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Jonatán, con su osada confianza en Jehová, acababa de asestar un poderoso golpe contra los filisteos. Ahora era la tarea del ejército de Israel, bajo el rey Saúl, terminar con el trabajo atacando al ejército filisteo que huía. En este día de batalla contra los filisteos Saúl declaró una maldición: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. En la superficie, esto suena muy espiritual. Es como si dijera: “Apartemos este día como un día especial de ayuno para Jehová. Queremos que Dios haga una gran obra, así que hoy debemos ayunar. Reforzaré esto en todo el ejército con una maldición”.
Saúl puso al ejército de Israel bajo juramento para poder obtener venganza de sus enemigos. Si él consideraba ésta como su batalla, debió haberse puesto a ayunar él solo. Saúl mostró que incluso al hacer algo espiritual como ayunar, su enfoque está en sí mismo, no en Jehová.

El sentido de autoridad de Saúl estaba mal. Él no tenía la autoridad de anunciar semejante maldición y no era el líder espiritual de la nación. Si se iba a declarar un ayuno de ese tipo y se le iba a atribuir una maldición, Samuel era el que tenía la autoridad para hacerlo, no Saúl. En lugar de predicar con el ejemplo e invitar al ejército de Israel a seguirlo, puso al pueblo bajo juramento.

Los hombres de Israel fueron puestos en apuros y esto muestra que el resultado entre el ejército de Israel fue malo. No importa cuál era el motivo de Saúl, esto fue una tontería. Cuando la moral y la energía física de Israel deberían haber sido más fuertes, el ejército estaba débil y desanimado. No había nada de malo con el ayuno en sí, pero este no era el día adecuado. Era el día de Saúl para ayunar, no el día de Jehová para ayunar.

La miel en la superficie del campo: Esto era provisión de Dios. El ejército israelita seguía persiguiendo al ejército filisteo. Estaban todos cansados y hambrientos. Necesitaban energía para continuar con la búsqueda y terminar la batalla. Y Dios les proveyó de miel en la superficie del campo. Las operaciones de limpieza después de una derrota eran de suma importancia si se quería obtener el máximo beneficio de la victoria, pero la persecución del enemigo implicaba un viaje agotador e incesante por colinas empinadas durante horas y horas.

El grupo de soldados vio la miel que corría justo frente a sus ojos. Sin embargo, el tonto juramento de Saúl evitó que ellos recibieran lo que Dios había puesto frente a ellos. Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo entonces comió un poco de la miel e inmediatamente hizo bien al agotado soldado: fueron aclarados sus ojos. Él necesitaba la energía para pelear, y ahí estaba, provista por Dios. Quizás Jonatán no debería haber hablado de su padre. En cierto sentido, estaba socavando su autoridad ante las tropas. Si había algo que decir, habría sido mejor decírselo directamente a su padre. A pesar de todo eso, ¡Jonatán tenía toda la razón!  Ciertamente el rey Saúl había turbado el país con su orden seudo-espiritual de ayuno. Debido a su orden, el pueblo desfallecía en un día en el que tendrían que haber estado fuertes. Estaban débiles y distraídos y la victoria había perdido valor.

Dios específicamente ordenó a Israel que siempre debían drenar correctamente la sangre de un animal cuando lo preparaban para comer en Deuteronomio 12. En este día de batalla, debido a la insensata orden de Saúl, el pueblo estaba tan hambriento que desobedeció este mandato. Su obediencia a la insensata orden de Saúl los guio a desobedecer a la orden claramente ordenada de Dios. Este es siempre el resultado del legalismo. A menudo pensamos que las reglas legalistas mantendrán alejada a la gente del pecado. De hecho, es todo lo contrario. Las reglas legalistas nos llevan al pecado porque provocan nuestra rebelión o nos llevan al orgullo legalista.

Saúl culpó al pueblo por lo que en realidad había sido su culpa. Él nunca debió haber dado semejante orden insensata, y su orden provocó que el pueblo pecara. También puso una piedra para matar apropiadamente a los animales, y también edificó ahí altar a Jehová. Al menos Saúl hizo algo de lo que era correcto después de haber hecho lo incorrecto.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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