Aparentemente, no había mensajeros capacitados dentro del reino del norte de Israel. Este es un triste comentario sobre el estado espiritual del reino de Jeroboam. Este anónimo varón de Dios fue usado de una manera importante. Él demuestra que uno no necesita ser famoso para ser usado significativamente por Dios. Esta es una profecía notable que precisamente sería cumplida 340 años después.

Segunda de Reyes 23:15 documenta el cumplimiento de esta profecía en los días de Josías, rey de Judá: Igualmente el altar que estaba en Bet-el, y el lugar alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; Josías lo destruyó, lo quemó, lo hizo polvo, y puso al fuego a la imagen de Asera. Era más que una pronunciación de juicio en contra del altar; también anunciaba que el juicio vendría a través de un gobernante de Judá (la casa de David). Esta era una reprensión especial y fue fuente de preocupación para Jeroboam, quien siempre estaba alerta a la amenaza de su vecino del sur. La señal inmediata fue dada para confirmar la palabra a los oyentes de esos días. Sería una señal convincente, y una reprensión directa hacia la adoración idólatra en ese altar.

La reacción de Jeroboam fue inmediata, pues él buscaba silenciar al mensajero, en lugar de responder a ese mensaje. La profecía del varón de Dios era como la mayoría: un mensaje de juicio venidero y una invitación implícita hacia el arrepentimiento. Jeroboam, obviamente, no aceptó esta invitación. Como Jeroboam no tenía a los sacerdotes de Jehová, Dios mandó a su profeta hacia su tierra. Dios confirmó su palabra de juicio de dos maneras. Primero, juzgó al rey desobediente en el preciso punto de su pecado más evidente (la mano extendida en contra del varón de Dios). Segundo, cumplió su inmediata palabra en contra del altar (Y el altar se rompió). Esto lo hizo Dios, en parte, para castigar a Jeroboam por ofrecer violencia hacia el profeta de Jehová; en parte, para darle seguridad al profeta en contra de más violencia; y, en parte, para en este ejemplo mostrar lo mucho que se enoja por las injurias hechas a sus ministros en y por el fiel cumplimiento de sus funciones.

Bajo el evidente juicio de Dios, Jeroboam no tenía uso para los becerros de oro ni para sus altares. Él sabía que su única esperanza estaba en Jehová, y en su representante. Como lo mostrarán los siguientes capítulos, Jeroboam en realidad no se arrepintió aquí; o si lo hizo, fue solamente por un momento. Querer recibir algo de Dios no es lo mismo que arrepentirse.
Para su crédito, el varón de Dios mostró una gran gracia hacia Jeroboam. Él rápidamente cambió su posición de estar bajo arresto a ser el intercesor de su perseguidor. Esta fue una gran misericordia de parte del varón de Dios, y especialmente de Dios, quien contestó la oración. Dios hizo esto, “en parte, para asegurarle que el golpe era de Dios; en parte, porque él se arrepintió de la violencia con la que atentó contra el profeta; y, en parte, para que la bondad de Dios hacia él lo pudiera conducir al arrepentimiento; o si continuaba impenitente, dejarlo sin excusa”.

Jeroboam, rápida y naturalmente, dadas las circunstancias, abrazó al varón de Dios como un amigo. Él quería darle un refrigerio y un presente, sin ningún arrepentimiento del pecado que el varón de Dios denunció. El varón de Dios rechaza la invitación, basado en una advertencia anterior de parte de Dios. El aceptar la invitación de Jeroboam demostraría compañerismo con su idolatría.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.