Amasías, hijo del gran reformador, Joás, continuó con el reinado generalmente temeroso de Dios iniciado por su padre. Él tuvo un buen comienzo apegado atentamente a la ley. Hubiera sido muy bueno para él y para su reino haber continuado como inició. Comparado con Joás, Amasías continuó fielmente con sus políticas. Sin embargo, algunas de estas políticas permitieron concesiones, tal como acceder a los continuos sacrificios y a las ofrendas de incienso en los lugares altos. Comparado con David —el rey más grande que reinó sobre el pueblo de Dios desde el punto de vista humano— Amasías no estuvo a su altura. Fue bueno para él eliminar a los que vieron el asesinato de un rey como una forma razonable de cambiar el reino. Esto también cumplió la orden de Dios de castigar a los asesinos con la ejecución, dada por primera vez en Génesis 9.
Era una práctica común en el mundo antiguo ejecutar no solo a los culpables de un asesinato así, sino también a sus familias. Amasías fue en contra de la práctica convencional de su época y en vez de eso obedeció la Palabra de Dios de Deuterom¡nomio 24:16. Mostró algo de fe y coraje al obedecer esta orden de Dios, aunque era muy riesgoso para sí mismo, ya que tales personas tenían la posibilidad de buscar venganza por la muerte de sus padres. Esto muestra el poder militar de Amasías, y que sometió exitosamente a las naciones más débiles que rodeaban a Judá. Algunos creen que esta es la antigua ciudad de piedra en el desierto también conocida como Petra; otros, creen que era un lugar diferente. De una u otra forma, esta fue una victoria significativa para Amasías.
2 Crónicas 25:5-16 cuenta más acerca del trasfondo de este evento. Amasías reunió un ejército enorme en Judá para ir en contra de Edom —fueron hallados trescientos mil escogidos para salir a la guerra, que tenían lanza y escudo. También contrató 100 000 soldados mercenarios de Israel. Pero un profeta vino y le advirtió que no usara a los soldados de Israel, porque Dios no estaba con ese reino idólatra y rebelde. Amasías estaba convencido de confiar en Dios, por lo que envió a los mercenarios lejos, y aceptó la pérdida del dinero usado para contratarlos. Dios bendijo este paso de fe, y les dio una victoria convincente sobre los edomitas. Amasías confió en Dios para obtener la victoria sobre Edom; pero inmediatamente después de la victoria su corazón se alejó de Dios: “Volviendo luego Amasías de la matanza de los edomitas, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, y los puso ante sí por dioses, y los adoró, y les quemó incienso”. Orgulloso por su éxito contra Edom, Amasías decidió hacer guerra contra el reino de Israel.
Una vez más, 2 Crónicas 25 cuenta acerca del trasfondo de este evento. Cuando Amasías despidió a los mercenarios israelitas, a ellos no les agradó, a pesar de que les pagó por no pelear contra Edom (ellos probablemente esperaban recibir mucho más del botín de la batalla). Cuando regresaron a Israel, “invadieron las ciudades de Judá, desde Samaria hasta Bet-oron, y mataron a tres mil de ellos, y tomaron gran despojo”. Esta era la motivación política del ataque de Amasías contra Israel. Él tenía razón para creer que tendría éxito. Recientemente había reunido a un ejército de 300 000 hombres que mató a 20 000 edomitas en una victoria sobre Edom. Joacaz parecía muy débil, pues tenía solamente 50 hombres de a caballo, 10 carros, y 10 000 soldados de a pie después de haber sido derrotado por los sirios. La respuesta de Joás rey de Israel fue sabia y diplomática. Con esta pequeña historia y su aplicación, aconsejó a Amasías que se gloriara de su victoria anterior sobre Edom, pero que se quedara en casa. El cardo, al igualarse al cedro, osadamente sugería una alianza de matrimonio entre ellos. La diferencia entre los dos se hizo obvia cuando una bestia salvaje pasó y aplastó al cardo debajo de sus pies. Claro que la bestia fue incapaz de lastimar al cedro.
Amasías debió haber escuchado este mensaje de Joás, pero no lo hizo. Él provocó una pelea que debió haber evitado, y no consideró lo que la probabilidad de éxito de su contrario y el efecto de su derrota traerían sobre todo el reino de Judá. Debido a su necio ataque contra Israel, Amasías perdió su libertad y por un tiempo se convirtió en prisionero del rey de Israel. Amasías tenía un ejército poderoso y Joás un ejército débil. Sin embargo, Dios le dio la victoria a Israel sobre Judá para reprender la idolatría de Amasías. “Era la voluntad de Dios, que los quería entregar en manos de sus enemigos, por cuanto habían buscado los dioses de Edom”. Su nombre significa “fuerza de Jehová”; pero leemos: “Esforzándose entonces Amasías”. Su carácter autosuficiente contradice, por lo tanto, el significado de su nombre —algo no poco común en nuestros días. Debido a su necio ataque contra Israel, Amasías vio caer las defensas de Jerusalén. No solo perdieron la batalla en Bet-semes, sino que también estaban en una posición más débil para enfrentar futuros ataques. También Amasías perdió el tesoro del pueblo de Dios. No fue solamente una pérdida de su riqueza personal, sino también del oro, y la plata del pueblo de Dios. Amasías no tuvo la sabiduría para ver cómo perder la batalla heriría a otros tanto como a sí mismo. Esto, incluso, se extiende a los rehenes que fueron llevados de Jerusalén a Samaria. La decisión de atacar a Israel fue solamente suya, pero el precio por el necio ataque fue pagado por todo el reino de Judá. Es una advertencia seria para todos los líderes, los cuales deben de considerar como sus decisiones necias afectan a muchas otras personas. La pelea de Amasías, ciertamente, era justa; sin embargo, sufrió una fuerte derrota, realmente se metió en un mal, cayó él, y Judá cayó con él, como Joás lo había dicho.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
