Nabucodonosor usó el método de ataque común de aquellos días para atacar ciudades protegidas con murallas – el asedio. Una ciudad sitiada era completamente rodeada, evitando todo negocio o cualquier entrada o salida de la ciudad, para eventualmente llevar a la población a la hambruna haciendo que se rindieran. Sucedió tal y como Dios lo dijo a través de su profeta Jeremías. Los egipcios no rescataron a Judá y El Señor no los liberó de manera milagrosa como lo había hecho con los asirios alrededor de 130 años antes. Los falsos profetas que habían prometido liberación y éxito estaban equivocados, y Jeremías demostró estar en lo correcto.

Los arietes tuvieron sus últimos ataques sobre las murallas. Dardos de los enemigos que asediaban fueron lanzados en el oscuro cielo de media noche y dieron a sus objetivos con llamas. El hambre ya había reclamado muchas vidas dentro de las murallas. Cinco príncipes babilonios marcharon a través de las calles de Jerusalén, sus rostros iluminados por el fuego de la destrucción. Sedequías, quien no se atrevió a dejar que Dios lo salvara, a su ciudad y a su familia, ahora abandona al pueblo que ha condenado. Probablemente había un pasaje secreto subterráneo, que llevaba fuera de las murallas, por el cual Sedequías y sus seguidores pueden haber escapado sin ser vistos, hasta que habían llegado a cierta distancia de la ciudad. Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó: Esta estaba a buena distancia de Jerusalén. Ellos no estaban lejos del rio Jordán y probablemente se sentían seguros cuando fueron capturados. Y aun así su casi éxito solo hizo su resultado aún más amargo. La muerte de los hijos de Sedequías, y de los nobles que no escucharon las advertencias de Jeremías, y las cadenas de Sedequías, eran todas medidas de precaución, así como de salvajismo. Disminuían el riesgo de una revuelta; y un prisionero ciego y sin hijos, sin consejeros y sin amigos no era ninguna amenaza.

Esto cumple la misteriosa promesa que Dios hizo a través de Ezequiel concerniente a Sedequías poco antes de la caída de Jerusalén: Mas yo extenderé mi red sobre él, y caerá preso en mi trampa, y haré llevarlo a Babilonia, a tierra de caldeos, pero no la verá, y allá morirá. (Ezequiel 12:13) Jerusalén fue quemada y destruida, tal y como Dios se lo prometió a Sedequías, el rey endurecido en su desobediencia. La caída de Jerusalén fue tan importante que las escrituras relatan la historia 3 veces. La ciudad de Jerusalén tiene una larga historia de derramamiento de sangre, pero posiblemente solamente la destrucción romana en el 70 pudo haber sido más terrible que ésta en el 587 AC. Las manos débiles pueden derribar grandes y venerables estructuras construidas en tiempos más felices. Se necesita de un David y un Salomón para construir el templo, pero solo un Sedequías para destruirlo. Todos menos los más pobres de la tierra fueron tomados como refugiados a la fuerza y exiliados a Babilonia. Jeremías debía de haberse preguntado qué sucedería con él cuando, eventualmente, los babilonios conquistaran Jerusalén. Dios se preocupaba por su fiel sirviente, manteniéndolo a salvo y con el favor de Nabucodonosor y de sus capitanes. Ahora, anciano, Jeremías fue liberado de la prisión, protegido por los babilonios, y ahora se le permitió vivir entre el pueblo una vez más. Esta era una demostración de la gracia de Dios, incluso en el contexto del juicio.

Ebed-melec etíope fue el hombre que había rescatado a Jeremías cuando el profeta estaba próximo a la muerte en la cisterna descrita en Jeremías 38. Dios le aseguró a Ebed-Melec que la catástrofe sobre Jerusalén era su voluntad y esta se llevaría a cabo. Requirió de mucho valor de parte de Ebed-Melec para oponerse a los príncipes de Judá y apelar a la decisión del rey, pero el riesgo y el coraje fueron recompensados. Esto demuestra que tú no tienes que ser un profeta famoso para recibir la gracia de Dios en medio del juicio. Esta también fue extendida a un hombre gentil excluido del templo quien temía a Dios. Y nos muestra que sus actos compasivos fueron motivados por su confianza en El Señor. Ebed-Melec pudo venir y encontrar refugio en el Dios de Israel a través de su confianza, a través de la fe. Un hombre, además de Jeremías, tenía puesta su confianza en el lugar correcto. Fue él uno de los pocos convertidos del despreciado profeta. La promesa de Dios finalmente se cumplió.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.