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David había pasado por mucho; había pasado por fama inmediata, un matrimonio reciente, los peligros de los filisteos, repetidos atentados contra su vida y una desgarradora despedida de la vida cotidiana para vivir como un fugitivo por quién sabe cuánto tiempo. Luego David tuvo un breve pero intenso periodo de recaída, un regreso dramático a Jehová y liberación de una situación de peligro de muerte. Adulam fue el lugar de refugio de David. No podía ir a su casa, no podía ir al palacio, no podía ir con Samuel, no podía ir con Jonatán, no podía ir a la casa de Jehová y no podía ir con los impíos. Pero pudo ir a una humilde cueva y encontrar refugio. El nombre Adulam significa refugio, pero la cueva no debía ser el refugio de David. Dios quería ser el refugio de David en este tiempo desalentador. La mayoría de los arqueólogos creen que la cueva de Adulam no estaba muy lejos del lugar donde David derrotó a Goliat, en las colinas de Judá. David no podía evitar pensar en lo lejos que había llegado de una gran victoria a huir como un criminal, escondido en una cueva.
La familia de David vino a él. Este es un regalo precioso de Dios porque anteriormente todo lo que David tenía eran problemas y persecución por parte de su padre y sus hermanos. Ahora ellos se le unen en la cueva de Adulam. Dios llamó a un grupo único e improbable a que se uniera a David en la cueva de Adulam. Estos no eran los hombres que David hubiera escogido, pero fueron los que Dios llamó para él. Estos hombres estaban afligidos. Sus propias vidas no eran sencillas, ni juntas ni en lo individual. Cada uno tenía sus propios problemas, sin embargo, Dios los llamó a que se unieran a David en la cueva de Adulam. Estos hombres conocían la amargura de la vida, y no estaban satisfechos con sus vidas ni con el rey Saúl. Ellos querían algo diferente, algo mejor, y Dios los llamó a que se unieran a David en la cueva de Adulam. Cuando David llegó al trono, hubo muchas personas que quisieron estar a su alrededor. La gloria de estos 400 es que ellos vinieron a David en la cueva. Esta no era una muchedumbre. Este era un equipo que necesitaba un líder y David fue hecho jefe de ellos. Dios no obra a través de muchedumbres. Él obra través de hombres y mujeres llamados, pero también llama a otros a apoyar y a estar con esos hombres y mujeres.
Cada principio es importante. El principio de que Dios dirige a través de un hombre llamado y ungido es importante. Cuando se tuvo que construir un arca, Dios no llamó a 400 hombres. Cuando Israel necesitaba ser liberado de Egipto, Dios no llamó a un comité. Una y otra vez en las Escrituras, la obra de Dios es guiada por un hombre llamado y ungido.
David llevó a sus padres a Moab porque su bisabuela Rut era moabita. Él quería que sus padres estuvieran a salvo de cualquier batalla que él pudiera enfrentar en el futuro. David no conoce toda la historia. Él sabía que fue llamado y ungido para ser el próximo rey de Israel, pero no tenía idea de cómo Dios lo llevaría allí. David tenía que confiar y obedecer aun cuando no sabía lo que Dios hará de él. David también gozaba del apoyo y la ayuda de los profetas. El trato de Saúl con los profetas (como Samuel) casi siempre era negativo porque Saúl se resistía a la palabra de Dios. David, en cambio, sí recibía la palabra de Dios. Gad le aconsejó a David que dejara su propio lugar fuerte y regresara al lugar fuerte del mismo Saúl. Esto probablemente no era lo que David quería escuchar, pero obedeció de todas formas. David tenía que aprender a confiar en Dios en medio del peligro, no del otro lado del peligro. Cuando era solo David escondiéndose de Saúl, podía permanecer escondido por mucho tiempo. Pero no puedes esconder a 400 hombres. Cuando David regresó a Judá, la red de informantes de Saúl los descubrió rápidamente.
Saúl apeló a lo peor de estos hombres, preguntándoles si un hombre de Judá favorecería a la tribu de Benjamín con riquezas y promociones. Además, note cómo Saúl se refiere a David como: “el hijo de Isaí”. No dijo, “el hombre que mató a Goliat” o “el hombre que mató a 200 Filisteos” o “el hombre ungido por Dios”. Saúl sabía que David venía de una familia de simples granjeros, así que lo llamó por el nombre más humilde que se le pudo ocurrir – el hijo de Isaí. En su mundo carnal y egocéntrico, todo giraba alrededor de Saúl. Se volvió paranoico y quejumbroso, y dirigía a través de la culpa y la acusación. Jonatán nunca hizo tal cosa como levantarse contra él, pero Saúl no podía aceptar la verdad de que David y Jonatán tenían razón y él estaba equivocado. De modo que Saúl inventó elaboradas conspiraciones contra él.
Doeg el edomita fue visto por última vez en Nob, en el tabernáculo al mismo tiempo que David estuvo ahí. Doeg implicó al sacerdote Ahimelec como cómplice de David. “Mira toda la ayuda que Ahimelec le dio a David. Seguramente están trabajando juntos contra ti, y Ahimelec probablemente sepa exactamente dónde está David y adónde se dirige”. Él era más que un hombre ambicioso buscando promoverse. También sabía cómo desviar la ira y las sospechas de Saúl de su propio personal y enfocarlo a los sacerdotes.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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