Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó: Esto fue aproximadamente cinco años después de la caída de Samaria. Judá, los había resistido exitosamente en el pasado. Él capturó todas las ciudades fortificadas y solo necesitaba tomar Jerusalén para conquistar por completo a Judá. La mención a Laquis es importante históricamente. Laquis estaba a treinta millas al sudoeste de Jerusalén. Los arqueólogos han descubierto ahí un hoyo con los restos de alrededor de 1500 bajas del ataque de Senaquerib. En el Museo Británico, usted puede ver una escultura que representa el sitio de Asiria a la ciudad de Laquis, la cual era una ciudad fortificada importante de Judá.

Encontramos aquí una clara —aunque entendible— falta de fe de parte de Ezequías. Él sintió que era más sabio pagar al rey asirio y volverse su súbdito que confiar en Dios para defender a Judá contra este poderoso rey. Podemos suponer que Ezequías pensó que como el reino del norte había sido recientemente conquistado y todas las ciudades fortificadas de Judá habían sido capturadas, Dios había demostrado que no intervendría por Judá. Por lo tanto, Ezequías sintió que tenía que hacer algo por él mismo. Tal vez, esta idea tomó fuerza en Ezequías cuando recordó la perversidad de su propio padre Acaz, y cuando consideró que, debido a su pecado pasado, Judá merecía tal juicio. Ezequías esperaba que esta política de acuerdo pondría a salvo a Judá. Estaba equivocado, y su política solo empobreció a Judá y al templo, y volvió al rey de Asiria más osado que nunca contra Judá.

Rabsaces en realidad no es un nombre, sino un título. Este describe al “comandante de campaña” del ejército asirio. Este título asirio, posiblemente originalmente fue “copero principal”, pero para este tiempo era un alto oficial de estado. El Rabsaces parecía estar en control total de la situación. Él podía dirigirse a la ciudad de Jerusalén y permanecer de pie en el abastecimiento de agua principal, el cual era la cuerda de salvamento en un ataque de sitio. Mientras permanecía ahí, tres oficiales del reino de Ezequías vinieron a encontrarse con él. Nos gustaría pensar que Ezequías estaba confiando en Jehová, y que de esto se estaba burlando el Rabsaces. En vez de eso, Ezequías había puesto su confianza en Egipto, y el Rabsaces quería que perdiera la confianza en esa alianza. Fue una gran tentación para Ezequías en ese tiempo formar una alianza defensiva con Egipto, la cual parecía ser la única nación lo suficientemente fuerte como para proteger a Judá contra los poderosos asirios. Como profeta, Isaías hizo todo lo que pudo para desalentar a Ezequías y a los líderes de Judá de poner su confianza en Egipto. Jehová quería que Judá confiara en Él en vez de en Egipto. En este sentido, El Rabsaces habló la verdad. Pero el lo hizo para desmoralizar por completo a Judá y llevarlos a la desesperación. Satanás a menudo nos ataca de la misma manera. Con frecuencia, incluso cuando dice la verdad. Desde la perspectiva del incrédulo, Senaquerib hizo una pregunta válida: ¿En qué confías, que te has rebelado contra mí?

Extrañamente, el Rabsaces podía ver la verdad de la debilidad de Egipto que muchos de los líderes de Judá no podían. La política de confiar en Egipto de Ezequías, ciertamente, sería un problema para Judá. Egipto había hecho un intento por redimir sus promesas y su ejército había sido derrotado en El Tekeh. El mismo Rabsaces había visto esto, pero sus palabras tienen más alcance y provocan más daño al exponer la estupidez criminal de los líderes de Judá. Seguramente, pensó él, ellos sabían que cualquiera que confiara en Egipto sufriría por ello. Como la terminología usada al inicio de este pasaje para hacer referencia Egipto es la misma terminología que Isaías usa para simbolizar a Egipto en el capítulo 42, algunos han sugerido que Senaquerib estaba relacionado con las profecías de Isaías y las citó aquí para insinuar que estaba llevando a cabo la voluntad de Yahvé. Se encuentra más apoyo para esta idea en el versículo 25 donde Senaquerib parece estar consciente de la afirmación de Isaías de que asiria era una vara que Yahvé usaría para castigar a Judá Isaías 10:5. El Rabsaces anticipó la respuesta de los líderes de Judá: “Rabsaces, tú dices que no podemos confiar en Egipto. Está bien, no lo haremos. Pero podemos confiar en Jehová nuestro Dios”. El Rabsaces sabía que Ezequías había implementado amplias reformas en Judá, incluyendo la eliminación de los lugares altos . Sin embargo, en el razonamiento del Rabsaces, las reformas de Ezequías en realidad habían desagradado a Dios, por lo que no debía esperar ayuda de Jehová Dios de Israel. El Rabsaces decía: “Miren a todos los lugares que solía haber donde las personas adoraban a Jehová Dios de Israel. Ahora, desde que llegó Ezequías, solo hay un lugar. Siempre es mejor más lugares que uno, ¡por lo que Jehová Dios de Israel debe estar bastante dolido con Ezequías!”.
El enemigo de nuestras almas tiene una increíble manera de desalentar nuestra obediencia.

Rabsaces estaba en el acueducto hablando con estos líderes del gobierno de Ezequías. Pudo haber atacado a Jerusalén sin este pequeño discurso. Pero él prefería que Judá simplemente se rindiera, por miedo, desaliento o desesperación. El enemigo de nuestra alma usa exactamente la misma estrategia. ¡Satanás preferiría no pelear con usted en absoluto! ¡El preferiría convencerlo de que se rinda! No funcionó con Jesús, no debería funcionar tampoco con nosotros. Rabsaces guardó su mejor golpe para el final: “Admítelo, Ezequías. Tú sabes que tu Dios está de mi lado”. El golpe final de su brillante ataque es cuando dijo: “Ezequías, Dios me dijo que te destruyera. Yo solo estoy haciendo su voluntad, y no hay nada que puedas hacer para detenerlo, así que mejor ríndete”. Dios permitió que sucediera para que su plan profético se cumpliera.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.