Después de su confesión del pecado de Israel y la justicia de Dios, Daniel simplemente le pide a Dios que con misericordia vuelva Su bondadosa atención a Jerusalén y el templo. Él también le pidió a Dios que hiciera esto sin retardo. Daniel pidió todo esto conforme a todos Sus actos de justicia. Es como si Daniel orara, “Jehová, no te estoy pidiendo que hagas nada en contra de Tu justicia. Estoy orando para avanzar Tu gloria santa.” Este era el corazón del ruego de Daniel. Él sabía que el pueblo de Dios necesitaba mucho, pero todas sus necesidades se podían resumir en esto: ellos necesitan que el rostro de Dios resplandezca sobre ellos. La oración de Daniel fue consumada con la gloria de Dios, y no primordialmente con el beneficio del hombre. Su propósito en la oración era el ver la obra de Dios cumplida y Su causa glorificada. Daniel oraba como un gran luchador, ansioso con obtener la ventaja. Él sentía la franqueza de Dios a cada petición, y él respondió con muchas peticiones rápidas. Algunas veces Dios contesta la oración aun antes de que oremos. Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. (Isaías 65:24). Este es uno de los pocos lugares en la Biblia donde se nos dice que los ángeles pueden volar. Gabriel vino prontamente porque no hay una gran distancia entre el cielo y la tierra.

En su oración Daniel no pidió por entendimiento. Su oración demostraba que su corazón estaba cerca del corazón de Dios, así como el de un amigo, Dios reveló muchas cosas a Daniel, él estudiaba el pasaje en Jeremías, pero aún no entendía mucho. En este caso el entendimiento venía más por medio de la oración. Daniel había apenas considerado un conjunto de “sietes” sobre la nación de Israel – los 70 años de cautividad profetizada por Jeremías. Es como si Dios dijera por medio de Gabriel, “Ahora te mostraré algunos ‘sietes’ los cuales te sorprenderán en verdad.” Setenta semanas están determinadas: Hay casi un acuerdo universal entre los eruditos y comentaristas de la Biblia que esto se refiere a setenta conjuntos de siete años, o semanas de años. En el antiguo hebreo, semanas simplemente se refiere a una unidad de siete. La palabra hebrea aquí es a menudo utilizada para significar una unidad de siete días, pero también puede ser utilizada para una unidad de siete años. Los judíos tenían años Sabáticos, por la cual sus años estaban divididos en semanas de años, como en esta importante profecía, cada semana contiene siete años. Las setenta semanas estaban enfocadas sobre el pueblo de Daniel (los judíos) y su santa ciudad (Jerusalén). La culminación de los años señalados atestiguara la conclusión de la ‘transgresión’ del hombre o la ‘rebelión’ en contra de Dios, un desarrollo a la cual se entra naturalmente con el establecimiento total de un nuevo orden sobre la tierra. Esto parece requerir nada menos que la inauguración del reino de Dios sobre la tierra. Y poner fin al pecado: Esto significa “el sellar”, o “contener” pecados. Esto tiene la mira hacia un nuevo mundo redimido. La iniquidad del hombre debe ser reconciliada a la justicia y santidad de Dios. Esta obra fue claramente llevada a cabo en la cruz. Uno pudiera tomar esto en un sentido individual, pero siempre a habido individuos justos. Tomando la declaración en su sentido literal, esto significa un nuevo orden de sociedad traído por el Mesías. Esto habla tanto del fin como el cumplimiento de la profecía, incluyendo el estado final de la historia humana, y culminando con el reino del Hijo de Dios. Tomado en su totalidad, Gabriel realizó un anuncio notable para Daniel. Él le dijo que cada una de estas sorprendentes cosas sucederían dentro de un periodo de setenta semanas. Aquí Gabriel le revela a Daniel el punto de partida para las setenta semanas de la profecía. Hubo una orden para restaurar y edificar a Jerusalén en la historia la cual dio comienzo a este específico periodo de tiempo. La Biblia presenta cuatro posibles decretos la cual pudieron cumplir esta descripción: Ciro hizo un decreto dándole a Esdras y a los cautivos de Babilonia el derecho de regresar a Jerusalén y reconstruir el templo en 538 A.C. Darío hizo un decreto dándole a Esdras el derecho de reconstruir el templo en 517 A.C. Artajerjes hizo un decreto dándole permiso a Esdras, un pasaje seguro, y provisiones para regresar a Jerusalén para reconstruir el templo en 458 A.C. Artajerjes hizo un decreto dándole a Nehemías permiso, un viaje seguro y provisiones para regresar a Jerusalén para reconstruir la ciudad y las murallas en 445 A.C. (Nehemías 2:1-8). Solamente el último de estos cuatro decretos fue una orden para restaurar y edificar a Jerusalén. Los primeros tres se enfocaban en el templo, no en la plaza o en el muro. El mensaje de Gabriel para Daniel era simple y llamativo. 483 años – esto es, 69 unidades de siete años – pasarían desde el momento de la orden registrada en Nehemías 2:1-8 hasta la aparición del Mesías Príncipe.

