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La segunda plaga fue la de las Ranas.
Esta serie de plagas terminaría con la muerte sobre casi cada hogar en Egipto. Dios pudo traer esta terrible última plaga primero, pero no lo hizo – y no lo hizo por un determinado propósito. Dios uso esta serie de plagas para glorificarse (especialmente sobre los dioses egipcios), y para dar a Faraón una oportunidad de arrepentirse. Debiéramos de ver la bondadosa misericordia de Dios al hacer esto. Él pudo haber ido directamente al juicio más severo, pero en lugar de eso Él le dio a Faraón muchas oportunidades de arrepentirse y de cambiar.

Dios uso una plaga de ranas por una razón específica. La diosa egipcia Heket siempre era mostrada con la cabeza de una rana. Entre los antiguos egipcios, las ranas eran consideradas sagradas y no se podían matar. Los egipcios adoraban a las ranas como una diosa porque era común ver a las ranas alrededor del Nilo, porque se reproducían rápidamente, y porque al ser anfibios pertenecían a dos mundos, siendo criaturas terrestres y marinas.

Ya que los egipcios adoraban a las ranas, Dios les dio una plaga de ranas. Vemos el determinado plan de Dios y su sentido del humor. Aunque él es el Señor de los ejércitos, él no necesita ejércitos poderosos, no necesita de ángeles, o los relámpagos de juicio para castigar al pecador o a la nación pecadora; la rana o la mosca en sus manos son un suficiente instrumento de venganza. Aunque la primera y segunda plaga tratan sobre el agua, la tercera y cuarta tratan sobre la tierra; las siguientes cinco tratan sobre el aire; y la última trata sobre el hombre.

La habilidad de los hechiceros para hacer los mismo con sus encantamientos apunta a un poder sobrenatural que esta presente; este no era la obra de un mago bien preparado, este era el poder oculto obrando. Con todos sus poderes ocultos, ¡todo lo que los hechiceros pudieron hacer fue traer más ranas! Solamente hicieron el problema peor; aún así, su obra le dio a Faraón una excusa para endurecer más su corazón.

Faraón dijo: orad a Jehová para que quite las ranas: Aquí, la promesa anterior de Dios (Éxodo 7:1) fue cumplida. Como un profeta de Dios, Moisés se paro en el lugar de Dios ante Faraón, y Faraón le hizo una petición a Dios a través de Moisés. Una palabra inusual la cual significa ‘intercede’, es la primera ocasión en la cual Faraón es movido, y en la cual él hace la promesa de dejar ir a Israel, una promesa que no guardó. Las ranas no podían ser asesinadas debido a que eran sagradas, y aún así, un gran número de ellas empezarían a causarles odio debido a su repugnancia, y especialmente porque los Egipcios se esmeraban en tener todo limpio.

Cuando Moisés oró, Dios contestó – y todas las ranas murieron. La descripción que se entiende de “y apestaba la tierra” nos da una idea de lo repugnante que eso era. Aún cuando la petición de Faraón fue concedida, su corazón no cambió – él endureció su corazón – y así Faraón actuó como Dios dijo que lo haría.

Esto se convierte en un patrón familiar: cuando él no guardó su palabra la primera vez, no hay duda de que fuera fácil el hacerlo una y otra vez. Faraón incremento su culpa. Sus votos aumentaron sus transgresiones. Él olvidó sus promesas; pero Dios no lo hizo. Ellas fueron mostradas en su contra. En cuanto a Faraón, es la historia de una voluntad fuerte, haciéndose estúpido a si mismo, durante todo el trayecto, hasta que las condiciones estaban más allá de la esperanza o el remedio, Dios le dio a él la oportunidad de utilizar esa voluntad fuerte en rendición.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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