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Cuando Is-boset escuchó que el hombre que lo puso y lo sostuvo en el trono estaba muerto, supo que su tiempo estaba por terminar. Había confiado en el hombre para alcanzar su posición, así que cuando el hombre se fue, supo que su posición también lo haría. Is-boset era débil porque confiaba en el hombre.
Mefi-boset: Éste era el hijo de Jonatán, el buen amigo de David que murió con su padre en el campo de Batalla, era el último descendiente masculino de Saúl con un fuerte derecho legal para reclamar el trono de Saúl. En este tiempo solo tenía 12 años- y era cojo, era un niño era débil debido a circunstancias fuera de su control. Era débil debido a su edad y por una herida que vino por mano de otro.
Is-boset no ganó ninguna lealtad real entre sus tropas; sólo le fueron leales cuando pensaban que era fuerte y tenía la oportunidad de conservar el trono de Saúl. Cuando la debilidad de Is-boset quedó expuesta, Recab y Baana lo asesinaron. Ellos eran de los hijos de Benjamín. Ésta era la tribu de la que provenía la familia de Saúl. Esto significa que fueron conciudadanos benjamitas los que asesinaron a Is-boset.
La siesta del mediodía no era inusual en esa parte del mundo, pero la ausencia de guardias apunta a un descuido por parte de Is-boset. Dormir a mediodía y sin guardia, habla de que era un hombre perezoso y confiado. Murió, por lo tanto, en su pereza, quien había vivido perezosamente todos sus días.
Cuando trajeron la cabeza degollada de Is-boset ante David dijeron, “Somos siervos de Dios, derrotando a tus enemigos como instrumentos de Dios”. Su afirmación, Jehová ha vengado hoy a mi señor el rey, presumía de que Dios había aprobado su actuar, como si hubieran actuado bajo órdenes expresas del Señor. David no podía identificarse con esto, porque no consideraba a Saúl como su enemigo. La hermosa endecha que compuso David en la muerte de Saúl y Jonatán demostró que, aunque Saúl se consideró enemigo de David, David nunca lo consideró como su enemigo.
Recab y Baana pensaron que David se sentiría complacido de ver la cabeza decapitada de Is-boset. Subestimaron la lealtad de David a Dios y a la casa de Saúl. David fue leal a su promesa de honrar y preservar a la familia y los descendientes de Saúl. David estaba acostumbrado a ver cabezas decapitadas – él llevó la cabeza de Goliat como trofeo durante algún tiempo. Pero David sabía que Saúl y sus descendientes no eran sus enemigos de la misma manera en que lo fue Goliat. A pesar de que Is-boset no era el ungido de Jehová en el mismo sentido en que Saúl lo fue, David había aprendido plenamente a dejar que Dios tomara la venganza. David no aceptaría su perverso acto, aunque pareciera servir para un buen propósito – unificar a Israel bajo el mandato de David como rey. Si bien es cierto que Dios prevalece sobre todas las acciones de los hombres y los obliga en última instancia a que sirvan a sus elevados propósitos, es igualmente cierto que ningún siervo suyo puede consentir jamás en hacer el mal para que venga el bien. Es una verdad impresionante que nuestro Señor, en los días de su vida terrenal, no aceptó el testimonio de los demonios.
David rápidamente hizo un ejemplo de estos hombres asesinos. No eran soldados que peleaban junto con él; eran asesinos que merecían un castigo justo. Mediante este acto de justicia, David mostró a todo Israel que él era un enemigo acérrimo de la destrucción de la familia de Saúl; y que nadie podría levantar la mano contra ninguno de ellos sin recibir un castigo digno.
Así, David actuó con estricta justicia también en este caso, no solo para demostrar al pueblo que él no había ordenado ni aprobado el asesinato, sino por el aborrecimiento sincero de tales crímenes y para mantener su conciencia libre de ofensas hacia Dios y hacia el hombre.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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