Esta fue una buena muestra de gratitud. Naamán fue como el leproso de los diez que sanó Jesús que fue el único que regresó para agradecerle. También era un extranjero, como el leproso agradecido. Antes, Naamán esperaba que el profeta viniera a él. Ahora él volvió al varón de Dios y se puso delante de él. A menudo, los que menos tienen de qué vanagloriarse son orgullosos y arrogantes; mientras que los más excelentes de la tierra son los más humildes, sabiendo que no tienen nada más que lo que han recibido. Naamán, el leproso, era más orgulloso y autoritario de lo que fue cuando fue limpiado de su lepra. No fue solamente la sanidad lo que convenció a Naamán de esto. Fue la sanidad conectada con la palabra del profeta. Juntas, fueron evidencia convincente para Naamán de que el Dios a quien Eliseo representaba era el verdadero Dios en toda la tierra.
Podemos decir que Naamán tenía buenas intenciones. Sintió que era apropiado apoyar el ministerio de este hombre a quien Jehová había usado grandemente para traer sanidad. Sin embargo, Eliseo firmemente insistió en que no recibiría nada de Naamán. Como muchos nuevos creyentes, Naamán era supersticioso en su fe. Mantenía la opinión popular del mundo antiguo de que deidades particulares tenían poder sobre lugares particulares. Él pensó que, si llevaba un pedazo de Israel con él de regreso a Siria, podría adorar mejor al Dios de Israel.
La transportación de suelo sagrado era una costumbre extendida. La fe de Naamán aún no había sido educada; y sentía su necesidad personal de seguir públicamente los cultos de estado, Eliseo puede haber sentido que suelo israelita disponible podría proporcionarle a Naamán algún recordatorio tangible de su sanidad y su nueva relación con Dios. Como oficial del gobierno de Siria, se esperaba que Naamán participara en la adoración de los dioses sirios. Naamán le pidió a Eliseo permiso para dirigir su corazón a Yahvé, incluso cuando se encontrara en el templo de Rimón.
El hebreo “apoyar sobre el brazo” no implica soporte físico; sino que él era la “mano derecha” del rey. Al dar una aprobación general sin decir específicamente «sí» o «no», parece que Eliseo dejó el asunto entre Naamán y Dios. Tal vez, confiaba en que Jehová personalmente convencería a Naamán de esto y le daría la integridad y la fuerza para evitar la idolatría.
Algunos comentaristas (Clarke y Trapp entre ellos) creen que Naamán pidió perdón por su idolatría previa en el templo de Rimón, en vez de pedir permiso para futuras ocasiones. Al parecer, el hebreo permitiría esta traducción, aunque no es la forma más natural de entender el texto. Sin embargo, ciertamente, podemos estar de acuerdo con la aplicación de Trapp: “Que ninguno por el ejemplo de Naamán alegue un alma recta en un cuerpo postrado”.
Cuando Giezi escuchó hablar a Naamán y a Eliseo, quedó impactado de que su amo se negara a tomar algo de un hombre tan rico, influyente y agradecido. Él consideró que alguien debía beneficiarse de semejante oportunidad, y tomó la iniciativa de correr tras Naamán y tomar de él alguna cosa. Giezi, probablemente, pensó que Dios estaba bendiciendo su empresa. Después de todo, el pidió un talento de plata y Naamán gustoso le dio dos talentos.
El hecho de que lo puso todo a cuestas a dos de sus criados muestra que esto era mucha plata. “Se requirió de dos siervos para cargar estos dos talentos, pues, según cálculos, cada talento pesaba alrededor de 120 libras” Deliberadamente, los escondió de Eliseo. Giezi sabía que había obrado mal. Eliseo supo. No sabemos si esto fue discernimiento sobrenatural, o simplemente obtenido por observación y conocimiento del carácter de Giezi. De una u otra forma, Eliseo supo. Todos los intentos de Giezi de cubrir su pecado fallaron.
Parece que Eliseo no tenía ninguna ley en contra de recibir apoyo de los que eran tocados por su ministerio. Sin embargo, era espiritualmente claro para Eliseo, y debió haberlo sido también para Giezi, que no era apropiado en este tiempo y circunstancia. Evidentemente, Giezi no trajo todas las cosas de Naamán a casa con él. Sin embargo, quería todas estas cosas, y Eliseo expuso su codicioso corazón. Lo más grave de la acción de Giezi fue que comprometió el testimonio divino que había sido dado al sirio Naamán, a través de la acción de la joven sierva y del profeta Eliseo. Sus acciones habían sido totalmente desinteresadas, y para la gloria de Dios.
Giezi recibió un juicio severo, pero al ser un hombre con ministerio estaba bajo un juicio más estricto. Cuando se permitió codiciar lo que tenía Naamán, pensó solo en términos del dinero que Naamán poseía. Dios le permitió mantener las riquezas, pero también le dio lo otro que Naamán tenía: una lepra severa. Vemos aquí a un pagano que, por un acto de fe, es curado de lepra; y a un israelita que, por un acto de deshonra, es maldito con ella.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
