Este era un patrón familiar en la vida de Jeroboam. En su tiempo de necesidad, se volvía al verdadero Dios y a los varones de Dios. Él sabía que los ídolos no le podían ayudar en ninguna verdadera crisis. Pero también sabía que había rechazado a Dios y a sus profetas, por lo que le dijo a su mujer que usara un disfraz. ¡Qué necio! Jeroboam pensaba que el viejo profeta podía penetrar el velo que escondía el futuro, pero no el disfraz en el cual su mujer deseaba ocultarse.

Jeroboam no le dijo a su mujer que orara por su hijo, o que le pidiera al profeta que orara. Él quería usar al profeta Ahías como un adivinador, en lugar de buscarlo como un varón de Dios. Hubiera sido más piadoso si hubiera suplicado las oraciones del profeta, y hubiera botado sus ídolos; entonces el niño hubiera podido ser restaurado, como lo fue su mano. Pero la mayoría de las personas prefieren que se les cuente su futuro y que no se les diga sus faltas o su deber. No había ninguna razón para que la mujer de Jeroboam usara un disfraz.

La vejez había hecho que Ahías no tuviera la capacidad de ver. El disfraz de la mujer, y la ceguera de Ahías no importaban, porque Dios le había dicho a Ahías la verdad del asunto. De esto, la mujer de Jeroboam aprendió dos cosas: primero, que las noticias eran malas; segundo, que aunque ella pensaba que era enviada a Ahías por su marido, la verdad era que Ahías había sido enviado por Dios con un mensaje para ella y Jeroboam.

Saúl fue un mal hombre y un mal rey. Salomón fue un buen rey, pero un mal hombre. Aunque ambos hombres fueron malos, Jeroboam fue peor. Él se convirtió en la medida para los malos reyes de Israel que vendrían. Dios comparó a Jeroboam desfavorablemente con David (como David mi siervo); primero, porque “aunque David cayó en algunos pecados, constantemente perseveraba en la verdadera adoración a Dios, de la cual, Jeroboam se había revelado; segundo, David se arrepintió de corazón y se volvió de todos sus pecados, mientras que Jeroboam fue obstinado e incorregible.”

La última razón implica un descuido, un desdén hacia Dios. Es la misma manera de hablar para describir el perdón de Dios de nuestros pecados. Él los pone sobre sus espaldas o, en otras palabras, se olvida de ellos. Esas son buenas noticias cuando describe el trato de Dios hacia nuestros pecados [Isaías 38:17]; pero son noticias trágicamente malas cuando describe el trato de una persona hacia Dios. Jeroboam pudo haber tenido una dinastía duradera, pero desperdició la promesa de Dios con su incredulidad, su idolatría, y su total rechazo hacia Dios. Todo varón: Significa, literalmente, “aquel que orina en contra del muro”.

Jeroboam envió a su mujer para descubrir el destino de su hijo. Las malas noticias fueron que el niño moriría. Pero su muerte sería una demostración de misericordia, porque al menos él podría ser enterrado con honor, y ser endechado apropiadamente. Un gran juicio estaba llegando sobre la casa de Jeroboam, de manera que todos verían que en comparación con ese juicio este hijo fue bendecido en su muerte. Finalmente, sería cumplido unos 300 años después. Dios sabía que la raíz de la apostasía de Jeroboam eventualmente resultaría en el fruto amargo del exilio nacional.

La profecía en cuanto al exilio nacional de Israel no sería cumplida sino después de algunos siglos. Pero esto fue demostrado como cierto debido a la inmediata profecía de la muerte del hijo de Jeroboam, la cual fue cumplida exactamente.

Segunda de Crónicas 13:20 nos dice que “Jehová le hirió, y murió”. “Él no murió de una muerte natural, como todos los hombres, sino por un notable golpe; además de la pérdida de quinientos mil de sus hombres en una batalla con Abías, rey de Judá (2 Crónicas 13:17)”.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse