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La triste historia de 1 de Samuel 27 comienza con algo que dijo David en su corazón. Tal vez nunca lo haya dicho en voz alta; tal vez nunca se lo haya contado a alguien más; tal vez ni siquiera se lo haya dicho a Dios. Pero David lo dijo en su corazón. Lo que decimos en nuestro corazón tiene un poder tremendo para moldear nuestro pensamiento, nuestras acciones, incluso todo nuestro destino.

Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl: Esto es lo que dijo David en su corazón. Estas eran palabras de desánimo provenientes de un corazón cansado de confiar en Dios por Su continua liberación. En su desánimo, David se olvidó de cómo Dios lo había salvado en el pasado. David decidió dejar Israel y vivir entre los filisteos adoradores de ídolos. David estaba tan desanimado que pensó que no había nada mejor para él en Israel y entre el pueblo de Dios. Antes David confiaba en Jehová para que lo protegiera de la mano de Saúl. Ahora, David dejó confiar en Jehová y en vez de eso dejó la tierra de la promesa, dejó al pueblo de Dios y encontró “protección” entre los filisteos.

Saúl no se desesperará si David deja la tierra prometida. Saúl no se desesperará si David abandona al pueblo de Dios y se une a los impíos. Es David quien está desesperado, no Saúl. Saúl nunca hubiera podido hacer que David huyera con los filisteos. Si Saúl le hubiera dicho a David, “Debes dejar al pueblo de Dios e irte a vivir entre los filisteos”, David no hubiera accedido. Pero el desánimo y la desesperación son enemigos más poderosos que Saúl. El desánimo y la desesperación llevarán a David a hacer algo que Saúl nunca podría obligarlo a hacer. El desanimado y desesperanzado corazón de David no sólo le afectó a él; dirigió también a seiscientos hombres fuera de la tierra de la promesa para vivir entre los impíos. Antes de que David se hundiera en su pozo de desánimo y desesperación, nunca hubiera soñado con hacer esto.

La deserción de David afectó incluso a más de seiscientos hombres, afectó a todas sus familias. También afectó directamente a la familia de David porque Ahinoam y Abigail estaban con él. David se acercó brevemente a Aquis de los filisteos, creyendo que podría haber un lugar de refugio para él. Dios permitió que esa experiencia se volviera rápidamente amarga y David fingió estar loco para poder escapar. En su desánimo y desesperación, David recorrerá un camino de pecado en el que ha estado antes. Aquis recibió a David esta vez, a pesar de que no lo hizo la vez anterior; por dos razones. Primero, es claro ahora, cuando antes no era claro, que David y Aquis comparten el mismo enemigo, Saúl. En segundo lugar, David ahora trae consigo a 600 combatientes, a quienes Aquis puede utilizar como mercenarios. David logra su meta inmediata porque Saúl dejó de perseguirlo. Pero ahora David está en una posición comprometedora que lo dejará peor que antes. Ahora se está sometiendo a un amo filisteo. No tenemos registro de ningún Salmo que David haya escrito durante este periodo. Éste no fue un punto alto de su vida espiritual. No escribió Salmos dulces a Jehová. El dulce cantor se quedó mudo.

Antes, David nunca se interesó por encontrar favor a los ojos de un gobernante filisteo. Este es un gran cambio en David. Duele escuchar a David decirle a un gobernante filisteo, “tu siervo”. David quería su propia ciudad porque necesitaba libertad para operar su propia política independiente sin ser observado muy de cerca. En la mente de David, ésta no es sólo una visita a los filisteos. Tal vez se diga a sí mismo que algún día regresará a Israel, pero no está planeando una estancia corta entre los impíos. Quiere habitar allí y lo hizo por un año y cuatro meses. Ahora David, sus 600 hombres y sus familias vivían en una situación completamente nueva. Vivían en una ciudad fortificada, un lugar formal de defensa. Pero estando lejos de Dios, no están más seguros en la ciudad.

La palabra hebrea incursiones viene del verbo despojar, con la idea de despojar a los muertos de su botín. David atacaba estos pueblos o campamentos, mataba a algunos de los hombres, los despojaba de tesoros o armaduras y robaba a las personas del pueblo o del campamento. Ésta no era la forma de vida de un hombre conforme al corazón de Dios.  Contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas: David no ha abandonado a Dios por completo. Por ahora, sólo ataca a los enemigos de Israel. Esto probablemente le haya dado a David un poco de consuelo, pero es un consuelo muy bajo saber que no eres tan malo como podrías llegar a ser. Aunque atacaba a los enemigos de Israel, David no era más que un ladrón armado y asesino. Él tomaba el botín y lo hacía sin la aprobación o la guía de Dios. Ahora peleaba batallas por dinero en vez de hacerlo por el honor de Dios.

David no le mentía a Aquis porque se sintiera avergonzado de lo que hacía. Mentía para ganar el favor de Aquis. Él sabía que el líder filisteo se sentiría complacido de escuchar que David atacaba a su propio pueblo de Israel.  Ni hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a Gat: En sus incursiones, David mataba a todos los hombres y mujeres para que su mentira a Aquis no fuera expuesta. Más adelante en su vida, David tendría una época mucha más notoria de pecado con Betsabé y terminaría matando a su esposo Urías para cubrir su pecado. Aunque ese evento posterior sería mucho más famoso, la raíz de pecado que lo dio a luz empezó tiempo atrás en 1 de Samuel 27. Aquí, muchos años antes de que David matara a Urías para cubrir su pecado, David mató a estos hombres y mujeres en sus ataques para cubrir su pecado. Las raíces del pecado deben ser tratadas o regresarán con mucha más fuerza. Aquis pensaba que estaba en una buena posición. David estaba atrapado en la telaraña y Aquis era la araña. Aquis creía que David había quemado todos sus nexos con el pueblo de Dios. Todo parecía estar muy oscuro; pero David no había – y no podría – quemar su nexo con Dios.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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