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Los filisteos atacaron profundamente el territorio Israelita y el ejército de Saúl se reunió y se preparó para la batalla en el monte de Gilboa. Debido a su profunda rebelión contra Jehová, Saúl no estaba listo para pelear: Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera. En vez de llevar su temor a Jehová, Saúl empeoró las cosas al buscar la voz de Dios a través de una adivina. David quiso ser parte de ese grupo de filisteos. Fue la misericordia de Dios la que no permitió que David se uniera a estos enemigos de Jehová. Gilboa era la ubicación del campamento del ejército Israelita, lo que significa que a Israel le fue tan mal en batalla que tuvieron que huir hacia su propio campamento. Trágicamente, los hijos de Saúl resultaron afectados por el juicio de Dios contra su padre. El valiente y digno Jonatán murió como lo podríamos esperar – luchando lealmente por su Dios, su país y su padre el rey hasta el final. Su muerte fue trágica y sin embargo parte importante del plan de Dios. Al llevarse a los herederos lógicos al trono de Saúl, Dios despejó el camino para que David se convirtiera en el próximo rey de Israel. El camino de David hacia la corona por este medio quedó más claro. De hecho, David tuvo que lidiar con Isboset, el único hijo sobreviviente de Saúl antes de tomar el indiscutido trono de Israel.
Saúl, golpeado por muchas flechas y gravemente herido, sabía que la batalla estaba completamente perdida. Le suplicó a su escudero que lo matara, y cuando no quiso, Saúl se quitó la vida. Tan triste como lo es todo lo demás en esta historia, triste es la ausencia de cualquier tipo de dolor o arrepentimiento o clamor a Dios por parte de Saúl. El día anterior le dijeron que iba a morir, pero no pareció preparar su alma para encontrarse con Dios de ninguna manera. Al final de su vida, Saúl se endureció tanto en pecado que no quiso arrepentirse. Muchas personas posponen ponerse a cuentas con Dios hasta el último momento, asumiendo que todavía querrán ponerse a cuentas con Dios en ese momento. Pero esa es una suposición peligrosa porque el arrepentimiento es un regalo de Dios y si está hoy aquí, debe ser recibido hoy.
En 2 de Samuel 1:4-10 un amalecita vino a David para reportarle que Saúl había muerto en batalla y que él mismo había dado el golpe de muerte a Saúl. ¿Contradice la afirmación del amalecita este pasaje, donde parece que Saúl se mató a sí mismo? Puede ser que Saúl cayera sobre su espada y quedara con vida, por lo que le pidió al amalecita que lo terminara. O puede ser que el amalecita simplemente mintiera y fuera el primero en haber encontrado el cadáver de Saúl y le haya dicho a David que él lo había matado porque pensaba que David se complacería y lo recompensaría.
La victoria de los filisteos fue tan completa que incluso los que estaban del otro lado del Jordán huyeron despavoridos ante los filisteos. Con el ejército filisteo ocupando territorio del otro lado del Jordán, habían cortado el territorio de Israel a la mitad, trazando una línea de oeste a este. El resto de la nación estaba listo para la conquista total de los filisteos. Ésta fue una gran derrota. Cuando el líder (el rey Saúl) cayó, sembró el pánico entre el pueblo de Dios. El pecado de Saúl, su rebelión endurecida y su eventual ruina afectaron mucho más que a él mismo e incluso que a su familia inmediata. Literalmente puso en peligro a toda la nación de Israel. Esto muestra por qué los líderes tienen una mayor responsabilidad, porque su caída puede poner en peligro a muchas más personas que la caída de alguien que no es líder.
La trágica muerte de Saúl dio oportunidad a los enemigos de Jehová para deshonrar Su nombre. La muerte de Saúl se usó para glorificar a los dioses paganos y para burlarse del Dios viviente. Este fue el máximo insulto para Saúl. En esa cultura, que tu cadáver se colgara en un muro se trataba de un destino peor que la muerte misma. Usted puede ir a las ruinas de Bet-sán en la actualidad, ya que los cimientos de la ciudad se encuentran en lo alto de una colina que domina las ruinas romanas destruidas por un terremoto. Fue en lo alto de esa colina donde los filisteos colgaron el cadáver decapitado del rey Saúl como la máxima humillación. En un tiempo de desgracia, pérdida y tragedia como este, Dios todavía tenía hombres valientes para hacer Su obra. Los hombres de Jabes de Galaad sacaron los cuerpos de Saúl y sus hijos del lugar de humillación y les dieron un entierro apropiado.
¡Gloria a Dios, Él siempre tiene sus hombres valientes! Cuando un siervo sale de la escena, otro se levanta para tomar su lugar. Si Saúl ya no está, Dios levanta a David. Si el ejército de Israel está totalmente perdido, Dios aún tiene sus hombres valientes. La obra de Dios es más grande que cualquier hombre o grupo de personas. Estos hombres valientes también son reconocidos por su gratitud. Muchos años atrás Saúl liberó su ciudad de los amonitas y ellos regresaron la bondad que Dios les mostró de la mano de Saúl. Al tomar el trono, David les agradeció a estos hombres valientes por su bondad hacia la memoria de Saúl, Jonatán y los otros hijos de Saúl. Tener este tipo de corazón demostró que David realmente era un hombre “conforme al corazón de Dios”. Demostró que los años en el desierto escapando de Saúl realmente fueron años en los que Dios lo entrenó para ser un rey conforme al corazón de Dios. A pesar de su pecado, David nunca siguió los mismos pasos trágicos que el rey Saúl.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
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