Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio: Esta afirmación de resumen es conclusiva. Algunos pueden decir, “si, los apóstoles tenían el derecho de que se les pague, pero ahora ninguno tiene ese derecho.” Pero este mandamiento del Señor dice que cualquiera que predica el evangelio tiene el derecho de ser sustentado por aquellos a quienes les predica. ¿Deberían los ministros modernos hacer valer o renunciar a su derecho de ser sustentados? ¡El que sea servirá mejor al evangelio y la iglesia! Pero si un ministro toma dinero como apoyo, debería trabajar duro para ganar ese dinero. Si un hombre que no trabaja toma su sustento de la iglesia de Dios, no solo es un robo doméstico, sino un sacrilegio. El que rinde su tiempo a esta labor tiene el derecho del sustento para sí mismo y su familia: aquel que toma más de lo suficiente para este propósito es un asalariado avaro. El que no hace nada por causa de Dios y la religión, y aun así obliga a la iglesia a sustentarlo, y ministrar a su pereza, irregularidades, lujos, avaricia y ambición, es un monstruo para quien el lenguaje humano todavía no tiene nombre.

¿Dónde ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio? En Mateo 10:10 (porque el obrero es digno de su alimento); y en Lucas 10:8 (En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante).

Pablo tenía el derecho de ser sustentado, pero él no usó ese derecho. Ni tampoco he escrito esto para que se haga así: Al escribir esto, Pablo no estaba “insinuando” el apoyo de los cristianos corintios. Él les está mostrando el valor, y las razones, para renunciar a los propios derechos. Porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria: La gloria de Pablo no era que el predicó el evangelio (él tenía que hacerlo: porque me es impuesta necesidad), sino que él podía hacerlo sin pedirle apoyo a sus escuchas. Recordemos que la cultura griega, la cual era muy aprobada por los corintios, menospreciaba los trabajos manuales. Aunque los cristianos de Corinto parecían pensar menos de Pablo porque él trabajaba con sus propias manos para sustentarse, Pablo no estaba avergonzado para nada de esto. ¡Él se gloriará acerca de ello!

El ministerio de Pablo no solo era un asunto de elección o ambición personal. Era algo a lo que había sido llamado a hacer, algo que tenía que hacer. Él no solo tuvo “fiebre de predicador.” Él fue llamado a predicar y se sentía motivado a cumplir ese llamado. Algunos no son apoyados por el ministerio, pero no tiene nada que ver con elección. Solo es por causas de sus circunstancias. Pero si alguien no recibe apoyo voluntariamente, entonces ellos tienen recompensa. Sin embargo, si es de mala voluntad que no soy apoyado, entonces la comisión me ha sido encomendada.

En los días de Pablo, había muchos emprendedores religiosos, quienes salían a predicar algún mensaje para conseguir dinero. Pablo estaba feliz de distanciarse él mismo de tales al nunca recibir una ofrenda, para que nadie piense que él podría abusar de su derecho en el evangelio. ¡Esta era la recompensa de Pablo! Puede que nosotros nunca nos enfrentemos con la misma decisión que Pablo enfrentó – aceptar o negar el apoyo por el bien del evangelio. Pero cada uno de nosotros tenemos una pregunta crítica que contestar: ¿Qué derechos estás dispuesto a sacrificar por causa de Jesús?

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.