El reinado de Azarías; también llamado Uzías en 2 de Reyes 15:13 y en 2 de Crónicas, e Isaías, fue en gran parte caracterizado por el bien que hizo ante los ojos de Jehová. Su bondad fue recompensada con un largo reinado de 52 años. Azarías llegó al trono en una época difícil: Después de los trágicos eventos que llevaron al reinado del rey Amasías a su final, Jerusalén estaba en caos: una gran parte de su muro protector destruido; su templo y palacio habían sido vaciados de sus tesoros; y algunos de sus habitantes habían sido llevados a Israel como rehenes. Segunda de Crónicas 26 nos dice mucho más acerca del exitoso reinado de Uzías: Inició su reinado cuando solo tenía 16 años, reinó durante el ministerio de Zacarías el profeta. Derrotó a los filisteos y tomó muchas de sus ciudades, y también mantuvo a los amonitas bajo tributo. Fue internacionalmente famoso como un rey poderoso, un constructor ambicioso y hábil en agricultura. Probablemente, le dio atención especial al cultivo de la tierra debido a las profecías de Oseas y Amós acerca de la escasez próxima. Edificó un ejército organizado, introduciendo muchos instrumentos de tecnología militar.

Azarías se convirtió en rey de una manera inusual: Él parece haber llegado al trono, no de la manera ordinaria que era por sucesión; sino por elección directa del pueblo. Los príncipes habían sido destruidos por los sirios hacia el final del reinado de su abuelo Joás, dejándole al pueblo una mano libre. Al igual que con Joás y Amasías, las reformas de Azarías no llegaron tan lejos como para remover los lugares tradicionales de sacrificio para Jehová. Las evidentes concesiones son un indicativo de la superficialidad espiritual básica que estaba por emerger en las profecías de los grandes profetas escritores del siglo XIII a.C.

Segunda de Crónicas 26 también nos cuenta de la caída de Azarías, quien “fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso”. El cronista continúa: “Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso”. Los sacerdotes intentaron detenerlo, pero el rey insistió en entrar al templo para ofrecer incienso. Azarías violó lo que se había convertido en un principio general en el trato de Dios con Israel: que ningún rey debía ser también sacerdote, y que los oficios de profeta, sacerdote, y rey no debían de ser combinados en un solo hombre —hasta el Mesías, quien cumplió con los tres oficios. Su gran poderío hizo crecer tal orgullo y altivez que alrededor del 750 a.C. buscó agregar a su vasto poder, usurpando los derechos del sacerdocio sagrado.

Azarías vino al templo como un rey arrogante, y se fue ciertamente, o como dice el texto: “se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido” como un leproso humillado. Fue un terrible golpe de parte de Dios. La muerte era realmente la pena que por ley merecía por su crimen, y la lepra era justamente eso, una muerte en vida, prolongada e intensificada. La muerte de Azarías (una vez más, también conocido como Uzías) también contribuyó al llamado del profeta Isaías: Isaías 6:1 “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono”. Considerando el reinado de Azarías: Comenzó su reinado cuando tenía solamente 16 años de edad. Reinó por 52 años. En general, fue un rey bueno y fuerte que dirigió a Israel a muchas victorias militares y que fue un constructor y planeador enérgico. A pesar de todo esto, Azarías tuvo un final trágico.

Por lo tanto, cuando Isaías escribió que fue llamado “en el año en el que murió el rey Uzías”, dijo mucho. Es decir: “En el año en el que un gran y sabio rey murió”. Pero también: “En el año en el que un gran y sabio rey que tuvo un trágico final murió”. Isaías tenía una gran razón para sentirse desalentado y desilusionado ante la muerte del rey Uzías, porque un gran rey había fallecido, y porque su vida había terminado trágicamente. Sin embargo, a pesar de todo, vio a Jehová Dios en su trono, quien era más grande que cualquier rey terrenal.

El reinado de Zacarías fue corto y perverso, y continuó en la idolatría patrocinada por el estado iniciada por Jeroboam. Parece haber (por una comparación de fechas) un periodo del que no se da información, de alrededor de once años, entre la muerte de Jeroboam y el inicio del reinado de su hijo Zacarías. La anarquía, probablemente, prevaleció durante el periodo antes mencionado. Zacarías era tan despreciado por su propio pueblo que Salum fue capaz de derrocarlo. Este fue el final de la dinastía de Jehú, la cual inició con mucho potencial, pero terminó (como Dios lo había predicho) en gran oscuridad.

Dios cumple sus promesas a sus enemigos. ¿Les fallará a sus amigos? La muerte de este último rey de la dinastía de Jehú vio el final del reino del norte como debía ser. En los últimos veinte años seis gobernantes seguirían uno tras otro, pero solo uno moriría de forma natural. La anarquía, la rivalidad y el regicidio conducirían al derramamiento de sangre que cumplió con las profecías de Oseas. Dentro de los próximos cuarenta y tres años, media docena de “seudo reyes” reinaría en rápida sucesión; mientras que la nación se tambaleaba al borde de la anarquía.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.