Naamán era el comandante militar en jefe de un persistente enemigo, tanto de Israel como de Judá. Tan recientemente como en los días de Acab y Josafat, Siria había peleado y ganado contra Israel. Su posición y éxito lo
hicieron un varón grande delante de su señor, y personalmente era
un hombre valeroso en extremo. Este mismo título fue aplicado a Gedeón, Jefté, David, Jeroboam, y Eliada. Parece que este es el único gentil mencionado como un hombre valeroso en extremo.
Según las leyendas judías, los rabinos nos dicen que fue Naamán quien disparó la flecha con la que Acab fue asesinado. Naamán tenía mucho a su favor, pero lo que tenía contra él era devastador. Él era un leproso, lo que significaba que tenía una
enfermedad horrible e incurable que lentamente lo llevaría a la muerte. No importaba qué tan bueno y exitoso fuera en todo lo demás en la vida, era un leproso.
La lepra antigua iniciaba como manchas pequeñas y rojas sobre la piel. Antes de que pasara mucho tiempo las manchas crecían, y comenzaban a
volverse blancas, con una especie de apariencia brillante o escamosa. Muy pronto las manchas se propagaban por todo el cuerpo y el cabello comenzaba a caerse — primero el de la cabeza, y después el de las cejas.
Conforme las cosas empeoraban, las uñas de las manos y los pies se aflojaban, empezaban a podrirse y eventualmente se caían. Luego, las uniones de los dedos de las manos y los pies comenzaban a romperse y a
caerse pedazo por pedazo. Las encías empezaban a encogerse hasta que no podían sostener los dientes, así que cada uno de ellos se perdía. La lepra sigue carcomiendo el rostro hasta que, literalmente, la nariz, el paladar e,
incluso los ojos, se pudren, y la víctima se consume hasta la muerte.
La muchacha de la historia era una misionera involuntaria que fue tomada cautiva de Israel y ahora estaba en Siria. Sin embargo, Dios permitió la tragedia de su cautividad para lograr un bien más grande. Ella ilustra las formas misteriosas en las que Dios actúa, seguramente fue criada en un hogar temeroso de Dios; no obstante, fue arrebatada de su familia a una
corta edad. Fue una pérdida irremplazable para sus padres, y por la cual, sin duda, se lamentaban cada día. Sin embargo, fue usada grandemente
de una manera sencilla. Ella fue un extraordinario ejemplo de un testigo fiel en cualquier circunstancia. Se interesó lo suficiente como para hablar, y tuvo la suficiente fe como para creer que Eliseo lo sanaría de su lepra. ¡Y vean los beneficios de una educación religiosa! Si esta pequeña sierva no hubiera
sido instruida en los conocimientos del Dios verdadero, no hubiera sido instrumento de tan grande salvación.
Considerando el récord de guerras entre Israel y Siria descritas en los versículos anteriores, parece extraño que el rey de Siria enviara una carta de
recomendación con su general Naamán. Parece que 2 de Reyes no está precisamente ordenado cronológicamente, por lo que tal vez esto ocurrió durante un tiempo de baja tensión entre Israel y Siria. Dilday estima que
Naamán llevó más de $1.2 millones con él a Israel. Todo esto junto muestra cuán desesperado estaba Naamán, y cuánto el rey de Siria quería ayudarlo.
Cuando Joram el rey de Israel leyó la carta, comprensiblemente se disgustó. Primero, estaba evidentemente fuera de su poder sanar la lepra de Naamán. Segundo, no tenía relación alguna con el profeta de Dios que
realmente tenía el poder para sanar. Él pensó que el rey de Siria
buscaba ocasión contra él. Por su parte el rey de Siria asumió que el rey de Israel tenía una mejor relación con Eliseo. Es fácil para otros asumir que tenemos una mejor relación con Dios que la que realmente tenemos.
Naamán nunca hubiera sabido que había un profeta en Israel si se quedaba en el palacio real. El verdadero profeta en Israel no era bienvenido en el palacio. Naamán se tomó la molestia de ir hasta la casa de Eliseo, pero Eliseo se negó a concederle una audiencia personal. Simplemente, le envió un mensajero. Esto fue humillante para Naamán, quien estaba acostumbrado a ser honrado. Lávarse siete veces en el Jordán, fue una instruccion simple y nada complicada. Sin embargo, la reacción de Naamán demuestra que eran instrucciones humillantes. Naamán ya lo tenía todo resuelto. En su gran
necesidad, anticipó la forma en que Dios obraría, y se ofendió cuando Dios no obró de la manera en que él esperaba. Si la respuesta estaba en lavarse
en un río, Naamán sabía que había mejores ríos en su propia tierra. Gracias a Dios por los fieles subordinados que les hablan a sus superiores de esta manera. Naamán, evidentemente, estaba enojado; sin embargo, fueron lo
suficientemente osados como para darle el buen consejo que necesitaba escuchar. Los siervos de Naamán usaron un brillante y lógico enfoque. Si Eliseo le hubiera pedido a Naamán que sacrificara 100 o 1000 animales al Dios de Israel, Naamán lo hubiera hecho inmediatamente. Sin embargo, debido a que su petición era fácil y modesta, Naamán primero se negó.
Naamán hizo exactamente lo que Eliseo le dijo que hiciera. Por lo tanto, podemos decir que cada zambullida en el Jordán fue un paso de fe, de confianza en la Palabra de Dios a través de su profeta. La palabra hebrea
antigua traducida como “zambulló”: Es literalmente se “lanzó” en el río Jordán. Esto representó obediencia total a la palabra divina. La respuesta
de fe de Naamán fue generosamente recompensada. Dios respondió su fe con un milagro de sanidad total. El sencillo método de este milagro,
realizado sin el profeta ahí, sí le dio a Dios todo el crédito. Era evidente que la sanidad vino de Dios y no de ningún tipo de encantamiento mágico como
Naamán había anticipado.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
