerdote, el cual adoraba al Dios verdadero. Dios condujo a Moisés con esta familia específica en ese momento específico.

Al encontrarse con sus hijas, Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas: En Egipto Moisés disfrutaba la vida como uno de los de la familia real y se le atendía en todo aspecto. En el distante desierto de Madián, Moisés finalmente tuvo la oportunidad de ser un siervo y él hizo un buen trabajo al esforzase en darle de beber a las ovejas de las hijas de Reuel. Ya que Moisés aún tenía su vestimenta egipcia, ellas le juzgaron que el era de nacionalidad egipcia. Tomó a Séfora como esposa su nombre lo podríamos traducir como curruca o, siendo menos amables, como gorjeo; que es el nombre de un ave pequeña. Y tuvieron un hijo, Gersón este nombre significa extranjero, esto evidencia la soledad, de vivir apartado de los egipcios o de los hebreos, parece que Moisés olvidó a Egipto y su esperanza de convertirse en el libertador de Israel. Moisés estaba contento en donde Dios le había puesto, aún cuando Madián era muy diferente de Egipto. Cometemos un error cuando pensamos que los años en Madián era el tiempo de espera de Moisés. En cambio, fueron años de trabajo; ¡él nunca había trabajado tan duro en su vida! Dios lo entrenó, lo moldeó para su futuro llamado, pero ciertamente que Moisés no estaba en la banca esperando. En Egipto Moisés aprendió el cómo ser alguien. En Madián él aprendió el como ser nadie. Había aprendido “mucho” en Egipto, pero aún más en Madián. El texto nos dice que Dios oyó el gemido de ellos, y se acordó: Moisés se “olvidó” de Israel en Egipto (en el sentido de que apartó su atención activa de ellos), pero Dios no los olvidó. Dios se acordó (otra vez, en el sentido de poner Su atención activa hacia ellos) de Israel y de su aflicción. Dios no puso Su atención en Israel porque ellos fueran buenas personas, sino por el pacto que Él había hecho con ellos. Él nos da Su amor y su atención en el mismo sentido – el pacto de relación que tenemos con Dios a través de Jesús.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.