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El mayor peligro que enfrenta la raza humana es la ira de Dios. La idea es simple pero soberana: la ira de Dios es revelada desde el cielo en contra de la raza humana, y la raza humana merece la ira de Dios. No debemos olvidar que la ira de Dios es completamente justa en su carácter, el interpretar la ira de Dios como simplemente en su propósito de castigar el pecado o asegurar la conexión entre el pecado y la miseria, es igualar la ira con sus efectos y prácticamente eliminar la ira como un movimiento dentro de la mente de Dios. La ira es la santa repulsión del ser de Dios contra lo que es contradicción de su santidad.

En esta porción de la carta de Pablo la meta no es el proclamar las buenas nuevas, si no demostrar la necesidad absoluta de las buenas nuevas de salvación de la justa ira de Dios. La raza humana es culpable delante de Dios por las demostraciones de nuestra impiedad e injusticia. La impiedad se refiere a las ofensas del hombre contra Dios; la injusticia se refiere a los pecados del hombre contra el hombre. La humanidad de hecho detiene la verdad de Dios. Cada verdad revelada al hombre por Dios ha sido combatida, ignorada y ocultada deliberadamente.

Dios nos muestra algo de su eterno poder y deidad a través de la creación por medio de las cosas que Él hizo. Él ha dado una revelación general que es obvia tanto en la creación como en la mente y el corazón del hombre. El carácter universal de esta revelación y su claridad dejan al hombre sin excusa por rechazarla. Los hombres no pueden acusar a Dios de ocultarse de ellos y por tanto excusar su falta de religión y su inmoralidad. El problema no es que el hombre no conocía a Dios, sino que, si lo conocía, y aun así rehusó de glorificarle como a Dios. Por lo tanto, la humanidad no tiene una excusa. En lugar de glorificar a Dios, transformamos nuestra idea de Él en formas e imágenes más cómodas para nuestros corazones oscuros y corruptos. Al parecer no podemos resistir la tentación de crear a Dios a nuestra propia imagen corrupta, o incluso en una imagen bajo nosotros. Trágicamente, ineludiblemente nos convertimos en el Dios al que servimos.

Es absolutamente esencial que comparemos constantemente nuestra propia concepción de Dios con la realidad de quién es Dios tal como se revela en Su palabra. Nosotros también podemos ser culpables de adorar a un Dios hecho por nosotros. Cuando habla de imagen en Romanos 1:23 es la antigua palabra griega eikon. Es peligroso cambiar la gloria del Dios incorruptible en semejanza de eikon (imagen) de tu propia elección. La simple ingratitud del hombre contra Dios es alarmante. Un predicador piadoso, al ver que todo lo que había para cenar era una papa y poco arroz, agradeció a Dios por haber saqueado mar y tierra para encontrar comida para sus hijos. Este dulce espíritu inspira amor para todos y hace que el hombre recorra el mundo alegremente por Él. Nuestro rechazo de la revelación general de Dios no nos hace mejores o más inteligentes. En lugar de eso, hace que la humanidad se envanezca en sus razonamientos, y hace que su necio corazón se entenebrezca, y nos volvemos necios. El hecho es que una vez que el hombre rechaza la verdad de Dios en Jesús, él caerá por cualquier tontería, y confiará en sistemas más débiles e imaginativos que lo que él rechaza de Dios.

En Su justa ira y juicio, Dios entrega al hombre al pecado que sus corazones malvados desean, permitiéndonos experimentar el resultado autodestructivo del pecado. Esta frase es tan importante para Pablo que la repite tres veces en este pasaje. Erramos cuando pensamos que es la misericordia o bondad de Dios la cual permite al hombre continuar en pecado. En realidad, es Su ira lo que nos permite seguir destruyéndonos con el pecado. La mentira es esencialmente idolatría, la cual nos pone en el lugar de Dios; es la mentira de que seremos como Dios tal como fue en el Génesis.

Pablo escribió esta carta desde la ciudad de Corinto, donde se practicaba libremente cada tipo de inmoralidad sexual y rituales de prostitución. La terminología de Romanos 1:24 se refiere a esta combinación de inmoralidad sexual y adoración idolátrica. Esto da comienzo a un pasaje en donde Pablo describe el pecado y la corrupción del mundo pagano de una forma directa muy asombrosa – tan directa que Spurgeon pensó que este pasaje no era apto para el público en general. El dijo:

“El primer capítulo de la carta a los romanos es una porción terrible de la Palabra de Dios. Casi ni me gusta leerla en voz alta; no esta destinada a ser usada así. Léala en casa, y quede sorprendido de los vicios horribles del mundo gentil”. (Spurgeon)
Los pecados del hombre provocan la ira de Dios. Solo cuando renunciamos a la injusticia y la impiedad y conocemos en verdad a Dios; nuestro creador, podemos temerle de corazón. Cuidémonos de no perder la alabanza y no demos cabida a las cosas de este mundo en nuestra vida.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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