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Este es un gran principio: la fe crea el testimonio. Pablo en verdad creía que Dios tenía un propósito en sus padecimientos como de muerte, y en verdad creía que vivió y experimentó la resurrección de vida de Jesús. Por lo tanto, él no titubeaba al hablar acerca de ello. Pablo sabía esto, por lo tanto, nunca se desesperaba en sus padecimientos. Cada prueba como de muerte solo era el preludio de la resurrección de poder. El corazón de Pablo estaba para servir a los corintios cristianos y a los cristianos en otras ciudades. El ministerio de Pablo también tenía una meta máxima: que la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. Finalmente, Pablo estaba motivado por la gloria de Dios.
Pablo empezó el capítulo de 2 Corintios 4:1 declarando: «por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos». Posteriormente, describió todas las aflicciones como de muerte que tuvo que soportar en el ministerio. Es como si Pablo anticipara la pregunta: «¿Cómo es que no desmayamos?». Por tanto, es parte de la respuesta, porque nos señala hacia lo que Pablo acaba de escribir. Pablo acabó de explicar que sus pruebas como de muerte hicieron más efectivo el ministerio que da vida a los corintios cristianos. Sabiendo esto, no desmayó en medio de las pruebas y aflicciones. Otra razón por la que Pablo no desmaya es porque, aunque todos sus padecimientos cobran una cuota a su hombre exterior, aun así, el hombre interior está siendo renovado y bendecido.
Cuando Pablo escribe: «esta leve aflicción», nos podemos preguntar si en realidad él conocía las pruebas «verdaderas». Algunos pueden pensar: «Bueno, Pablo, tu aflicción pudo ser leve, pero la mía no lo es. ¡Si tan solo supieras cómo sufro! ¡Es insoportable!” Pablo no escribió como si tuviera la experiencia de un niño pequeño acerca de la aflicción, él tenía un título de grado. Describió algunos de sus padecimientos con estos términos en 2 Corintios 11: Azotes, cárceles, apedreamiento, naufragio en alta mar, peligro de ladrones, de los de mi nación, de los gentiles, en la ciudad, en el desierto, en el mar, entre falsos hermanos, en trabajo y fatiga, muchos desvelos, hambre y sed, muchos ayunos, frío y desnudez. Esos son los padecimientos físicos, externos; pero, ¿y las cargas espirituales que soportó, y los ataques espirituales que enfrentó? «Esta rica teología del padecimiento fue forjada en el yunque de su propia experiencia de “los padecimientos de Cristo”.
¿Por qué nuestra tribulación es leve y no pesada? Porque aún lo peor de ella, comparado con la eternidad, es momentáneo. Esto es parcialmente verdad, en el sentido de que la mayoría de nuestros problemas van y vienen; pero «esto también pasará». Esto es asimismo cierto en el sentido de que aun una vida prolongada según el estándar de este mundo, no es nada comparada con la eternidad. Aun si alguien vive 100 años y sufre cada día, esa aflicción es momentánea comparada con la eternidad.
No es fácil apreciar el peso de gloria porque es un eterno peso. El problema no es tanto lo que pensamos acerca de nuestra leve tribulación, sino que tenemos un concepto muy pequeño de nuestro peso de gloria que está por venir. Está visible en todas partes la influencia del hebreo de Pablo sobre su griego: chabad, significa «pesado» y «glorioso»; el apóstol en su griego une estos dos significados y dice «peso de gloria».
Pablo dice esto, especialmente, refiriéndose a su propia vida y ministerio. A los ojos del mundo, la vida de Pablo era una increíble vida de fracaso. En el apogeo de una carrera que llegaría mucho más alto, él lo dejó todo por una vida de sufrimientos, padecimientos y persecución, con un martirio eventual. Pablo reconocía que el mundo solamente mira el exterior, y no las cosas eternas que no se ven. Cuando miramos las cosas que se ven, todo lo que vemos es nuestra leve tribulación, ¡y luego parece que no es tan leve! Pero cuando miramos las cosas que no se ven, entonces vemos y apreciamos el eterno peso de gloria.
Pablo no está diciendo que todas las tribulaciones automáticamente producen gloria. Es posible que permitamos que las tribulaciones nos destruyan y que dejemos que la aflicción nos haga amargados, miserables, y que estemos centrados en nosotros mismos. Sin embargo, si miramos las cosas que no se ven, entonces nuestra tribulación obrará en nosotros un eterno peso de gloria.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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