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La gente de Keila, trajeron una súplica de ayuda a David y no al rey Saúl porque Saúl no estaba cumpliendo su rol como rey de Israel. Era el trabajo de Saúl pelear contra los filisteos, pero Saúl no lo estaba haciendo, así que Jehová llamó a David a hacerlo. Dios amaba demasiado a su pueblo como para dejarlos sufrir por culpa de un rey infiel. Si Saúl no estaba a la altura de la tarea, Dios levantaría a un hombre que lo estuviera y David era ese hombre. Dios guio a David a actuar como un rey incluso cuando aún no lo era. David fue sabio porque consultó a Jehová. Por toda la apariencia externa, esto era una locura. Primero, David tenía 400 hombres con currículos cortos y mal historial crediticio; no era precisamente un ejército regular. Segundo, David tenía suficientes problemas con Saúl y no necesitaba agregar problemas con los filisteos; un enemigo es suficiente. Tercero, esto llevaría a David a exponerse abiertamente delante del rey Saúl. Este era un curso de acción peligroso.

David hizo esto por dos razones: Tenía la orden de Dios y la necesidad del pueblo. David estaba dispuesto a arriesgarse para obedecer la orden de Dios y satisfacer la necesidad del pueblo. Los hombres de David le aconsejaron no ir a Keila. Podemos entender este consejo; pero no deberíamos estar de acuerdo con él. Fue bueno que David hubiera sido hecho jefe de ellos y que esto no hubiera sido una democracia. Sabiamente, David tomó muy en cuenta las palabras de sus hombres. Consideró sus consejos y vio que en muchos sentidos tenía mucho sentido. Al mismo tiempo, sabía que éste era un asunto que debía ser decidido delante de Jehová. A Dios le gusta confirmar su palabra, especialmente cuando nos dirige a hacer algo difícil o inusual. Esta vez, Jehová no sólo le confirmó su orden anterior, sino que le dio una promesa con esa confirmación.

David hizo lo que Dios le pidió. No es suficiente buscar o saber la voluntad de Dios. Debemos estar comprometidos a obedecer la voluntad de Dios, incluso cuando es difícil. Dios bendijo la obediencia de David. Dios cumplió a la perfección la promesa que le hizo a David (1 de Samuel 23:4-5). Por su parte, Saúl pensaba que Dios lo había bendecido y le había dado victoria sobre David. Era verdad que Dios había guiado a David a Keila y era verdad que esto exponía a David al ataque de Saúl. Pero no era verdad que Jehová lo había entregado en mi mano, como decía Saúl.

Esta no era una batalla contra los filisteos, ni contra los edomitas, ni contra los amalecitas, ni contra los moabitas. Era contra David. Saúl cometió el típico error de asumir que alguien es enemigo de Jehová sólo porque es nuestro enemigo. Saúl no fue capaz de ir a Keila a salvar al pueblo de los filisteos, pero sí para tratar de salvarse a sí mismo contra David. Saúl estaba totalmente motivado por intereses personales.

David estaba en una mala ubicación, y estaba en una mala ubicación porque Jehová lo guió hasta allí. Algunos podrían enojarse con Jehová, pero David hizo lo correcto – volvió a consultar a Jehová. Aquí hay una segunda consulta. Dios ama ser buscado con frecuencia por su pueblo que ora, y por lo tanto les contesta por partes, para seguir escuchándolos con frecuencia. David buscó a Dios a través del sacerdote usando el Urim y Tumim. Noten cómo las preguntas se presentan en un formato de “Sí” o “No”, porque así es como el Urim y Tumim eran utilizados. Esta era palabra verdadera de Jehová. Obviamente, la palabra del Jehová sería verdadera para David dependiendo de las acciones de David. Si David se hubiera quedado en Keila, la palabra seguramente se habría cumplido.

David pudo haberse quedado y pelear, y había una parte de él que probablemente lo deseaba. Pero David sabía que no venía de Jehová y que mucha gente inocente podía resultar herida en la batalla. Así que David, que era un gran guerrero, se humilló y escapó. David no era el tipo de hombre que huye de la batalla, pero no dejaba que su orgullo le afectara en este asunto. El corazón humilde de David salvó a la ciudad de Keila. En esto muestra el mismo corazón que el gran Hijo de David, Jesús, quien a través de su humilde acción nos salvó no sólo de Satanás, sino del justo juicio de Dios.

Zif era una ciudad debajo del extremo sur del Mar Muerto, con un paisaje dramáticamente variado. No era un lugar cómodo ni fácil para estar. Dios guio y protegió a David, pero no fue cómodo ni fácil. Este fue un momento esencial para la obra de Dios en la vida de David. Se convirtió en un hombre conforme al corazón de Dios en el campo del pastor, pero se convirtió en un rey en el desierto. Saúl era un enemigo decidido, imparable en su búsqueda por David. Saúl estaba tan obsesionado con asesinar a David que no le prestaba atención al trabajo que Dios le había llamado a hacer. Saúl podía estar tan decidido como quisiera, pero él no tiene poder sobre las circunstancias – Dios lo tiene. El hombre puede intentar, pretender, y obrar todo tipo de mal, pero Dios aún está a cargo.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse

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