El hombre que asesinó a Ela, el hijo de Baasa, no disfrutó un reinado bendecido. Su final llegó pronto. Esto muestra que la influencia democrática en Israel era más grande que lo que muchos piensan. El pueblo —especialmente parecería que el ejército— simplemente no quería que Zimri reinara como rey sobre ellos. Ellos, por lo tanto, rechazaron su autoridad y señalaron como rey sobre Israel a Omri, general del ejército.

Zimri es uno de los pocos suicidas en la Biblia, junto con Sansón, Saúl y Ahitofel. La Biblia nunca aprueba el suicidio. Es un pecado; es el pecado de asesinato propio. Sin embargo, estamos equivocados si lo tenemos como un pecado imperdonable, y cualquiera que comete suicidio ha cedido a las mentiras y decepciones de Satanás, cuyo propósito es matar y destruir. El suicidio es siempre el acto final de la cobardía. En el caso de Saúl, y en muchos otros casos, es perfectamente natural; pero que nunca sea glorificado como heroico. Es el último recurso del hombre que no se atreve a enfrentarse a la vida.

Zimri solamente reinó por siete días, pero en esos días anduvo en los caminos de Jeroboam. Dios permitió que muchos de los reyes inicuos de Israel reinaran por más tiempo que este, pero Él no tenía la obligación de que así fuera. Dios está en su derecho de traer justicia más temprano que tarde. Omri derrotó las fuerzas leales a Tibni, y Tibni murió —presuntamente a manos de Omri después de la derrota de sus fuerzas. El pueblo de Israel cayó en una guerra civil; pero ni siquiera esto ni ninguno de los otros terribles juicios de Dios lo llevó al arrepentimiento, lo cual es una evidencia de su prodigiosa impiedad e incorregibilidad, y de lo maduros que estaban para la ruina. La división del reino entre Tibni y Omri comenzó en el año veintisiete de Asa; esta división duró cinco años, durante los cuales Omri tuvo un reino compartido. Al morir Tibni, Omri llegó a poseer todo el reino, el cual tuvo por siete años; esto fue durante el año treinta y uno de Asa.

Samaria se convirtió en la ciudad capital del reino del norte de Israel. Omri construyó una capital que era políticamente neutral (al ser una nueva ciudad sin ninguna asociación tribal anterior) y tenía una fuerte posición defensiva (en la cima de un monte). Excavaciones en Samaria muestran que Omri fue el primer constructor en la colina de cien metros de alto. Este sitio era una buena elección, pues podía soportar varios asedios. Esto convierte a Omri en el sexto rey de Israel desde la división del reino unificado. Jeroboam fue el primer rey, y cada uno de los cinco reyes posteriores siguieron los malvados caminos de Jeroboam. Él parece haber formulado leyes, haciendo obligatorio en todo su reino el culto al becerro de Jeroboam u otras formas de idolatría, lo que permaneció en vigor hasta el final del reino, más de doscientos años después. En los registros de la historia secular, Omri es uno de los más exitosos y famosos reyes de la antigua Israel. La fama de Omri como monarca, mientras que el autor de los Reyes la minimizaba, fue ampliamente reconocida en otros lugares.

La piedra moabita, descubierta en 1868, habla de él como el conquistador de Moab. Las inscripciones asirias lo mencionan como un gran guerrero. Por años, los asirios hicieron mención de Israel como “la casa de Omri. Su nombre significa “amontonamiento”, pues con su iniquidad ayudó a amontonar ira contra su dinastía. Dios ejecutó su indignación treinta y seis años después sobre su bisnieto Joram, para la total extinción de esta casa culpable.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse