Josías escuchó las promesas del juicio eventual y la del retraso inmediato del juicio. Pero no respondió con indiferencia o simple contentamiento porque no vería el juicio en sus días. Él quiso poner al pueblo bien con Dios, por lo que necesitó a todos los ancianos de Judá para que se unieran en un arrepentimiento quebrantado con él. El mismo rey hizo esto. Le preocupaba tanto que la nación escuchara la Palabra de Dios que se la leyó él mismo. El rey Josías se puso de pie frente al pueblo y públicamente declaró su compromiso de obedecer la Palabra de Dios con lo mejor de su capacidad con todo el corazón y con toda el alma. Dice que él hizo un pacto, o sea literalmente, “él cortó un pacto”, lo cual se remonta a la práctica de cortar el cadáver de un animal y separar las piezas para que las partes contrayentes pudieran sellar su acuerdo al caminar entre ellas.
Todo el pueblo confirmó el pacto en respuesta al ejemplo y liderazgo del rey Josías. No leemos de ninguna orden para que el pueblo hiciera esto; lo hicieron espontáneamente mientras seguían el ejemplo y liderazgo del rey. Este tipo de respuesta en masa y compromiso con Jehová no puede ser ordenada, pero eso no significa que el hombre no juegue ningún papel en esto. Evidentemente, fue la obra de Dios en el pueblo; pero Dios trabajó a través del ejemplo y liderazgo del rey Josías.
El hecho de que esto sucediera entre todo el pueblo significa que esta fue una obra especial del Espíritu Santo. La Biblia nos dice que hay momentos en los que el Espíritu Santo viene a las personas como grupo, lo cual es una obra diferente a la llenura individual del Espíritu. Deberíamos orar por un movimiento así del Espíritu Santo en la actualidad: Hechos 2: 4: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Hechos 4: 31: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. Hechos 10: 44: “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso”. La ceremonia se compara con el pacto elemental de Mizpa y la renovación del pacto en Siquem, los cuales fueron momentos decisivos en la historia judía.
La idolatría en Judá era profunda porque había ídolos dedicados a Baal, a Asera, y a todo el ejército de los cielos en el mismo templo. Este relato nos hace pensar que parece que Josías comenzó con las reformas de purificación en el centro y trabajó hacia afuera. Arrojar las cenizas de los ídolos en los sepulcros de los hijos del pueblo fuera de la ciudad no tenía la intención de profanar sus sepulcros, sino todo lo contrario. Se creía que cualquier contacto con los muertos era un acto de profanación, así que esparcir el polvo sobre los sepulcros sirvió para profanar a los ídolos.
Las reformas de Josías no solo removieron los objetos pecaminosos, sino también a las personas pecaminosas que promovieron y permitieron estos objetos pecaminosos. Los ídolos que llenaron el templo no llegaron ahí ni se quedaron ahí por sí mismos, hubo sacerdotes idólatras que fueron responsables de estas prácticas pecaminosas. Cualquier reforma rigurosa no debe tratar solo con los objetos pecaminosos; sino también con las personas pecaminosas. Si no se lidia con las personas pecaminosas, estas rápidamente traerán otra vez las cosas pecaminosas que fueron removidas.
Los sacerdotes idólatras fueron ordenados por los reyes idólatras de Judá, y llamados “kemarim, de camar”, lo cual significa “ser quemado, marchitarse juntos, estar oscurecidos, o ennegrecidos”, porque su negocio era atender constantemente “fuegos sacrificiales”; y, probablemente, vestían “ropas oscuras”.
Supuestamente, la prostitución sagrada era una parte integral de la adoración a muchos de estos ídolos. El templo se había convertido en un burdel y el rey Josías corrigió esta vergonzosa perversión. La palabra hebrea esencialmente denota “santo, apartado”; pero aquí, claramente, para propósitos inmundos. Ya nos hemos encontrado con frecuencia con los kedeshim o personas consagradas.
La palabra traducida como “tiendas”, probablemente, se refiere a los tejidos de tela elaborados por los adoradores de ídolos para hacer las cortinas detrás de las cuales se practicaban las obscenidades rituales.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
