Eliseo predijo un hambre de 7 años y aconsejó a la viuda sunamita que saliera de la región durante esos años. Ella regresó después de los 7 años, y le pidió al rey que le devolviera sus tierras. Después de enterarse de quien era, el rey se las devolvió. Segunda de Reyes 4 describe los anteriores tratos de Eliseo con esta mujer. Ella y su esposo eran personas generosas y temerosas de Dios que ayudaron al profeta. A través de la oración de Eliseo fueron bendecidos con un hijo, quien también fue milagrosamente traído de regreso a la vida.  Bajo el consejo del profeta, la mujer y su familia dejaron Israel debido a la hambruna venidera. En la tierra de los filisteos, se libraron de lo peor de la hambruna.

Al dejar a Israel y entrar a la tierra de los filisteos, la mujer perdió su derecho a reclamar sus tierras ancestrales. Ella fue a implorar para no ser una perdedora por escuchar al profeta de Dios y por salvar a su familia de la hambruna. Eventos como este período de hambre, siempre son amonestaciones de Dios que han tenido lugar a los largo de la historia. Han sido como advertencias para que la raza humana se detuviera a reflexionar sobre su situación y cambiase su conducta y actitud hacia Dios.

Este Giezi era el mismo siervo de Eliseo que fue maldecido con lepra en 2 de Reyes 5:20-27. Parece extraño que un leproso severamente afligido fuera un consejero del rey; por lo que, o a Giezi se le había otorgado sanidad de su lepra, o en realidad esto tuvo lugar antes de los eventos de 2 de Reyes 5. Cuando el período de hambre terminó, la mujer sunamita regresó a su primera casa. Al parecer, encontró que otros estaban viviendo ahora en sus tierras. Al mismo tiempo, según la providencia de Dios, el rey indagaba acerca de algunas de las obras menos conocidas del profeta. Y Giezi le estaba contando de cuando Eliseo había levantado de los muertos al hijo de la sunamita. El rey se sintió conmovido al oír sobre la obra de Eliseo. Ella llegó mientras estaban hablando y fue presentada por Giezi al rey, entonces ella le pidió al soberano que le devolviera sus tierras y el rey le dio más de lo que ella había pedido. El rey decidió que la propiedad de ella tenía que ser devuelta, incluyendo los frutos producidos por la tierra durante el tiempo de la ausencia de la viuda.

Tal vez el pedido del Rey no era más que pura curiosidad; sin embargo, seguía siendo un testimonio significativo para el rey de Israel. Él sabía que Dios estaba en las acciones de Eliseo, lo que evidenciaba que también estaba en la palabra de Eliseo.

Algo extraordinario es que la mujer vino a hacer su petición en el momento exacto en el que Giezi le estaba contando al rey sobre los milagros asociados con la vida de ella. Este fue un tiempo perfectamente designado por Dios.

El rey entendió que, si Dios evidentemente apoyaba a esta mujer, entonces también tenía sentido que él la apoyara y respondiera su petición. Finalmente, la obediencia de esta mujer a la palabra de Dios no fue penalizada. Esta acción contrastó notoriamente con el robo de tierra por parte del padre de Joram, Acab.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse