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Evidentemente, debido al tamaño del filisteo y a su experiencia, no era una pelea “justa”. Agréguenle a eso que eran dos contra uno porque Goliat tenía a un escudero con él. La idea detrás de miró y vio es casi que Goliat tuvo que ver a su alrededor para encontrar a David. David era tan pequeño comparado con este hombre, que Goliat tuvo dificultades incluso para verlo. Pero cuando lo vio, le tuvo en poco. No había nada – nada – en David que infundiera miedo o respeto en el corazón de Goliat. Goliat se sintió ofendido de que hayan enviado a David. Cuando Goliat preguntó, “¿Soy yo perro?” Fue peor de lo que sonó. La palabra hebrea para perro (kaleb) es usada en pasajes como Deuteronomio 23:18 para hombres homosexuales prostitutos. Goliat sintió que enviar a David fue un insulto a su hombría. Esta no era una pelea justa. No son Goliat y su escudero contra David. Son Goliat y su escudero contra David y Jehová Dios de Israel. La batalla ha terminado. Cualquiera con un poco de entendimiento espiritual podría terminar la historia desde aquí.

Cuando Goliat lo llamó David estaba más que feliz de cumplir con la petición de Goliat. Podemos imaginarnos la, profunda y grave voz de Goliat reverberando contra las altas colinas que rodean el valle de Ela. El sonido infundió miedo en el corazón de todos los soldados israelitas, ¡y probablemente incluso de algunos de los soldados filisteos! Entonces David respondió con su voz de adolescente; tal vez incluso con la voz quebrada. Los filisteos se rieron cuando escucharon a David prácticamente gritar con su voz quebrada y los israelitas se sintieron horrorizados y avergonzados.

David hace un contraste entre él y Goliat sin dar crédito al mismo Goliat. “Son muy buenas armas esas que tienes ahí, señor. Pero yo tengo algo mucho mejor que tus armas”. Yo vengo como representante de Jehová de los ejércitos, el Dios que tiene ejércitos celestiales a sus órdenes. Yo soy un hombre enviado, un hombre con una misión de Dios”. David es cada vez más osado. Una cosa es decirle al rey Saúl qué matará a Goliat. Y algo totalmente diferente es decirle a Goliat que matará a Goliat, y decir qué Jehová lo hará hoy. Agregar que yo te venceré, y te cortaré la cabeza es un buen y vívido detalle. David era osado, pero osado en Dios, no en sí mismo. Él sabía que la batalla le pertenecía a Jehová.

No era suficiente que toda la tierra supiera que hay Dios en Israel. ¡Israel necesitaba saber qué había Dios en Israel! Saúl y el resto de los soldados de Israel pensaban que Jehová sólo podía salvar con espada y con lanza. Realmente no creían que de Jehová es la batalla, pero David les dará pruebas. David sabía que ésta era una batalla “nuestra”, que él peleaba en nombre de todo Israel. Si ellos no confiaban en Jehová, David confiaría por ellos.

Solo imaginemos ¡Qué escena! Goliat, enfurecido ante la osadía de David, se levantó y echó a andar para asesinar rápidamente a David. David no huyó. No se escondió. No entró en pánico. No se tiró de rodillas a orar. En vez de eso, David se dio prisa, y corrió contra el filisteo. Muchos cristianos batallan justo en este punto. ¿Se supone que Dios debe hacerlo o se supone que yo debo hacerlo? La respuesta es, “¡Sí!” Dios lo hace y nosotros lo hacemos. Confíe en Dios, dependa de él, y póngase a trabajar y trabaje lo más duro que pueda – corra directo contra el enemigo. Así es como se realiza la obra de Dios.

David tenía la mano tranquila y la puntería cuidadosa de alguien que realmente confiaba en Dios. Usó la honda – una correa de cuero con una bolsa en el medio – para lanzar una piedra y matar a Goliat. Esta batalla se ganó con las ovejas. En esas horas de soledad a solas con los corderos, David habló con Dios y practicó mucho al tiro con su honda. Ahora Dios usa su comunión con Jehová y su habilidad con la honda. En el uso de la honda se requiere de mucha práctica para dar en el objetivo; se requiere mucha práctica para dar en el blanco; pero una vez que se adquiere esta destreza, la honda es casi tan fatal como el mosquete o el arco.

Todos los demás pensaron: “Goliat es tan grande que no puedo vencerlo”. David pensó: “Goliat es tan grande que no puedo fallar”. Un hombre con menos fe podría haber estado demasiado nervioso como para tener la puntería adecuada. Y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra: Así cómo el dios filisteo Dagón cayó sobre su rostro ante Jehová (1 de Samuel 5:2-5), ahora el adorador de Dagón cae sobre su rostro.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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