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Al principio, no había nada en este día que indicara que sería extraordinario. Pero en este día, Dios obtendría una gran victoria gracias a la audaz confianza de Jonatán. Cada “oficial” del ejército israelita tenía un “asistente” conocido como escudero. El escudero ayudaba al oficial en batalla y en la administración del ejército. Frecuentemente cargaban con la armadura y las armas del oficial. En la antigüedad los escuderos tenían que ser excepcionalmente leales y valientes, ya que la vida de sus amos con frecuencia dependía de ellos. Los israelitas estaban en un conflicto militar donde la victoria parecía imposible. Eran ampliamente superados en número y en tecnología militar. Sin embargo, Jonatán fue lo suficientemente audaz como para pasar a la guarnición de los filisteos sólo para ver lo que Jehová podría hacer. Tal vez Jonatán pensó en no hacerle saber a su padre, porque creía que su padre simplemente le habría dicho “no”. Era un gran contraste con Jonatán. El intrépido y valiente rey simplemente se hallaba, debajo de un granado mientras su hijo osadamente se dirigía a la guarnición de los filisteos. Saúl y el sacerdote con el efod estaban sentados mientras Jonatán confiaba en Dios.

La mención del nombre de Icabod casi parece innecesaria. ¿Por qué necesitaríamos saber que el sacerdote que estaba con Saúl era Ahías, el sobrino de Icabod? Probablemente, Dios quiere que relacionemos el significado del nombre de Icabod con el lugar donde se encuentra Saúl espiritualmente. Jonatán no fue a la guarnición de los filisteos por un deseo de gloria personal. Jonatán vio una posición estratégica – un camino estrecho a través de un paso con rocas grandes y afiladas en ambos lados. lado. Unos pocos hombres podrían luchar fácilmente contra un número mucho mayor en este lugar estratégico. Si Jonatán nunca hubiera dicho: ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado, nunca hubiera encontrado este lugar. Dios guio a Jonatán cuando él confió valerosamente en Dios y actuó en base a esa valerosa confianza. Jonatán quería ver lo que Dios podía hacer a través de dos hombres que confiaban en Él y daban un paso adelante con valentía. La fe de Jonatán fue demostrada por sus acciones.

Las probabilidades ya estaban contra Israel. Importaba si eran un millón a uno, o mil a uno. Ni los números ni las probabilidades limitaban a Dios, pero la incredulidad si podía. Las palabras de su escudero deben haber alegrado grandemente a Jonatán. Cuando nos levantamos en fe, el ánimo puede hacer toda la diferencia para bien y el desánimo puede hacer toda la diferencia para mal. Dios iba usar a Jonatán, pero no iba a usarlo solamente a él. Cuando Dios usa a un hombre casi siempre llama a otros a que lo rodeen para apoyarlo y ayudarlo. En su paso de fe, Jonatán quería saber si Dios realmente los estaba guiando, así que propuso una prueba basada en la respuesta de los guardias filisteos. Cuando Jonatán vio la señal de confirmación de Dios, no guardó su espada y empezó a orar para que Dios los derrotara a todos. Oró, se aseguró de que su espada estuviera afilada, y confió en que Dios lo usaría para derrotarlos a todos.

Parece que los filisteos estaban bajo una confusión divina y se despertaron esa mañana pensando “¡Somos atacados por enemigos en medio de nosotros!” Se apresuraron pensando que sus compatriotas filisteos eran el enemigo, y empezaron a pelear y a matarse unos a otros. Dios fue más que capaz de poner a los filisteos unos contra otros. Si los Israelitas no tenían espada, Jehová usaría las espadas de los filisteos contra ellos.

Jonatán usó su espada y su corazón, pero Dios hizo lo que Jonatán no podía; enviar un gran terremoto para aterrorizar a los filisteos. A menudo, esperamos que Dios haga lo que nosotros podemos hacer. Pero Dios a menudo hará milagros; lo que solamente Él puede hacer. Mientras los centinelas vigilaban el enorme ejército de los filisteos, el ejército comenzó a deshacerse frente a sus ojos. Saúl debió haber ido a pelear contra los filisteos en ese momento estratégico. En vez de eso, parecía más preocupado por saber quién estaba dirigiendo la batalla y quién tomaría el crédito por ella. El rey probablemente está tratando de parecer espiritual al pedir el arca, pero no había nada por lo que buscar a Dios.

Hay un tiempo para apartarse y orar, y hay un tiempo para tomar la espada y pelear. Saúl no sabía qué tiempo era este. Eventualmente, el ruido de la pelea entre Jonatán y los filisteos se volvió tan fuerte que Saúl supo que tenía que pelear también. Así que le dijo al sacerdote, detén tu mano. Esto significaba, “Deja de buscar una respuesta de Dios con el Urim y el Tumim”. Los cuales estaban en una bolsa en el pectoral del sacerdote. Saúl era el líder de Israel, pero le tomó un largo tiempo empezar a liderar. Ahora él sigue a Dios y a Jonatán a la batalla. Parece que muchos en Israel tenían el corazón inseguro de Saúl. Estos siervos hebreos de los filisteos probablemente odiaban a sus amos, pero tenían miedo de ser libres en Jehová. Sólo salieron cuando la victoria de Israel estaba asegurada. Dios realmente usó a Jonatán, pero no era la victoria de Jonatán. Era la victoria de Jehová. Dios solamente estaba esperando por alguien con la osada confianza de Jonatán.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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