Los “super apóstoles” que estaban entre los corintios, sin duda, reclamaban muchas experiencias espirituales espectaculares, como visiones y revelaciones del Señor. Pablo se había «gloriado de mala gana» desde el último capítulo, así que ahora se gloriará de sus propias visiones y revelaciones del Señor. No deberíamos de sorprendernos si Dios nos habla a través de algún tipo de visión y revelación. Pero debemos de entender que tales experiencias son subjetivas y propensas a malas interpretaciones y aplicaciones erradas. Pablo describe esta experiencia como si se refiriera a otra persona y no a él mismo. Esto hace que algunos crean que se trata de alguien más. Pero, ya que él cambia a la primera persona en el versículo siete, podemos estar seguros de que en realidad escribe sobre sí mismo.

La fecha dada por Pablo no ayuda a esclarecer cuando ocurrió esto, debido a que los eruditos no están de acuerdo en cuanto a cuándo fue escrito 2 Corintios. Lo importante que se debe notar aquí es que Pablo se mantuvo en silencio durante catorce años, y ahora lo menciona a regañadientes. Muchos podrían preguntarse, ¿qué fue lo que sucedió en realidad con Pablo? ¿Fue llevado en el cuerpo al cielo, o su espíritu se separó de su cuerpo para ir allí? Todo el punto del mensaje es que, si Pablo no lo sabía, nosotros no podemos saberlo. De hecho, Pablo enfatiza este punto al repetir la idea dos veces (en el versículo dos y en el versículo tres). Por lo tanto, las especulaciones en este punto son inútiles. Si el mismo Pablo no podía decidir, sería ridículo que nosotros lo intentáramos.

El tercer cielo no sugiere distintos «niveles» del cielo (aunque esto era algo que algunos antiguos rabinos creían). Pablo está utilizando una terminología común en aquel tiempo, en el cual se hacía referencia al «cielo azul» como el «primer cielo», el «cielo estrellado» como el «segundo cielo», y «el lugar donde Dios mora y reina», como el «tercer cielo». Así que aquel —al cual entendemos que Pablo fue arrebatado— fue al cielo donde Dios mora. Pablo tuvo una visión o experiencia del trono de Dios, de la misma manera que Isaías y Juan en apocalipsis. Él identifica a este tercer cielo como el paraíso. La palabra “paraíso” es tomada de la palabra persa usada para designar “un jardín cerrado y lujoso”, el cual se encuentra solamente entre la realeza del mundo antiguo. Al describir esta visión celestial, Pablo no relata nada de lo que él vio, únicamente hace una descripción borrosa de lo que oyó. Dios no quería que nosotros lo supiéramos, así que Él no le dio permiso a Pablo para que hablara. Pablo dice esencialmente que este hombre “sin nombre”, que tuvo esta visión, tenía algo de que gloriarse. Pero el “mismo Pablo” en verdad solamente se podía gloriar en sus debilidades, que es exactamente lo que él hizo en 2 Corintios 11:23-30.

Pablo, marcadamente —y con humor— establece un contraste con los “super apóstoles” que había en medio de los corintios. Ellos no solamente no dudarían en gloriarse sobre este tipo de visión que Pablo tuvo; ellos escribirían libros, harían cintas y vídeos, ¡y se irían de gira para hablar sobre tal visión! Y si lo hicieran, cada uno sería insensato. Pablo no, así que no se gloriaría en esta visión. La visión de Pablo era tan impresionante que le hubiera sido fácil el ser exaltado desmedidamente por la grandeza de las revelaciones. Él se pudo haber gloriado en sí mismo, o haber causado que otros se gloriaran en él debido a esta experiencia.

Para prevenir que se exaltara desmedidamente, a Pablo se le dio un aguijón. En esto, él revela la razón para contar su visión celestial: no para gloriarse en sí mismo, sino para explicar este aguijón en su carne. ¿Qué es un aguijón en la carne? Cuando pensamos en un aguijón, pensamos en algún tipo de irritación menor. Pero la raíz de la palabra que Pablo utilizó para “aguijón” aquí describe una “estaca de una tienda”, no un “clavo”. Satanás, probablemente, tuvo el permiso de Dios para afligir a Pablo, y lo hizo con malicia hacia el apóstol. Pero Dios tuvo un propósito en todo ello, y permitió que el mensajero de Satanás, de una manera exitosa, impidiera a Pablo que se enaltezca en sobremanera.

Pablo, ¿golpeado por el Diablo? ¿Quién lo hubiera pensado? «Quizás has visto el rostro de un cristiano que siempre está sonriendo, que al parecer nunca tiene ninguna preocupación, que siempre está feliz y radiante y, al haber pensado en tus propias circunstancias, has dicho en tu corazón: ¡Desearía ser él! Al parecer no tiene problemas. Él no debe de soportar lo que yo soporto.  Pablo hizo exactamente lo que él les decía a otros en los tiempos de dificultad. Pablo creía lo que escribió en Filipenses 4:6: “Por nada estén afanosos, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”.

Pablo oró repetidamente sobre este aguijón en la carne. Podríamos imaginarnos que cuando el agujón en la carne apareció por primera vez, Pablo pensó: “Esto no es problema. Simplemente lo entregaré al Señor en oración”. Pero nada sucedió cuando él oró. Así que pensó: “Esto es algo difícil”, y oró de nuevo. Cuando nada sucedió después de orar la tercera vez, él supo que Dios estaba intentando decirle algo. Pero no había nada de malo en la oración de Pablo. “Dios no respeta la aritmética de nuestras oraciones (la cantidad que hacemos); ni la retórica de nuestras oraciones (la forma en que están pronunciadas); ni la geometría de nuestras oraciones (lo largas que son); ni la música de nuestras oraciones (lo melodiosas que son); ni la lógica de nuestras oraciones (lo metódicas que son); sino la divinidad de nuestras oraciones: ¿cuánto es que derramamos el corazón? No son los dones, sino la gracia, la que prevalece en la oración”.

¿Qué era exactamente este aguijón de Pablo? Simplemente, no tenemos la información suficiente para decirlo con precisión, pero esto no ha impedido que muchos comentaristas y maestros den su opinión. Algunos lo ven principalmente como una fatiga espiritual. Otros piensan que era persecución. Muchos sugieren que era una enfermedad física o mental. Algunos dicen que esta era la lucha de Pablo con pensamientos pecaminosos. Dios tuvo una respuesta para Pablo. La respuesta no era lo que Pablo esperaba inicialmente, pero Dios tenía una respuesta para él. Muy a menudo cerramos a Dios nuestros oídos si Él responde en una manera que nosotros no esperábamos o pensábamos. Dios le dio de su gracia a Pablo. La gracia que Dios le dio a Pablo era “suficiente” para satisfacer sus necesidades. Muchos de nosotros pensamos que la verdadera madurez cristiana se logra cuando llegamos a un lugar en donde de alguna manera somos “independientes” de Dios. La idea es que tenemos todos nuestros planes bien trazados y no necesitamos confiar tanto en Dios al transcurrir el tiempo. Esto no es para nada madurez espiritual. Dios deliberadamente trazó las circunstancias en la vida de Pablo para que él pudiera depender constante y totalmente de la gracia y el poder de Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.