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Pablo nos habla de ser Llenos de cariño y preocupación por los demás. Si te consideras a ti mismo fuerte en comparación con tu hermano, usa tu fuerza para servir a tu hermano en Cristo, en lugar de utilizar tu “fuerza” solamente para agradarte a ti mismo. Cuando habla de Soportar: La idea es realmente sostener al hermano débil, soportándolo con tu fuerza superior. Esto va en contra del tenor de nuestros tiempos, el cual aconseja a las personas “cuida solo de ti” y menosprecia a aquellos quienes viven vidas de verdadero sacrificio por el bien de otros. Pero, Pablo señala el camino hacia la verdadera felicidad y satisfacción en la vida: quita los ojos de ti mismo, empieza a edificar a otros y te hallarás edificándote a ti mismo.

Pablo después escribió del mismo tema en Filipenses 2:3-4: Nada hagan por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Esto no significa que la iglesia es gobernada por los antojos de los débiles. Una preocupación genuina por los débiles significará un intento de hacerlos fuertes al conducirles fuera de sus escrúpulos irracionales para que ellos también puedan ser fuertes. Agradar al prójimo en lo que es bueno muestra que Pablo no quiere dar a entender ser un “hombre complaciente”. Tal persona puede querer agradar a su prójimo, pero no en lo que es bueno para su prójimo. Muy seguido, a los cristianos les resulta más fácil destruirse el uno al otro en lugar de fortalecerse mutuamente; Esta es una estrategia clásica de Satanás contra la iglesia que debe ser resistida.

Jesús es el máximo ejemplo de alguien que no se agradó a sí mismo, sino que puso a los demás primero. El desarrollo clásico de esta idea de Pablo está en Filipenses 2:5-11. Como está escrito: De la forma que Jesús recibió abuso y sufrió males para la gloria de Dios, cumplió lo que estaba escrito en la palabra de Dios. Jesús mostró por su ejemplo que, en su mayor parte, somos demasiado rápidos para defendernos a nosotros mismos, en lugar de dejar que Dios nos defienda. Jesús mostró cómo el Padre es capaz de defendernos. El mandamiento que Jesús cumplió de Salmos 69:7 también aplica a nosotros. Para nuestra enseñanza se escribieron, para que tengamos esperanza, sabiendo que hacemos lo correcto aún cuando sea difícil. Cuando respondemos correctamente a los reproches que el mundo echa en contra de nosotros por el amor de Jesús, les molesta aún más. Les hace saber que no hay nada que puedan hacer contra un hijo de Dios cuyos ojos están puestos en Jesús.

En los versos 5 y 6 hay una oración para el cumplimiento de esta actitud en los romanos. El hecho de que Pablo ponga estas palabras en la forma de una oración demuestra que él reconoce que esta es una obra que el Espíritu Santo debe hacer dentro de nosotros. Nuestro Dios es un Dios de la paciencia. A menudo nos encontramos de prisa y parece como si Dios obrara muy lento para nosotros. Muy seguido los propósitos de Dios parecen retrasarse, pero ellos siempre se cumplen. Las demoras de Dios no son negaciones, y Él tiene un propósito de amor en cada momento de espera. Amamos la paciencia de Dios con Su pueblo, ¡necesitamos que Él sea paciente con nosotros! Pero muy seguido resentimos la paciencia de Dios con Su plan, pensamos que debe apurarse. Sin embargo, Dios es paciente tanto con Su pueblo como en Su plan. La meta es que glorifiquémos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Alcanzamos esa meta al ser unánimes y hablar a una voz, al tener unidad en nuestra forma de pensar y hablar.

De los versos del 7 al 13 Pablo nos habla de ser llenos de amor por otros y de gozo y paz por el Espíritu Santo. En lugar de dejar que estos temas sobre cosas discutibles dividan a los cristianos (especialmente haciendo una división entre judíos y gentiles), debemos recibirnos los unos a los otros de la misma manera que Cristo nos recibió, en términos de pura gracia, sabiendo, pero soportando nuestras faltas. Spurgeon acerca de como también Cristo nos recibió dijo: “Cristo no nos recibió porque éramos perfectos, o porque no podía ver falta en nosotros o porque esperaba obtener algo de nuestras manos. ¡Ah, no! Pero en su condescendencia de amor cubriendo nuestras faltas y buscando nuestro bien, nos dio la bienvenida a su corazón; así que, de la misma manera y con el mismo propósito, recibámonos unos a otros”. Pablo cita una serie de pasajes del Antiguo Testamento que demuestran que Dios tiene la intención de que los gentiles lo alaben. En lugar de estar divididos sobre asuntos de discordia, los judíos y gentiles deberían unirse en Jesús sobre el fundamento común de alabanza.

La cita en el verso 9 de Salmos 18 describe a Jesús mismo alabando entre los gentiles. La oración y bendición concluyendo esta sección son apropiadas. Mientras Dios nos llena con las bendiciones de Su gozo y paz en el creer, estamos equipados para vivir en esta relación común de unidad a la cual Dios nos llama. La comunidad que tiene un mismo sentir en Cristo Jesús glorifica a Dios y edifica a los demás. En Cristo se disipan todas las diferencias entre judíos y gentiles, para formar un solo pueblo redimido de Dios. Todas las naciones alaben al Señor, quien nos ha concedido gozo y paz.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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