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David no veía una razón espiritual en cada problema, pero no cerraba sus ojos a la mano de Dios en las circunstancias. El primer y segundo año podría considerarlos como un castigo impuesto sobre ellos por los pecados comunes de la tierra; pero cuando vio que continuaba un tercer año también, pensó que había algo en ello más que ordinario, y, por lo tanto, aunque conocía bien la causa natural de la sequía, aún así indagó por lo sobrenatural, como deberían hacer los sabios.

Esta masacre no está registrada en 1 de Samuel, pero David no cuestionó que hubiera sucedido. Aparentemente, en algún momento durante su reinado, Saúl atacó y mató a muchos de los gabaonitas. Todo el pueblo sufrió por el pecado de Saúl; ya sea porque lo aprobaron, o que por lo menos no lo lamentaron; ninguno hizo lo posible por estorbarlo; por lo que se volvieron cómplices. Cuando David escuchó que era debido a un ataque contra los gabaonitas, probablemente un escalofrío recorrió su espalda. Él sabía que fue especialmente malo que Saúl atacara y matara a este pueblo. En los días de Josué – más de 400 años antes del tiempo de David – Israel juró no herir a los gabaonitas, una tribu vecina (Josué 9). Dios esperaba que Israel cumpliera la promesa, a pesar de que los gabaonitas engañaron a Israel para llegar a este acuerdo. El crimen de Saúl no solo fue matar a los gabaonitas, sino también romper este antiguo e importante pacto.

David sabía que tenía que hacer algo al respecto, así que inició un acuerdo con los gabaonitas. Este es un buen ejemplo de cómo las buenas intenciones no excusan las malas acciones. Con frecuencia justificamos nuestras malas acciones y las de otros por lo que nosotros consideramos ser buenas intenciones. Pero Dios examina tanto nuestras buenas intenciones como nuestras acciones. Al resolver este asunto con los gabaonitas, David no les impuso términos, él vino a ellos como un siervo, no como un rey. David sentía que si los gabaonitas podían bendecir a Israel la reconciliación estaría completa y la disciplina de Dios para Israel terminaría.

Los gabaonitas dejaron claro que no querían dinero ni una retribución directa. Aunque Saúl llevó a cabo una matanza entre los gabaonitas, ellos no pidieron lo mismo para el pueblo de Israel. En aquellos tiempos antiguos, la solicitud de los gabaonitas se consideraba razonable. En lugar de dinero u “ojo por ojo”, solo pidieron justicia contra Saúl a través de sus descendientes. David estuvo de acuerdo con esto (Yo los daré). David sabía que esto era lo correcto. Algunos creen que él sabía que estaba bien porque David sabía que los descendientes de Saúl ayudaron o se beneficiaron directamente de esa masacre. Evidentemente, no se nos dice todo sobre ese incidente; debemos confiar en el principio declarado por Abraham: El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? (Génesis 18:25).

Mefi-boset era el descendiente vivo de Saúl más notable y tenía más sentido ponerlo como el primero de los siete en ser entregado a los gabaonitas para su ejecución. Sin embargo, David prometió proteger y bendecir a Mefi-boset y no cumpliría una promesa a expensas de otra. David escogió siete descendientes varones de Saúl para entregarlos a los gabaonitas y los ejecutaron ahorcándolos públicamente. La frase delante de Jehová implica que Dios aprobó su ejecución. El método de la muerte también fue importante porque cumplió con la promesa de Deuteronomio 21: 23 porque maldito por Dios es el colgado. Estos descendientes de Saúl llevaron la maldición que Saúl merecía y así liberaron a Israel de la culpa de su pecado contra los gabaonitas. Esta promesa explica por qué Jesús murió de la manera en que lo hizo. Gálatas 3: 13 explica: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).

Rizpa – la madre de dos de los siete entregados para ejecución – llevó a cabo una vigilia sobre los cuerpos hasta que llegó el agua del cielo. La llegada de la lluvia mostró que el hambre había terminado, la justicia estaba satisfecha y que Israel había sido librado. Esto significa que los cuerpos de estos hombres se dejaron deliberadamente sin enterrar. Esto fue para enfatizar el hecho de que estos hombres fueron ejecutados como un acto de juicio.

David le dio a estos siete un entierro público, junto con los restos de Saúl y Jonatán. David dirigió todo esto y en parte lo hizo por el principio declarado en Números 35:33: Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó. La idea es que la sangre de los asesinatos sin castigo contamina la tierra y Dios un día demandará esa sangre de la nación. No fue como si desde el momento en que Saúl masacró a los gabaonitas, hasta los días de David, Dios no respondiera ninguna de las oraciones de Israel. Sin embargo, llegó un momento en que Dios quiso ocuparse de este pecado y en ese momento no contestaría sus oraciones hasta que lo resolvieran. Hay muchas razones para la oración no contestada. Cuando vemos que nuestras oraciones no son respondidas, debemos buscar a Dios para abordar el problema.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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