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Los leales y sacrificados seguidores de David ganaron ese día para la gloria de Dios y para el bien de Israel. Pero luego se sintieron mal por la victoria porque David estaba abrumado con un excesivo dolor por su hijo.

Sí existe tal cosa como un duelo excesivo – un duelo que se basa básicamente en la incredulidad y la autocomplacencia. En 1 de Tesalonicenses 4:13, Pablo advirtió a los cristianos: Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Algunos cristianos a veces se lamentan en tiempos de muerte o en tragedias como aquellos que no tienen esperanza en Dios y eso está mal.

Si tus seres queridos están muertos, no puedes devolverles la vida con tu incredulidad; y si todavía sobreviven, será una lástima sentirse abatido e incrédulo cuando no haya ocasión para ello. Tu fortaleza es permanecer tranquilo. Recuerda que eres cristiano y se espera que un cristiano tenga más dominio propio que aquellos que no tienen un Dios a quien recurrir.

La excesiva pena de David hizo que sus leales amigos y seguidores se sintieran avergonzados de haber ganado una gran victoria. David no podía dejar de repetir esta balada. Aún estaba encerrado en su excesivo dolor y falta de perspectiva. Estaba dominado por sus emociones y las emociones nunca fueron hechas para dominarnos.

Dios no está en contra de las emociones – en absoluto. Muchos cristianos carecen de sentimientos profundos y experiencia en su caminar con Dios. Al mismo tiempo, las emociones nunca estuvieron destinadas a dominar sobre nuestras vidas. El problema de David no estaba en lo que sabía – La trágica muerte de Absalón y el rol de David en ella. El problema de David estaba en lo que había olvidado – que Dios seguía en control, que se ganó una gran victoria, que tenía muchos seguidores leales y que Dios le mostró gran gracia y misericordia a David. Cuando alguien se ve abrumado por la tragedia o el dolor, el problema no está en lo que sabe, sino en lo que olvida.

Quién escuchó a David llorar alguna vez con lamento piadoso, ¡oh Urías!, ¡quién me diera que muriera yo en lugar de ti! Joab le dio a David una severa llamada de atención. “David, tu lamento excesivo es egoísta. No todo se trata de ti. Estos leales y sacrificados seguidores tuyos merecen sentirse bien por su victoria y tú los estás haciendo sentir terrible. Levanta tu ánimo”.

Es una verdad aguda expresada con precisión. Joab quería que David no solo se diera cuenta de que estaba siendo un necio por su dolor excesivo, sino que también era egoísta. Sal y anima al equipo – ellos lo merecen. Si no lo haces, perderás a la mayoría de ellos.

David no sentía ganas de hacer esto. Sus emociones le decían que se quedara encerrado en su excesivo dolor. Sin embargo, David dejó que su entendimiento de lo que estaba bien fuera más grande que lo que sentía. Nunca escuchamos otra vez a David llorando, “Oh Absalón”.  Hacer lo que tenía que hacer sacó esa balada de su cabeza.

Y vino todo el pueblo delante del rey: Esto es lo que necesitaban ver – a David sentado como rey en un lugar de autoridad (se sentó a la puerta). Esto les decía que su sacrificio había valido la pena, que era apreciado y que David continuaría reinando. La reprimenda de Joab funcionó porque Joab se interesó lo suficiente como para decirlo y David fue lo suficientemente sabio como para recibirla.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse

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