Nehemías vivió en Susa, la capital de los Persas, y él vivía en la ciudadela– esto es, el palacio fortificado de los Persas. Inmediatamente sabemos que Nehemías es alguien importante, viviendo en el palacio del rey de Persia. Aunque su cuerpo estaba en Persia su corazón y su interés estaban en Jerusalén; a 1287 kilómetros de distancia. Él quería saber acerca de los que habían regresado, cómo le estaba yendo al pueblo y a la ciudad. Podríamos pensar que un hombre importante como Nehemías tenía cosas más importantes sobre las qué pensar que sobre una ciudad distante en la que nunca había estado, y en un pueblo que en su mayoría nunca había conocido. Sin embargo, como su corazón estaba en las cosas de Dios, su corazón no estaba consigo mismo, sino en otros.
Las noticias que recibió no eran alentadoras. El pueblo era llamado remanente; este no era un título esperanzador. Estaban en gran mal y afrenta, y los muros de la ciudad estaban derribados y las puertas de la ciudad quemadas a fuego. El mal estado del pueblo y el mal estado de los muros de la ciudad estaban íntimamente conectados. En el mundo antiguo, una ciudad sin muros era una ciudad completamente abierta y vulnerable a sus enemigos. No tenían defensa, ni protección en absoluto. La reacción inmediata de Nehemías fue extrema. No solo se sintió mal por Jerusalén y su pueblo; inmediatamente, no hubo fuerza en sus piernas, y comenzó a llorar y a hacer duelo. Dios estaba usando a Nehemías para hacer algo con respecto esta situación. Pero primero, Dios hizo algo en Nehemías. Toda gran obra de Dios comienza con Dios haciendo una gran obra en alguien. Dios preparó esto tiempo atrás, con la importante posición de Nehemías en Persia, con un corazón curioso por el bienestar de Jerusalén y su pueblo. Ahora vemos que él tenía un corazón que se rompía por su estado de necesidad. Dios vio la necesidad en el cielo, pero poco se haría hasta que el hombre indicado también sintiera la necesidad. Dios haría algo grande para cubrir esa necesidad a través de Nehemías.
La reacción de Nehemías fue más allá de la emoción inmediata. Muchas veces llegará sobre nosotros una preocupación como una descarga, y luego se nos pasará con rapidez. Pero si es del Señor permanecerá, crecerá y la carga seguirá hasta que el problema que provocó la carga sea resuelto.
Deberíamos prestar también atención a lo que Nehemías no hizo: no se quejó, lloriqueó, ni vio “quién podía resolver este problema.” Él inmediatamente hizo lo que sabía que podía hacer – orar, y buscar a Dios con intensidad en esta situación. Nehemías tenía también un claro entendimiento de a Quién ayunaba y oraba. Hay muchos “dioses” en los que la gente confía, pero solo el Dios de los cielos puede suplir realmente nuestras necesidades. Parece que Nehemías oró por cuatro meses antes de hacer cualquier cosa. Más adelante, cuando la labor de reconstruir los muros realmente comienza, solo toma 52 días terminar el trabajo. Pero ese proyecto de 52 días tuvo un fundamento de cuatro meses de oración. Nehemías llevó su dolor y estrés a Dios en oración, y aparentemente, fue capaz de dejarlos ahí. La oración aliviará su estrés.
La humildad comienza al entender simplemente que hay un Dios entronado en los cielos, y ¡Yo no soy él! Nehemías reconoce exactamente quién es Dios. La humildad también comprende mi completa dependencia de Dios. Cuando Nehemías le pide desesperadamente a Dios que escuche la oración de tu siervo refleja su completa dependencia en el Señor. Solo Dios podía ayudar, y si Dios podía oírlo, Nehemías sabía que ayudaría. La humildad también confesará el pecado abiertamente. Nehemías clara y sencillamente confesó pecado, sin ningún intento de excusarlo. Siempre debemos evitar excusarnos en la confesión de nuestro pecado. Nunca digamos, “Señor, si he pecado” o “Señor, lo siento pero tú sabes lo difícil que fue” u otras tonterías. Podemos encontrar gran libertad en una confesión abierta y honesta, sin ningún intento de excusa o sin preguntarse “si” he pecado o no.
Nehemías le recordó al Señor sus promesas. Esto es, sin duda, el secreto del gran poder en oración; suplicar las promesas de Dios. Nosotros podríamos sentirnos un poco molestos si uno de nuestros hijos viene a decirnos “Papi, tú prometiste”; pero nuestro Padre en los cielos se deleita en ello – y a menudo lo demanda antes de que la oración se vuelva efectiva. La condición era regresar a Dios, y guardar sus mandamientos. Él realmente no podía saber si la nación estaba guardando los mandamientos, pero sabía que él mismo si los estaba guardando, y como él se había identificado con la nación en su pecado, la nación podía identificarse con Nehemías y su piadoso cumplimiento de estas condiciones.
Nehemías concluyó pidiéndole a Dios que lo bendiga cuando hablara pronto con el rey de Persia sobre el asunto. Nehemías iba a hacer algo sobre el lamentable estado de los muros de Jerusalén y el pueblo, y él sabe que sin la intervención de Dios, no puede hacer nada. Nehemías no ora “Dios, haz que todo se arregle” ni “Dios, haz que alguien más haga algo sobre este problema,” en vez de eso su oración es “Dios, úsame para arreglar esto.” Aplicando el asunto a su corazón, no comenzó a hablar con otras personas sobre lo que ellas harían, ni tampoco trazó una elaborada estrategia sobre lo que se podría hacer si miles de personas se unieran a la empresa; sino que se le ocurrió que él mismo haría algo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
