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Este espíritu malo fue mencionado por primera vez en 1 de Samuel 16:14. Vino sobre Saúl, permitido por Jehová, cuando Su espíritu se apartó de Saúl. David fue traído a la corte de Saúl para tocar música, para que Saúl fuera ministrado en ella y se tranquilizara cuando sufriera a causa del espíritu malo. La gramática hebrea aquí puede usarse tanto para desvaríos ociosos como para profecía de Jehová. Saúl simplemente balbuceaba como un hombre que no estaba en sus cabales. Las mismas manos que habían matado a Goliat y llevaron el trofeo de su cabeza degollada, ahora tocaban dulcemente música para Jehová y ministraban a un rey atribulado. La mayoría de los hombres, después de la fama que le llegó a David, considerarían este tipo de servicio como inferior a ellos. David era general en el ejército, famoso en todo Israel, y tenía mujeres que danzaban y le cantaban alabanzas. Sin embargo, realizaba fielmente este trabajo de ministrar personalmente a Saúl en la música.

Mientras Saúl sostenía la lanza, el espíritu malo se movió sobre él y en vez de ser ministrado por la música de David, el espíritu malo impulsó a Saúl a atacar a David. Debemos decir que el espíritu malo no “forzó” a Saúl a hacer esto. Pero el espíritu lo impulsó. Saúl pudo decidir, “¿Haré esto o no?” y él eligió arrojar la lanza. Esto no fue un accidente. Tal vez Saúl haya querido que pareciera un accidente. Aunque no lo admitiría, su corazón se había decidido a matar a David. No quería solamente asustarlo ni herirlo. Él quería que la lanza asestara un golpe mortal, que atravesara totalmente el cuerpo. Tal vez la puntería de Saúl no era buena, afectada por su pobre estado mental y emocional. Tal vez David vio la lanza y se agachó. Tal vez Dios simplemente desvió sobrenaturalmente la lanza. De cualquier forma, sucedió, la lanza falló y cayó al suelo. Y David lo evadió dos veces. David estaba decidido a dejar la situación en las manos de Dios, y no tomar el trono él mismo. Dios tendría que encargarse de Saúl, porque David no lo haría. Quizás, las palabras más notables de este capítulo son: dos veces. Esto significa que Saúl arrojó la lanza dos veces. Esto significa que Saúl falló dos veces. Esto significa que después de haber fallado la primera vez, David regresó y tocó otra vez.

Aquí es donde muchos pintan su línea. Miren, me sentaré con la diana en el pecho una vez y esquivaré la lanza. Incluso dejaré la lanza en el suelo y resistiré la tentación de arrojarla de vuelta. Pero una lanza rosando mi cabeza es suficiente. Una fallada y he cumplido mi cuota. Una vez, es sumisión a Jehová. Dos veces, es estupidez.
Al juzgar por la apariencia externa, Saúl está en control. Saúl tiene el trono. Saúl tiene el ejército. Saúl tiene las lanzas. Sin embargo, Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él. Como Dios se había apartado de él, esto hizo que Saúl se sintiera incómodo con David, e hizo difícil tener a David cerca de él. El deseo de Saúl no era bendecir a David, sino acomodar las cosas para que recibiera daño. Los celos de Saúl lo habían vuelto manipulador, trabajando un plan secreto y oscuro contra David.

No es sencillo conducirse prudentemente cuando se arrojan lanzas contra uno. No es sencillo comportarse prudentemente cuando se es expulsado del palacio. No es sencillo conducirse prudentemente cuando uno tiene enemigos poderosos y decididos. Incluso en medio de todas esas terribles circunstancias, usted puede conducirse prudentemente en todos sus caminos cuando Jehová está con usted. David se volvió incluso más popular porque Dios estaba con él. David fue tentado a usar esta popularidad como una lanza contra Saúl, pero se negó.

David salía y entraba: Esta es una figura retórica hebrea que significa: David llevó a cabo operaciones militares con éxito. La mano del éxito de Dios estaba con David a pesar de que Saúl estaba en su contra. Saúl podía atacar y herir a David de muchas formas, pero Dios no permitiría que Saúl obtuviera la victoria. David nunca fue una víctima. Parecía una víctima, porque fue atacado. Pero David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, así que no se entregó al estado mental de una víctima, pensando que su destino estaba en manos de su atacante. David sabía que su destino estaba en manos de Dios, y podía tener paz en ello.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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