Según el llamado de Pedro solamente nos podemos abstener de los deseos carnales cuando vivimos como extranjeros y peregrinos, y reconocer que este mundo no es nuestro hogar, y que tenemos un hogar y ciudadanía en el cielo. Pedro entiende que estos deseos carnales batallan contra el alma. El ser cristiano significa pelear contra los deseos carnales, y la batalla continúa mientras vivamos en estos cuerpos carnales. Esta manera santa de vivir hace nuestra conducta buena entre los gentiles aquellos que aún no conocen a Dios. Aunque podemos esperar que murmuren de nosotros como de malhechores, pueden ser llevados a glorificar a Dios al ver nuestra buena conducta. Los cristianos fueron acusados falsamente en la iglesia primitiva. Paganos decían que los cristianos al hacer la Comunión se comían la carne y bebían la sangre de un bebé en un ritual de caníbales. Decían que las “fiestas de ágape” eran orgías descontroladas. Decían que los cristianos eran antisociales porque no participaban en entretenimientos inmorales de la sociedad. Decían que los cristianos eran ateos por que no adoraban a ningún ídolo. El hecho notable de la historia es que las vidas de los cristianos realmente derrotaron a las calumnias de los paganos. La idea es que puedan ser persuadidos a convertirse en cristianos al ver las vidas de otros cristianos, y que ellos glorifiquen a Dios cuando lo conozcan en vez de acobardarse ante Su santo juicio. Como cristianos, deberíamos de ser buenos ciudadanos, sometiéndonos al gobierno. Había muchos tipos de grupos de judíos celosos en ese tiempo quienes no reconocían a otro rey más que Dios y no pagaban impuestos a otro más que a Dios. Pedro escribió en los días del imperio romano, en el cual no había democracia ni alguna amistad para con los cristianos. Aun así, reconoció la autoridad legítima del gobierno romano. Por causa del Señor: Es por esto que obedecemos al gobierno. Como los gobiernos tienen autoridad por medio de Dios, estamos obligados a obedecer – a menos, claro está, que nos obliguen a hacer algo que vaya en contra de la Ley de Dios.

Que, haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos: Pedro sabe que su conducta es una manera de defender el evangelio. Sabe que aquellos que nunca han leído la Biblia leerán nuestras vidas, así que haciendo bien nosotros hacemos callar la ignorancia de los hombres insensatos. Somos advertidos a cerca de tomar la libertad que tenemos en Jesús como excusa para pecar. En lugar de eso, debemos de usar nuestra libertad en Jesús para demostrar el tipo de amor y respeto del que nos habla Pedro. El mandato a someterse a los amos no es solo para aquellos que tienen amos que son buenos y afables, pero también de aquellos que son difíciles de soportar. Si nosotros soportamos el sufrimiento por nuestros estándares cristianos, esto es aprobado ante Dios.

El ser castigado por nuestras propias maldades, no tenemos gloria para nosotros. Pero cuando somos castigados por hacer lo bueno, y lo soportamos con paciencia, seremos aprobados delante de Dios. Jesús no respondía con maldición, pero en Sus sufrimientos, Él se encomendaba al Padre. El sufrió, pero no por causa de alguna maldad que hubiera cometido o dicho. En hecho y palabra fue inmaculado, y aun así fue expuesto al sufrimiento; espera lo mismo, y cuando venga, sopórtalo con el mismo espíritu. ¿Cual hora, piensas tú, en el sufrimiento del Señor, desde el Getsemaní hasta Gólgota, sería la que se gravó más profundamente en la memoria de Pedro? Seguramente fue el tiempo en que fue burlado y bofeteado en el pasillo del Sumo Sacerdote, cuando Pedro estaba sentado y calentaba sus manos en el fuego, cuando vio a su Señor ser abusado, y temía aceptar que era su discípulo, y se atemorizó tanto que, con lenguaje profano, él declaró “Yo no conozco a ese hombre.” Mientras persistía la vida, el apóstol recordaría como su Señor soportó el sufrimiento de una manera mansa y callada. El sufrimiento de Jesús claramente es un ejemplo para nosotros; pero es algo mucho más que un ejemplo. También llevó él mismo nuestros pecados como sustituto del pecado, y proveyó para nuestra sanación (por cuya herida fuisteis sanados). Cuando nosotros estamos muertos a los pecados con Jesús en la cruz, significa que Él ha pagado nuestra deuda. No nos molestamos por deudas que ya se han pagado. Aquel quien llevó mis pecados en Su cuerpo al madero, se llevó todas mis deudas y las pago, y ahora estoy muerto a esas deudas; no tienen poder sobre mí. Estoy muerto a mis pecados; Cristo sufrió en mi lugar. Ya no tengo nada que ver con ellos. Están tan borrados como si nunca los hubiese cometido.

Estamos muertos a los pecados en el sentido de que ahora una pasión más grande llena nuestra vida; una pasión por el Señor Jesucristo que es mucho más grande que nuestra pasión anterior por el pecado. Un avaro puede estar muerto a muchos placeres y seducciones de este mundo; pero está vivo al amor por el dinero. Así que debemos de estar muertos al pecado, pero vivo por Jesús. Pedro cita Isaías 53:5, lo cual primordialmente se refiere a ser sanados espiritualmente, pero también incluye ser sanados físicamente. La provisión para nuestra sanación (física y espiritual) es por medio del sufrimiento (heridas) de Jesús. El aspecto físico de nuestra sanación se nos ha dado parcialmente por ahora, pero será completo con nuestra resurrección. Si no fuera por la resistencia paciente de Jesús bajo la persecución de los impíos, nosotros todavía seriamos descarriados. Pero por medio de Su trabajo por nosotros, hemos regresado a nuestro Pastor y al Obispo de nuestras almas.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.