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Cuando encontraron a los amalecitas en medio de la celebración de victoria, David los sorprendió. Ellos pensaban que todos los ejércitos filisteos e israelitas estaban muy al norte, preparándose para pelear entre sí. La palabra hebrea nesep, traducida como alba o amanecer, tiene este sentido. Habiendo tomado nota de la situación, David y sus hombres tomaron un descanso y atacaron al amanecer, cuando los amalecitas estarían sufriendo los soporíferos efectos del banquete y serían menos capaces de defenderse.
Todo lo que el enemigo le había arrebatado, David lo recuperó. Dios le dio una victoria completa, porque David se fortaleció en Jehová su Dios. David hizo lo que Dios le dijo que hiciera y mostró interés y bondad inesperados para con otros. La promesa de Dios probó ser verdadera. La promesa se cumplió a la perfección, pero no fue como que David se sentó pasivamente y dijo, Está bien Dios, ya puedes hacerlo. Jehová usó las acciones de David para cumplirla.
Dios le dio a David incluso más de lo que prometió. Él recibió el botín de la batalla, mucho más de lo que fue tomado de Siclag. Esta fue una bendición directa de la gracia de Dios. Algunos se preguntan por qué a David se le permitió quedarse con el botín de los amalecitas cuando a Saúl se le ordenó expresamente que no se quedara con botín de esa nación y fue juzgado por Dios por no obedecer esa orden. Las respuestas son simples: Primero, David no tenía ninguna orden específica de Dios de destruir todo el botín de los amalecitas, a diferencia de Saúl. Segundo, David recuperó lo que los amalecitas tomaron de otros, aunque recuperó mucho más de lo que fue tomado de su ciudad. Tercero, David no estaba actuando como rey de Israel representando a la nación de Jehová, a diferencia de Saúl. En pocas palabras, en este caso las reglas fueron diferentes para David.
Cuando David estaba persiguiendo apresuradamente a los amalecitas, 200 hombres de entre su compañía no pudieron continuar. Hicieron un campamento donde estaban y aligeraron la carga de provisiones de los soldados que continuaron. Ahora David regresaba con los doscientos hombres que se quedaron en el campamento con las provisiones. Cuando David regresó, estos hombres del campo de provisiones vieron sus propias posesiones entre el botín de la batalla y las querían de regreso. Pero aparentemente había algunos entre los hombres de David que protestaron y dijeron que sólo podían tomar cada uno su mujer y sus hijos, pero ninguna de sus posesiones.
David declaró un principio importante: Las líneas de provisiones son tan importantes como los soldados y Dios recompensará apropiadamente tanto a los “soldados” como a los “que apoyan”. Muchas personas sirven al Señor de manera invisible, detrás de escena, a menudo apoyando un aspecto mucho menos visible de la obra del Señor. Dios apoyará al siervo que trabaja en lo oculto con la misma recompensa que al siervo prominente. David vio el botín y dijo, “Vean lo que nos ha dado Jehová”. Cuando lo vemos de esa forma, ¿cómo podríamos no compartir? Cuando Jehová le daba a David una gran victoria, él la veía como victoria de Jehová más que como suya. Esto se convirtió en un principio permanente en Israel. Este principio debería ser declarado y creído entre el pueblo de Dios en la actualidad.
David sabía que el tiempo que estuvo entre los filisteos tensó sus relaciones con el pueblo de Israel. Ahora sabía que debía hacer lo que pudiera para solucionar las cosas, así que envió del botín a los ancianos de Judá. Este es el último paso que David tomó para solucionar las cosas después de su tiempo de descarrilamiento entre los filisteos. David se fortaleció en Jehová su Dios, consultó a Jehová, creyó la promesa e hizo lo que Dios le dijo. David mostró inesperado interés y bondad hacia otros, vio la victoria como de Jehová, compartió la recompensa con otros y hizo lo que podía para reparar sus relaciones.
David envió botín de la batalla a más de 13 ciudades. Evidentemente, había botín de sobra de la batalla. En esto, David es una imagen de su grandioso hijo, Jesucristo. Cuando Jesús triunfó en la cruz, ganó la mas grande de las batallas y tuvo “botín de sobra”. Él compartió el botín con su pueblo, como dice en: Efesios 4: 7,8 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. ¡Jesús tiene botín de su victoria para darle a usted!
David es una imagen notable de Jesús en este capítulo. Note estos cinco puntos de asociación: Nosotros somos como los hombres de David, David es como Jesús. Nosotros somos como los cansados dejados atrás, David es como Jesús. Nosotros somos como el esclavo egipcio, David es como Jesús. Nosotros somos como el botín que David recuperó, David es como Jesús. Nosotros somos como los ancianos de Judá, David es como Jesús.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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