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Daniel era uno de los tres líderes directamente bajo Darío, y él brillaba por encima de los otros dos líderes porque él tenía un espíritu superior. Daniel tenía una buena actitud en su trabajo y vida, y esto le convertía en objeto de ataques. Daniel era un hombre tan fiel que aquellos que buscaban una falla en sus acciones o su carácter no hallaban nada. Te imaginas el observar tan detalladamente como puedas a un servidor público en el cargo por más de 50 años sin encontrar nada mal. Sin cuentas de gastos fraudulentas. No escándalos internos. Sin tratos cuestionables. Sin acusaciones por parte de su personal. Simplemente no había esqueletos en el armario de Daniel. Sus enemigos examinaban su vida y no hallaban nada para atacar, así que tuvieron que inventar algo. Esto no era para implicar que Daniel no tenía pecado, sino que era un hombre de gran integridad. También podemos decir que Daniel no tenía culpa en la conducta de su vida profesional. Estos hombres conocían bien a Daniel. Ellos sabían que él no podía caer en iniquidad, pero ellos también sabían que él sería fiel a su Dios en todas las circunstancias. Cada cristiano debería de considerar si otros podrían decir lo mismo acerca de ellos. El mundo quizás no conozca los detalles de la doctrina o la intimidad de la adoración a Dios, pero ellos pueden señalar un mal temperamento, egoísmo, pleitos y deshonestidad cuando lo ven.
Si los enemigos de Daniel le conocían, ellos también conocían a Darío. Ellos sabían que podían apelar al orgullo de Darío y su deseo por un reino unido. La sugerencia de obligar a cualquier sujeto en el último dominio Babilonio de reconocer la autoridad de Persia parecía una medida política que contribuiría a la unificación del Medio y Próximo Oriente. El tiempo límite de un mes parecía razonable. ¿Que pretensión podían urgir para una ordenanza tan necia? Quizás para halagar la ambición del rey, ellos pretendieron hacerle un dios por treinta días; para que todo el imperio tuviera que hacer oraciones y súplicas hacia él, ¡y el rendirle honores Divinos! Esta era la carnada; pero el objetivo real era el destruir a Daniel. Los enemigos de Daniel también sabían que las personas podrían ser persuadidas en hacer cosas que ellos normalmente no harían si pensaban que todos los demás aprobaban esa cosa. Por supuesto, ellos mintieron cuando dijeron todos los gobernadores han acordado por consejo. Sabemos que era una mentira porque Daniel era uno de los gobernadores y el no fue consultado. Era un principio establecido en el Imperio Medo-Persa que cuando un rey formalmente firmaba e instituía un decreto, era tan permanente que ni siquiera el rey la podía cambiar. Supón que la ley de las tierras fuera proclamada, Ningún hombre debiera de orar durante lo que quedaba del mes, so pena de ser echado al foso de los leones. Daniel fue confrontado con una prueba de lealtades. Él era un súbdito leal de su rey, pero él sabía que el Rey de Reyes merecía una lealtad más grande. Daniel se rehusó el dar al gobierno la medida de obediencia que únicamente le pertenecía a Dios. Otros quizás consideraban arriesgado para Daniel que orara como de acuerdo a su costumbre. Daniel sabía que la cosa más segura por hacer era el obedecer radicalmente a Dios. No es difícil el ver porque las personas complacen a los hombres; parece como si las personas tuvieran el poder de contratarnos o despedirnos, de romper nuestros corazones, de calumniarnos, de hacer de nuestra vida una miseria. El poder de obedecer a Dios y de permanecer firme por Él proviene de un entendimiento establecido de que Dios tiene en realidad el control. Daniel no dejó que el decreto cambiara sus acciones de una u otra manera. Él no oró más ni menos; él simplemente continuó su excelente vida de oración. ¿Cómo solía Daniel orar? Él oraba en su recámara – esta era una oración privada, hecha sin la intención de impresionar a otros. Él oraba abiertas las ventanas, que daban hacía Jerusalén, recordando el lugar de sacrificio aún cuando no había sacrificios. Él oró de acuerdo a la Escritura, porque en 1 Reyes 8 Salomón pidió a Dios que tomara en consideración las oraciones de Su pueblo cuando oraban hacia Jerusalén y el templo: Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar (1 Reyes 8:30). Él oraba tres veces al día, sabiendo que, aunque una pequeña oración es buena, mucha oración es mucho mejor. También recordamos que Daniel era uno de los tres gobernantes sobre un imperio – y aún tenía tiempo para orar.
Los enemigos hallaron a Daniel justo como sabían que lo hallarían – en profunda oración. Para Daniel la oración era ambos, comunicación con Dios y suplicas para que Su voluntad se cumpliera (rogando). Hay mucho que es agradable del Rey Darío, y una de las cosas admirables es que le pesó en gran manera. En lugar de culpar a otros, él sabía que él tenía la culpa. Podemos estar seguros de que él no estaba feliz con los enemigos de Daniel, pero él sabía que al final él era el responsable. Como Darío, nuestras necias decisiones a menudo nos persiguen. Muy a menudo todo lo que podemos hacer es orar y pedirle a Dios que intervenga de una manera milagrosa y misericordiosa cuando hacemos decisiones necias. Hasta la puesta del sol trabajó: Esto significa que el trabajó lo más que pudo. De acuerdo con la antigua costumbre oriental, la ejecución se llevaba a cabo en la tarde de ese día, y esto en cuanto a que la acusación era hecha y era hallada válida.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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