En nuestra mente un Príncipe esta debajo de un peldaño del rey. En el vocabulario hebreo, “Príncipe” tiene más la idea de un “fuerte y poderoso gobernante” en lugar que “un hijo de un rey y el heredero del trono.” Hubo únicamente una ocasión en el ministerio terrenal de nuestro Señor en la cual Él es despreciado al presentarse a Si mismo abiertamente como el Rey de Sión, la tan llamada ‘Entrada Triunfal’, registrada en cada uno de los Evangelios y la cual cumplió Zacarías 9:9 y Salmos 118:26. En aquel día, Jesús deliberadamente arregló el evento para presentarse a Si mismo como el Mesías. El término Bíblico de quitará la vida es en veces utilizada para describir ejecución Gabriel le dijo a Daniel que el Mesías se le quitará la vida por el bien de otros, mas no por sí. Cronólogos capaces han mostrado que la crucifixión del Señor Jesucristo ocurrió inmediatamente después de la expiración de los 483 años proféticos, de 360 días cada uno, desde tiempo de la orden de Artajerjes.

También Gabriel describió el otro príncipe que ha de venir. Sabemos que el príncipe del pueblo destruyó Jerusalén en 70 D.C., entonces sabemos que este príncipe por venir tiene sus raíces ancestrales en la tierra del antiguo Imperio Romano. Por lo tanto, el príncipe que ha de venir será de alguna manera un heredero para los Romanos, así como el último gobierno mundial es un heredero del Imperio Romano (Daniel 7). Por otra semana confirmará el pacto con muchos: El príncipe que vendrá hará un pacto con Israel por la última unidad de siete años, completando las setenta semanas profetizadas para el pueblo judío y Jerusalén. Con este pacto Israel abrazará al Anticristo como un mesías político, si no como el Mesías literal. Jesús predijo esto en Juan 5:43: Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis. La semana 70 comenzará cuando el pueblo judío sea restaurado en la incredulidad hacia su tierra y ciudad; y entre ellos será hallado un remanente fiel, siendo dueños de su pecado, y buscando el rostro de Jehová. El príncipe que vendrá romperá el pacto con Israel a la mitad de los siete años, la última semana (periodo de siete años).

El final del sacrificio vendrá con abominaciones, seguida por una desolación tremenda. La idea es que el príncipe por venir rompe el pacto y trae fin a los sacrificios y ofrendas al profanar el lugar santo del templo con una horrible idolatría. Jesús llamó esto la abominación desoladora e indicó que sería una señal esencial en la Gran Tribulación. Pablo mencionó la idolatría del príncipe por venir en 2 Tesalonicenses 2:3-4. Hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador: Este rompimiento del pacto y la abominación desoladora tiene una consumación prometida. Antes de que se completa la semana 70 cada una de las cosas descritas en Daniel 9:24 será cumplida y una justicia duradera reinará.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.