50 hombres era una gran cantidad de hombres para capturar a un profeta. Evidentemente, Ocozías envió a más hombres de los que normalmente se requería.  El capitán aquí admitió la virtud de Elías cuando lo llamó “Varón de Dios”. Por lo tanto, estuvo mal que hicieran esto; incluso, si eran ordenes de su rey. La Biblia, claramente, enseña que les debemos sumisión al gobierno y a las autoridades gubernamentales. Sin embargo, en el ámbito humano, la orden bíblica de someterse nunca es absoluta; sino que siempre está condicionada a la responsabilidad de someterse a Dios. Este comandante debió de haberse resistido a la orden impía e inmoral del rey Ocozías y obedecer a Dios. Sus cincuenta hombres debieron haberse negado a obedecer la impía e inmoral orden de su capitán. Elías puso el asunto en completo contraste. Si él realmente era un varón de Dios, entonces el capitán y sus hombres estaban en una misión impía e inmoral. Como Elías no podía hacer que descendiera fuego del cielo sin la aprobación divina, le pidió a Dios que evaluara a estos hombres y la justicia de sus acciones contra el profeta de Dios.

Elías no dijo: “Claro que soy un hombre de Dios”. En vez de eso, contestó: “Si yo soy varón de Dios”. Esencialmente, Elías dijo: “Ustedes dicen que soy un hombre de Dios, aunque no actúan como tal. Tal vez lo soy, tal vez no. Dejemos que Dios decida con fuego”. Algunos han culpado al profeta por haber destruido a estos hombres, al hacer que descendiera fuego del cielo sobre ellos. Pero ellos no consideran que Elías no tenía poder para hacer que descendiera fuego del cielo. Solo Dios pudo enviar fuego, y como Él es justo y bueno, no hubiera destruido a estos hombres si no hubiera habido una causa adecuada para justificar el acto. Dios trajo juicio sobre estos hombres que actuaron como si Yahvé no fuera un Dios real y como si Elías no fuera realmente su siervo. El capitán le dio a Elías la siguiente orden: “que desciendas”. El varón de Dios no descendió, pero el fuego de Dios sí.

Se debe de resaltar que la orden que se demandó de Elías era incorrecta. Un rey no tenía ningún derecho a semejante lealtad, y sus acciones siempre debían de estar subordinadas a la Palabra de Dios. Dios estaba protegiendo su palabra y a su siervo. El segundo capitán repitió el mismo error que el primer capitán; pero, incluso, con más culpa, porque sabía lo que le había sucedido al primer capitán. El juicio sobre el primer grupo debió de haber sido una advertencia para este segundo capitán y sus cincuenta. La petición específica del segundo capitán “Desciende pronto” muestra que este fue aún más atrevido y demandante que el primero. El pueblo y los líderes de Israel habían ido tras dioses paganos por tanto tiempo que ya no podían distinguir entre los dioses imaginarios e incapaces del mundo pagano y Yahvé, Dios de Israel. Ellos pensaron que Yahvé era tan impotente como sus propios dioses inútiles. Elías dejó el asunto en manos de Dios, y Dios respondió una vez más con un juicio dramático.

El tercer capitán manejó su misión de una manera totalmente diferente. Se acercó a Elías humildemente, reconociendo que realmente era un varón de Dios. Tal vez, el tercer capitán vio los dos lugares ennegrecidos de tierra chamuscada antes de hablar con Elías. No era que Dios no quisiera que Elías fuera con el rey Ocozías; era que Ocozías, sus capitanes, y sus soldados, todos actuaron como si no hubiera Dios en Israel. Cuando la petición fue hecha sabia y humildemente, Elías fue. Había muchas razones por las que Ocozías quería arrestar a Elías, a pesar de que ya había escuchado la profecía a través de Elías. Tal vez, quería que Elías se retractara de su palabra de destrucción y utilizaría la fuerza para obligarlo a hacerlo. Tal vez, solo quería mostrar su ira contra el profeta que lo había atormentado a él y a su padre por tanto tiempo. Tal vez, quería silenciar dramáticamente a Elías para que futuros profetas no se atrevieran a hablar osadamente contra el rey de Israel. Dios le aseguró a Elías que no tenía nada que temer de Ocozías.

¿No hay Dios en Israel para consultar en su palabra?: Este fue el mismo mensaje que Elías les dio a los hombres de Ocozías enviados para consultar a Baal-zebub. El mensaje de Dios no cambió solo porque Ocozías no quiso escucharlo la primera vez. Se demostró que Elías era un hombre de Dios, porque su profecía fue cumplida tal y como la dijo. Ocozías no se recuperó de su caída desde la ventana. Todo lo que hizo fue débil, sin fe, y miserable; no logró nada más que ruina y fracaso. Dejó que Moab se revelara. Se lastimó a sí mismo en un torpe accidente. Neciamente intentó utilizar la fuerza militar contra Elías. Y lo peor fue que buscó ayuda en el lugar equivocado — en el altar de un dios pagano.

Joram era el hijo de Acab y, por lo tanto, el hermano de Ocozías. Ocozías no tuvo descendientes a quienes pasarles el reino, por lo que el trono le fue entregado a su hermano después de su breve reinado.  El relato se vuelve un poco confuso aquí, porque el rey de Judá en ese tiempo también se llamaba Joram (hijo de Josafat).

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse