Pablo era un apóstol de Jesucristo. Él tenía autoridad en la iglesia. Él tenía el derecho, y la autoridad, para ordenarles a los cristianos en Corinto en estos asuntos. En lugar de eso, con un corazón amoroso, les ruega – él pide con ellos – que sean unificados como creyentes. Después de preparar las mentes para el regaño, actuando como un buen cirujano experimentado, quien toca la herida con cuidado cuando un remedio doloroso debe ser usado, Pablo comienza a manejarlos más severamente. La petición de Pablo es que paren de rasgarse unos a otros, rompiendo el cuerpo de Cristo. Pablo les pide que esten juntos, unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Perfectamente unidos es una palabra médica usada para soldar huesos que se han fracturado, o unir articulaciones que se dislocaron. La desunión no es natural y debe curarse.

Cloé era una mujer creyente quien sus intereses de negocios causaron que sus representantes viajaran entre Éfeso y Corinto. Pablo está escribiendo esta carta desde Éfeso, donde esta gente de la casa de Cloé lo ha visitado y le ha dicho acerca de lo que acontece en la iglesia corintia. Ella sin lugar a duda era alguna matrona muy religiosa en Corinto, cuya familia fue convertida al Señor; algunos de los cuales fueron probablemente enviados al apóstol para informarle de la disensión que había prevalecido en la iglesia de ese lugar. La iglesia de Corinto sufrió bajo peleas y conflictos. Este conflicto hizo que se dividieran en “grupos” o “bandos,” cada uno con su propio “líder.” Estaba el “Grupo de Pablo,” quienes declaraban “Estamos siguiendo las pisadas del hombre que fundó la iglesia, el apóstol Pablo. ¡Somos los que realmente estamos bien con Dios!” Estaba el “Grupo de Apolos,” quienes declaraban “Estamos siguiendo las pisadas del hombre que es grande en poder y dones espirituales, y un hombre impresionante. ¡Somos los que realmente estamos bien con Dios! Y estaba el “Grupo de Pedro,” quienes declaraban “Estamos siguiendo las pisadas del hombre que es el primero de entre los apóstoles. Jesús le dio las llaves del reino de los cielos, y él es nuestro hombre. ¡Somos los que realmente estamos bien con Dios! Pero también estaba el “Grupo de Jesús,” quienes declaraban: Todos ustedes son muy carnales, siguiendo a puros hombres. Estamos siguiendo las pisadas de nadie más que Jesús mismo. ¡Somos los que realmente estamos bien con Dios!

El gloriarse de los corintios acerca de sus “líderes de grupo” era gloriarse de sí mismos. No era tanto que ellos pensaran que Apolos era grande, sino que ellos eran grandes por seguirlo. Aunque la división es mala, no es incorrecto hacer distinciones entre iglesias y ministerios. Dios ha hecho diferentes iglesias y diferentes ministerios con diferentes llamados y caracteres, porque el trabajo de predicar el Evangelio es muy grande para un solo grupo. Una cosa es preferir un ministerio de otro, pero no podemos dividirnos en bandos detrás de un ministerio o de otro.  Debemos honrar a aquellos quienes Dios honra más, ya sea por una entrega más plena de su espíritu, o por un mayor éxito en sus labores; pero no debemos apropiarnos de ningún ministerio, ni ellos depreciar a otros. No estamos obligados a hacer que cada ministro sea nuestro pastor, pero estamos obligados a tener un respeto para cada ministro, quien con su doctrina y vida santa responde a su profesión y llamado santo. Sabemos que, Jesús no pertenece ningún “grupo.” Estos bandos ignoran la verdad de la unidad sobre la diversidad en la iglesia, incluso si todos estuvieran en nombre de la espiritualidad.

Aparentemente, algunos cristianos de Corinto; probablemente aquellos del “Grupo de Pablo” hicieron algo grande del hecho de que ellos habían sido bautizados por Pablo. Porque se estaba haciendo un problema de division, Pablo, por lo tanto, estaba agradecido que él no había bautizado a tantos en Corinto (para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre). Por supuesto, Pablo bautizó unos cuantos en Corinto. Crispo mencionado en Hechos 8:8, y Gayo en Romanos 16:23.

Para Pablo, predicar era más importante que bautizar, aunque ciertamente él no se oponía al bautismo. Sin embargo, podemos ver en esto que el bautismo no es esencial para la salvación. Si así fuera – si la enseñanza de regeneración bautismal fuera cierta – entonces Pablo no podría dar gracias a Dios de que el bautizó unos pocos en Corinto, y él, como un evangelista, nunca podría decir, pues no me envió Cristo a bautizar. Ciertamente, Pablo recordaba a sus convertidos, pero el asunto del bautismo, aunque importante, no era tan importante para Pablo.

A la luz de: Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, es imposible afirmar que Pablo era un sacramentalista. Él claramente niega que él considera esencial el bautismo para la remisión de pecados o como el medio de obtener perdón. Mientras que no es bíblico convertir al bautismo en algo esencial para la salvación o un determinado medio de regeneración, es, sin embargo, un peligroso acto de desobediencia el menospreciarlo o descuidarlo. Este pasaje también pone en claro que el individuo que bautiza realmente no afecta la validez del bautismo. Aquellos bautizados por el gran apóstol Pablo no aventajaban a aquellos que fueron bautizados por un creyente desconocido.  ¿Cómo predicó Pablo en Corinto? No con sabiduría de palabras. Pablo vino hablando claramente, sin ningún intento de deslumbrar con elocuencia o intelecto. Él vino a Corinto desde Atenas, donde el contendió con grandes filósofos de la época en términos que pudieran entender como lo cuenta hechos 17. Algunos piensan que Pablo estaba decepcionado por los resultados en Atenas, decidió predicar diferente en Corinto.

Al mismo tiempo, no es irracional pensar que Pablo vino del ambiente intelectual de Atenas, a la maldad abierta de Corinto, con una pasión renovada para predicar el evangelio con claridad. Pablo pone en claro que es posible predicar el Evangelio de una forma que se haga vano. Si alguien predica la palabra apoyándose en sabiduría de palabras, ellos pueden predicar el Evangelio vano. ¡Cuánto nos deja pensar esto! El gran Evangelio de Jesucristo, el mismísimo poder de Dios para salvación – ¡se hizo vacío y vano a través del orgullo e inteligencia de hombres! Este peligro estaba constantemente en la mente del apóstol Pablo, y debería estar constantemente en la mente de cualquier predicador o maestro.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.