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Sin duda, los filisteos estaban jubilosos, y confiados en la superioridad de su dios sobre el Dios de Israel. Ellos enfrentaron al Dios de Israel en batalla, y creían que Dagón los había librado y había derrotado a Israel. Ahora, el arca del pacto del Dios de Israel se encontraba como un trofeo en el templo de su dios Dagón. La victoria parecía completa. Dagón era representado como una figura mitad hombre, mitad pez, y se decía que era el padre de Baal. “Esta deidad era una personificación del principio generador y vivificante [dador de vida] de la naturaleza, para el cual el pez con su innumerable multiplicación fue especialmente adaptado, para exponer la idea del dador de todo bien terrenal”. ¿Se había ido la gloria de Dios? Para nada. Dios era más que capaz de glorificarse a sí mismo entre los filisteos y sus dioses paganos. Dios hizo que esta estatua se inclinara en adoración ante Él. A veces, cuando los hombres deshonran la gloria de Dios, tememos que Dios se quede sin gloria. Creemos que la gloria se ha ido. Pero cuando los hombres y las mujeres no glorifiquen a Dios, Dios se glorificará a sí mismo.

Imaginemos el horror de los sacerdotes filisteos cuando entraron al templo de Dagón a la mañana siguiente. No solo vieron a su dios postrado delante de Jehová, también vieron la imagen rota. Era difícil justificar semejante accidente dos días seguidos y la cabeza y las manos rotas de Dagón. Después de ver la superioridad del Dios de Israel, estos sacerdotes filisteos tenían una elección. Podían abandonar a su dios débil e inferior y empezar a servir al poderoso y superior Dios de Israel. O podían hacer una tradición religiosa en su lugar. Eligieron la tradición religiosa. Estos sacerdotes filisteos, como los hombres confrontados con la verdad en la actualidad, rechazaron a Dios a pesar de la evidencia, no debido a la evidencia. Ellos querían creer que fue un accidente. ¿Cómo podían creer algo tan ridículo? Porque adorar a Jehová en vez de a Dagón significaba un enorme cambio de vivir y de pensar.

Los sacerdotes filisteos no estaban dispuestos a hacer esos cambios. Fue más fácil cuando tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar. Levantar a Dagón y pegarlo es más fácil que cambiar tu vida y tu forma de pensar. Cuando cerramos nuestros oídos a Dios, a menudo Él encuentra otra manera de hablarnos, y es posible que no nos guste la otra manera.

¿Qué eran estos tumores? Los comentaristas más antiguos a menudo los describen como hemorroides, y los comentaristas más nuevos a menudo los describen como signos de la peste bubónica. De las numerosas identificaciones sugeridas para la enfermedad específica que azotó a los filisteos, la peste bubónica sigue siendo la más probable: Es una enfermedad caracterizada por una ocurrencia epidémica, por la aparición de tumores, por la producción de pánico entre la población afectada, por una alta tasa de mortalidad, y por una asociación con ratones o ratas.

La Septuaginta agrega esto al versículo seis: “Y las ciudades y los campos de toda esa región estallaron, y se produjeron ratones, y hubo confusión de una gran mortandad en la ciudad”.  Algunos piensan que esto estaba originalmente en el texto hebreo, y explica por qué se incluyeron imágenes de oro de ratas en el regreso del arca. En Leyendas de los judíos, Ginzberg es mucho más gráfico: “Esta nueva plaga consistió en ratones que se arrastraban fuera de la tierra y arrancaban las entrañas de los cuerpos de los filisteos mientras estos calmaban la naturaleza. Si los filisteos intentaban protegerse usando vasijas de bronce, las vasijas estallaban con el toque de los ratones y, como al principio, los filisteos quedaban a su merced”.

En vez de someterse al Dios de Israel, decidieron deshacerse de Él. Sin embargo, no podemos deshacernos de Dios. Podemos hacer cosas para alejarlo, pero incluso el mejor de esos intentos es temporal. Todos tendremos que enfrentar a Dios y estar ante su presencia algún día.

A la ciudad de Gat no le fue mejor que a la ciudad de Asdod. Se llenaron más de estos destructivos y dolorosos tumores. El arca estaba ahora entre los filisteos como una “papa caliente”, en el juego de los niños, quemando todas las ciudades donde se quedaba. Los ecronitas no estuvieron contentos de ver el arca, pero aun así no se sometieron a Jehová Dios de Israel.

Los filisteos, si se hubieran arrepentido y buscado a Jehová, podrían haberse beneficiado del arca. Pero en vez de eso, ésta se convirtió en juicio y maldición para ellos. Lo mismo es verdad sobre la presencia de Dios entre los hombres hoy en día, la cual puede ser como una fragancia de vida para unos y aroma de muerte para otros (2 de Corintios 2:15-16).

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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