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Este es un Salmo matutino. Habla sobre la creación en los primeros 6 versículos. El Salmo 8 era un Salmo de la Creación, y en él vimos la luna y las estrellas. Ese era un Salmo nocturno. Este Salmo 19 es un Salmo diurno, porque aquí se nos presenta el sol, y tenemos aquí la maravillosa creación de Dios dando testimonio de ello. Es decir, que los cielos proclaman la sabiduría de Dios, el poder de Dios, y también nos cuentan algo del plan y el propósito de Dios. Desde el mismo principio, la creación ha sido el testigo primitivo de Dios al hombre.
En todos los credos de la iglesia, incluyendo el Credo de los Apóstoles, se atribuye la creación exclusivamente a Dios el Padre. Pero cuando uno llega al Nuevo Testamento, donde se encuentra una ampliación del hecho de la creación, encontramos que no es completamente exacto decir que Dios el Padre es el Creador de los cielos y la tierra. Puede alguien decir: ¿No es eso correcto? Sí, lo es, hasta cierto punto, pero la Trinidad se implicó en la creación del mundo. En realidad, la palabra Elohim es una palabra plural del idioma hebreo, y nos habla de la Trinidad. En el Nuevo Testamento se nos dice que el Señor Jesucristo fue el agente de la creación, y que el Espíritu Santo restauró y renovó la creación. Según Génesis 1:2, el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. El Evangelista Juan nos habló de otro principio en 1:1-3; y dijo: “En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios… Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Así es que Jesucristo fue el agente que llevó a cabo la obra de la creación.
Es interesante observar que el sol es importante y se le compara en el versículo 5, con el novio que sale de la alcoba nupcial. Cuando uno visita la ciudad de Jerusalén puede apreciar a la salida del sol que éste aparece por el monte de las Olivos, y es algo verdaderamente emocionante. Uno puede ver la luz que comienza a iluminar la ciudad de Jerusalén, los muros de la ciudad, los lugares altos primero, el lugar donde se encuentra la tumba de David, sobre el monte Sión, luego las partes altas de los edificios y después el área del templo. Así que aquí tenemos un cuadro incomparable de la creación. Porque este Salmo representa la creación. Ahora, vemos en los versículos siguientes que la ley no puede salvarnos porque es perfecta y nosotros no lo somos. No estamos a su altura, pero no hay nada malo en la Ley. Aun el apóstol Pablo, quien nos presentó la gracia de Dios, dijo de la ley en Romanos 7:12: “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. Por ello hemos dicho que no hay nada malo en la ley. pero es una administración de muerte para nosotros, porque hay algo radicalmente malo en nosotros. La ley fue dada para demostrarnos que somos pecadores ante Dios. Dice el versículo 7 que el testimonio del Señor es fiel. No cuente usted con que Dios se va a adaptar a nuevos conceptos sobre la moralidad. Dios va a castigar el pecado; Él dijo que lo haría. Por ese motivo dice aquí que el testimonio del Señor es fiel. El juicio vendrá y los mandamientos lo revelan. En el versículo se nos dice que, Los mandamientos del Señor son rectos. Ahora, alguien quizá diga: “Bueno, a mí no me gustan ciertos mandamientos”. Bueno, puede que a usted no le gusten, pero a Dios sí le agradan. Y son rectos. Quizá a usted no le agrada la ley de la gravedad, pero le aconsejamos que no la desafíe. Es decir, si usted se sube a la cornisa de un edificio de 10 pisos, no se le ocurra dar un paso en el vacío porque Él no va a suspender esa ley solo por causa suya. Esa ley opera para todos.
En el versículo 8 se dice que el precepto del Señor es puro. Da luz a los ojos, es decir, que iluminan la vida y nos guía. Nos ennoblece, nos eleva. El versículo 9 nos dice que el temor del Señor es limpio. Se nos ha dicho que la palabra “temor” significa una confianza reverente. Creemos que quiere decir algo más, es decir, un temor reverente. Hacemos bien en temer a Dios. El versículo 9 también nos dice que los juicios del Señor son verdad. ¿Quiere usted saber cuál es la verdad? Pilato quiso conocerla y, como vemos en Juan 18:38, le preguntó: ¿Qué es la verdad? Y la verdad se encontraba precisamente frente a él en la persona del Señor Jesucristo. Finalmente, dice en el versículo 9 que los juicios del Señor son justos. Son rectos. Todo lo que Dios hace es bueno y correcto.
Esta es pues una gran sección. Deberíamos aprender a amar toda la Palabra de Dios. Así que nadie debería oponerse a los Diez Mandamientos, que son muy buenos. A quién nos oponemos es a la naturaleza de los seres humanos, que no puede cumplirlos, como así lo afirma la Palabra de Dios. No podemos hacerlos realidad en nuestra vida por nuestra propia cuenta. Por ello tenemos que acercarnos a Dios como pecadores. Se pregunta el escritor, ¿Quién puede discernir sus propios errores? Y esa es también nuestra pregunta. Algunos somos muy hábiles para emplear pretextos, para dar excusas artificiosas, pero Dios no las aceptará. Él dice que usted no puede comprender sus errores. Y tiene que aceptar Su Palabra ante la realidad de que usted y yo somos pecadores. Y dice también el versículo 12: Líbrame de los errores que me son ocultos. Ese es el problema con muchas personas en la actualidad. Ellos tienen secretos para consigo mismos. Piensan que no son pecadores. Y el versículo 13 dice: Líbrame de las soberbias. . . Entonces seré íntegro y estaré libre de gran rebelión. ¿Qué era esa gran rebelión? Es el rechazar al Señor Jesucristo, a quien este Salmo nos presenta. Ahora escuchemos al Salmista. Este es el versículo que con frecuencia se oye en las oraciones de los creyentes. ¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Señor, roca mía y redentor mío! ¿Quién era la roca de David? Cristo. ¿Quién era su Redentor? Cristo. Y es mi fuerza y mi redentor. Y se convierte en ello a través de la gracia de Dios.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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