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Ana pudo alabar genuinamente al Señor en fe, aunque la promesa todavía no se cumplía. ¡Qué ejemplo tan glorioso de fe! Usar el término acordó es un antropomorfismo, una manera de explicar las acciones de Dios en términos humanos que nosotros podamos entender, incluso si no describe perfectamente la acción de Dios. No es como si Dios alguna vez se hubiera olvidado de Ana, pero es correcto decir que se acordó de ella.
Esto no sucedió enseguida. Ana tenía suficientes razones para desanimarse, pero cuando se pronunció la promesa de Dios, ella no perdió fe en la promesa, incluso cuando tomó algún tiempo. Ella es un gran ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas como lo dice hebreos 6: 12.
En esa cultura, un niño no era destetado hasta los dos años de edad, o algunas veces hasta los tres. Es razonable asumir que Ana no tenía ninguna prisa por destetar a Samuel. Elcana. Dijo: “haz todo en obediencia a Dios para que podamos ver su palabra establecida entre nosotros”. Veamos ahora cómo Ana cuidó a su bebé hasta que llegó el momento apropiado para llevarlo a Jerusalén y dejarlo allí en cumplimiento del voto que había hecho a Dios cuando le pidió que le diera un hijo. Cuando llegó el tiempo de cumplir el voto, fue difícil para Ana y Elcana. Su disposición a cumplir el voto incluso a un gran costo personal es evidencia de piedad en Elcana y Ana.
El hecho de que 1 Samuel 1: 24 mencione tres toros traídos a Silo, pero que 1 Samuel 1: 25 mencione que solo uno fue sacrificado (con parte de la carne disponible para una comida de comunión) enfatiza que uno de los toros fue usado específicamente como holocausto para la purificación y consagración del pequeño Samuel.
Y yo también me preparé para presentarlo para Jehová. La idea no es que Ana “poseyera” al niño y lo “prestara” al Señor. En cambio, la idea es que el niño es su “oración” o el cumplimiento de su oración al Señor. El nombre Samuel significa “Nombre de Dios” pero Ana; como era común entre los hebreos, jugó con las palabras al decir que ella había “pedido al Señor por él.” Pedir en hebreo suena como Samuel. Cuando Ana llevó su ofrenda al Señor, cumplió el voto que había hecho a Dios. Ella dijo: “He prometido traer este niño al Señor y aquí está”. Puede ser que sus ojos se llenaron de lágrimas al despedirse de Samuel, pero su corazón rebosaba de gozo porque ese niño era una prueba irrefutable de que Dios había escuchado y respondido positivamente su petición, y ahora ella estaba allí cumpliendo la promesa que había hecho al Señor. La decisión de Ana de dedicar a Samuel completamente al servicio del Señor fue irrevocable.
Esta madre llamada Ana ha sido, pues, nuestro primer personaje de este libro, y nos ha dejado la imagen de una mujer creyente, que derramó su alma ante Dios en oración, suplicándole le concediese la petición más importante de su vida. Dios la escuchó. Y Dios respondió su oración. Esto nos enseña a presentar nuestras peticiones a Dios en oración. Hay peticiones que ningún poder humano nos podría conceder. Y pensamos en la importancia trascendental del alma, del alma que se siente alejada de Dios y necesita comunicarse con Él. Conscientes de esta lejanía, las personas viven incompletas, insatisfechas. Y necesitan ponerse en contacto con Su Creador, con su Salvador. En estas circunstancias, la oración puede transformarse en un clamor, como la oración de un salmo.
La Adoración es una característica repetida de esta familia. Incluso en situaciones difíciles, podían adorar al Señor. Alabar a Dios el día en que entregas a tu hijo pequeño puede que no sea fácil, pero es una alabanza que agrada a Dios, así como se nos dice que llevemos un sacrificio de alabanza a Dios.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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