La totalidad de este Salmo puede ser vista como una doxología que no solamente cierra el quinto y último volumen de la colección de Salmos, sino que también cierra todo el libro de los Salmos.

El Salmo 150 no contiene ningún argumento, ninguna enseñanza real, ninguna explicación real. Es un elocuente, y apasionado llamado a toda la creación para darle a Jehová la alabanza que se merece, es más que un cierre artístico del salterio: es una profecía de los resultados finales de la vida del devoto, y, en su luz sin interrupciones, y también en su universalidad, proclama el final seguro de los difíciles años para el individuo y para el mundo.

Este es el último de los cinco Salmos finales que comparten la misma línea de inicio y de final. Dios es alabado, y su pueblo motivado y exhortado a alabarlo. El santuario de Dios es el lugar más apropiado para su alabanza. Es un lugar apartado para su honor, y en especial reconocimiento de la presencia de Dios. Sin embargo, si Dios debe de ser alabado en todo cualquier lugar, debería de ser en su santuario. El amplio firmamento, con todo su poder de tormentas y clima, es también un lugar adecuado para la alabanza a Dios. Dado que el firmamento se expande de horizonte a horizonte, nos dice que Dios debe de ser colocado en todo lugar bajo el cielo.

Esta es la razón para alabar a Dios en cualquier parte. Él ha hecho cosas grandes y poderosas, y ninguna mayor que la que Jesús ha logrado en la cruz en la tumba vacía. El cantante del salmo 150 solamente tenía un conocimiento velado de ello, pero la demostración final del poder de Dios vendría en la resurrección de Jesús. Por esto y por todas sus proezas, debemos de alabarlo. Sus proezas pueden ser traducido como sus actos heroicos o valientes. La referencia es a la liberación de su pueblo como una manifestación de poderío o de conquista. Es correcto alabar a Dios por las cosas poderosas que hace; hay tal vez algo más grande en alabarlo por quién es Él, en toda la excelencia de su grandeza. Es una grandeza que sobrepasa todas las demás en todo el universo.

El salmista mira una orquesta del pueblo de Dios y dirige su música en alabanza a Dios. No había ningún instrumento que debiera de quedar fuera. Trompeta, cuerdas, vientos, y percusiones todos debían de unirse para alabar a Dios. El sonido de las trompetas es asociado con los más grandes y solemnes eventos, como cuando la ley fue dada, la proclamación del jubileo, la coronación de un rey judío, y el hacer la guerra. Debe de considerarse en su referencia a la llegada de nuestro Señor en su segunda venida y en el levantamiento de los muertos.

Esta amplia lista de instrumentos musicales nos dice que Dios quiere toda clase y grupo de personas que lo adoren, debido a que estos instrumentos eran regularmente tocados por diferentes tipos de personas. El cuerno era el curvo “Shofar”, soplado por los sacerdotes; el harpa y el salterio eran tocados por los levitas, los timbales eran tocados por las mujeres; y la danza, tocada en instrumentos de cuerda, flautas y címbalos, que podían ser tocados por cualquier persona. Los instrumentos individuales deben de tocarse con fuerza y celebración, y la colección de ellos llena el cuarto de sonido. Esta no era una alabanza dudosa, debido a que el amor y la bondad de Dios no se detienen ni duda de nosotros en ninguna manera.

Todo lo que respira alabe a Jehová: Esta es una conclusión notablemente apropiada para el Salmo y para todo el libro de los Salmos. Todo lo que respira debe de alabar al que le dio aliento. Cada aliento es un regalo de Dios y la alabanza es el digno regalo que damos por ese regalo. El salterio empieza con “Bendito”, y termina con “Aleluya”. Tu vida puede parecerse al salterio con sus cambiantes ánimos, es luz y sombra, gemido y sonrisas; pero todo terminará en aleluyas, si tan solo te mantienes fiel en el camino y en las obras del santísimo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.