Al parecer, este era un profeta fiel a Jehová. Esto demuestra que no todas las personas piadosas dejaron Israel para ir a Judá; algunos aún quedaron atrás. Probablemente, una vez fue profeta del Señor, quien cayó de su firmeza; pero no tan profundo como para perder su conocimiento del verdadero Dios, y unirse con las idolatrías de Jeroboam. Este profeta de Bet-el invitó al varón de Dios sin nombre para que fuera a su casa, de la misma manera que Jeroboam lo invitó. El varón de Dios se rehusó, bajo la misma razón por la cual rechazó a Jeroboam: que Dios le había dicho, específicamente, que regresara a Judá sin aceptar hospitalidad, y que regresara por un camino diferente.

El profeta de Bet-el le dio una falsa palabra de Dios, intentando persuadir al varón de Dios de Judá para que cambiara su curso y no hiciera exactamente lo que Dios le había dicho. Ya que encontró al varón de Dios sentado bajo una encina, probablemente débil por la fatiga y el ayuno, pues no tenía refrigerio, su humanidad quizás lo condujo a practicar este engaño, para persuadirlo a que tomara un refrigerio. Pero su pecado fue grande, pues él no solamente mintió premeditadamente; sino que también hizo a Dios mentiroso, y se contradijo a sí mismo, y todo esto sin necesidad alguna, o beneficio para sí mismo. Quizás, esto era cierto, que un ángel le ha hablado, pero pudo haber sido un ángel de engaño. Satanás y sus mensajeros pueden aparecer como ángeles de luz. El varón de Dios de Judá escuchó la mentira del profeta de Bet-el. Él hizo esto por varias razones:

El profeta de Bet-el era, probablemente, mayor dice que era un viejo profeta y tenía el respeto del varón de Dios. El profeta de Bet-el se identificó con el varón de Dios. También dijo haber tenido una experiencia espectacular. El profeta de Bet-el afirmó haber hablado con Jehová y no parecía ser un idólatra que debía ser rechazado, no ofreció recompensa, simplemente comida. No importa lo natural y seductora que fue esta tentación, era el deber del varón de Dios resistirla. Él tenía una palabra de Dios para que guiara sus acciones, y no debió de recibir ninguna otra palabra excepto a través de una dramática y directa confirmación mediante el Espíritu de Dios. Su fracaso en este punto terminó con su utilidad como un varón de Dios.

Cuando hemos recibido una orden directa, acabada de salir de los labios de Cristo, debemos de actuar según eso, y no movernos a otro lado por una sugerencia diferente, hecha hacia nosotros a través de los labios de los que profesan ser cristianos. Dios jamás se contradice a sí mismo en sus tratos con sus siervos. Seamos fieles a sus mandamientos, rechacemos el ser desviados del camino de la obediencia, incluso por un ángel del cielo.

Este profeta de Bet-el dijo una mentira en el nombre de Jehová en 1 de Reyes 13:18. Pero, ahora, recibió una verdadera profecía mientras el varón de Dios de Judá comía en su mesa.  Dios prometió un gran juicio en contra del varón de Dios de Judá por su desobediencia. Esta era una difícil prueba, y él fracasó. Él debió de haber guardado el mandamiento que Jehová había prescrito, sin importar que tan sutil o inocente era la tentación. Dios juzgó al varón de Dios de Judá de una manera más estricta de lo que juzgó a Jeroboam o al profeta de Bet-el. Pareciera que ellos eran culpables de peores pecados (dirigir la idolatría nacional y mentir deliberadamente en la profecía), pero el varón de Dios recibió un peor juicio.

El que un cuerpo permaneciera sin ser enterrado era una maldición, por eso el énfasis sobre el detalle del lugar de entierro. Era una deshonra el ser enterrado lejos de la familia, entre los extraños. Este es un ejemplo de un principio importante sobre la manera en que Dios obra. Pensamos que un juicio estricto debería de comenzar con los más impíos; pero, a menudo, Dios comienza su estricto juicio entre su propio pueblo.

Usualmente, esto es porque Dios sabe que el mundo no será alcanzado cuando su pueblo se compromete y es desobediente. Al permitirse ser seducido por el viejo profeta, cuando debió de actuar solamente según el consejo de Dios expresamente declarado, cometió pecado de muerte ; esto es, un pecado que Dios castigará con la muerte del cuerpo, mientras extiende su misericordia a su alma.

La palabra —la segunda palabra— del profeta de Bet-el fue cumplida. Él no dijo que el varón de Dios perecería a manos de un león, sino que no sería enterrado en la tumba de sus padres. Los leones rondaban por Palestina hasta al menos el siglo XIII d.C. Este accidente no fue casual, sino algo único de Dios. El león no atacó al asno, ni atacó a los hombres que pasaban. Este león estaba en una misión especial de juicio de parte de Dios, y al parecer era más obediente que lo que fue el varón de Dios de Judá.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.