Después de su llegada y la contabilidad apropiada de todos los regalos de Babilonia, Esdras fue recibido con malas noticias. La condición espiritual de la comunidad post-exilios era mala y esto era evidente en la falla de separarse de la gente pagana que aún poblaba la región. Su incapacidad para separarse, dio lugar a los matrimonios mixtos con las comunidades paganas de alrededor. No era que estos matrimonios eran el único problema; pero por ellos, no habría ningún área donde no hubiera asociaciones paganas – negocios, gobierno, vida social. El permitir matrimonios mixtos con idólatras era permitir otras áreas de compromiso. El problema no era meramente étnico. El problema es que no se separaban de estas abominaciones, especialmente la idolatría de estas personas. Con el abandono de la identidad judía y el mínimo abrazo de idolatría (o su tolerancia en la comunidad judía), en unas pocas generaciones cesaría de haber alguna comunidad judía distintiva en la Tierra Prometida. Esdras parece recordar la Ley de Moisés en contra de los matrimonios mixtos con las tribus cananeas de alrededor– en particular, Éxodo 34:11-16 y Deuteronomio 7:1-4. Podemos ver esta convicción del pecado de parte del pueblo y sus líderes, y la forma en que la condena del pecado fue redactada, para indicar (espiritualmente hablando) que la llegada de Esdras para traer el ministerio de enseñar la Palabra de Dios estaba dando frutos. La gente escuchaba la palabra, veían sus vidas y vieron que las dos no concordaban.

Durante el periodo oscuro siguió la dedicación del templo –un periodo del cual no tenemos restos históricos– la exclusividad rigurosa que había marcado la conducta de los exiliados que regresaron cuando rechazaron de una manera ruda la propuesta de sus vecinos gentiles de asistirlos en la reconstrucción del templo fue abandonada y la libertad de las relaciones sexuales llegó tan lejos que se permitieron los matrimonios mixtos con las descendientes de los cananeos. Esdras había terminado su viaje peligroso de 4 meses de Babilonia a Jerusalén. Él tal vez había sobre idealizado el compromiso espiritual de los pioneros que regresaron del exilio y esperaba encontrar algo completamente diferente a la cultura de compromiso que encontró. Ciertamente unas de las razones de su luto (expresado por el rasgado de su vestido y manto y el arrancarse la barba) fue que Esdras recordó que estos pecados de idolatría y compromiso fue lo que causó que las tribus de Israel fueran exiliadas anteriormente. Sin duda se preguntaba cómo el pueblo podría ponerse en peligro a sí mismos de nuevo. Ambos Esdras y Nehemías fueron confrontados con el pecado de los matrimonios mixtos paganos. Nehemías respondió arrancando la barba de los culpables (Nehemías 13:25); Esdras respondió arrancando su propia barba. Ciertamente se ha dicho que una comunión con el Señor seca muchas lágrimas, pero también comienza muchas otras. Había unos en la comunidad que también estaban aterrorizados por el pecado de su comunidad. Estos (quienes eran marcados por el respeto hacia la Palabra de Dios) se juntaron con Esdras.

En un sentido histórico ellos estaban entre los cautivos que regresaron de Babilonia (aunque muchos o la mayoría de ellos habían nacido en Judea). Aun así, en un sentido espiritual realmente fueron los del cautiverio, por su pecado de juntarse con idólatras y por su idolatría. Esdras sabía que había un tiempo para estar de luto y lo hizo por un largo periodo. Él también sabía que había un tiempo para orar, y ahora comenzaría su oración. La “hora del sacrificio” se hacía alrededor de las 3 pm. Los informantes probablemente habían visitado a Esdras en la mañana, así que debió haberse sentado en esta posición por varias horas. La hora del sacrificio también era fijada para un tiempo de oración y confesión. Esdras era uno de los muchos de la Biblia que oraba de rodillas. Él también extendió sus manos a Jehová. Esta es la postura más común para orar en el Antiguo Testamento. Mucha gente moderna cierra sus ojos, inclina su cabeza, y doblan sus manos mientras oran, pero la tradición en el Antiguo Testamento era extender las manos hacia el cielo con gesto de rendimiento, disposición y listos para el recibimiento. A pesar de que las manos de Esdras estaban extendidas, su rostro estaba inclinado en vergüenza y humillación ante el Señor. Sintió que los pecados de las personas de Israel habían pesado su cabeza abajo tanto que no podía levantar su cabeza. Significativamente, Esdras oró diciendo “nuestros delitos” en vez de “sus delitos.” Esdras había llegado a esta comunidad y no había compartido ninguna experiencia ni conducta con ellos. Aun así, él sabía que por que estaban ligados por el mismo pacto ante Dios, sus delitos eran en realidad de él también. Esdras reconocía el pasado pecaminoso en general de las tribus de Israel, y cómo el exilio fue una obra justa de Dios contra Su pueblo pecaminoso. Solo unos días antes de esto, Esdras había visto el templo por primera vez en su vida. Estaba impresionado de que Dios había dado un lugar seguro en su santuario una vez más y, por lo tanto, temía que su incumplimiento eventual por esta bendición agitara de nuevo la justa ira de Dios. Él se regocijaba en por lo menos ver un poco de vida, y sabía que este era un emblema de la misericordia y favor de Dios y que no debería de ser despreciado con desobediencia y compromiso. También estaba impresionado por todas las señales de misericordia y favor de Dios hacia Su pueblo, señales que había visto solamente hace unos días por primera vez. Esto causó que apreciara lo bueno que Dios había sido con Su pueblo, y lo peligroso que era para ellos el pecar y comprometerse en respuesta a Su bondad.

Esdras no ofrece ninguna excusa y ni siquiera una explicación. Su conducta era indefendible y una desobediencia directa a lo que Dios prescribió por medio de Sus siervos los profetas. A pesar de lo severo que fue el exilio, Esdras reconocía que Dios no los había castigado de acuerdo con sus iniquidades ya que el Pueblo de Dios merecía más. Mientras él miraba su desobediencia presente, él entendía que era una manera de desprecio a la gran misericordia que Dios les había demostrado en el pasado y los hizo merecedores de un juico final completo. Esdras apela sabiamente al Señor como Dios de Israel. Aunque habían sido infieles a Él, Esdras esperaba pactos de misericordia de parte del Señor porque Él era su Dios. Él sabiamente no reclamo ni una excusa o razón por su pecado. Israel había pecado. La apelación tenía que ser hecha por la misericordia a los culpables, no como favor a quien lo merece (o quien casi lo merece). Él ni siquiera tenía corazón para suplicar, como Moisés lo había hecho, que el nombre de Dios sufriría en este caso. Su oración era confesión pura, sin excusas, sin la presión de ser una petición.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.