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No sabemos mucho sobre esta compañía Augusta en particular (varios llevaban ese título), pero era común que soldados romanos acompañaran al transporte de criminales, al de los que esperaban juicio, y a las naves mercantes llenas de grano que viajaban de Egipto a Roma. Aristarco y Lucas acompañaron a Pablo en este viaje. El favor que Pablo gozaba por parte de Julio significó que le fue permitido llevar a estos compañeros con él. El barco navegó primero a Sidón, donde Pablo se encontró con cristianos y pudo ser atendido por ellos. El comandante romano le dio muchas libertades a Pablo porque (todavía) no era un hombre condenado, sino estaba esperando a tener un juicio ante César. El carácter consagrado de Pablo y la muestra de amor cristiano también le ayudaron a ganar el favor.

Pablo era diferente de los otros prisioneros a bordo. Todos los demás prisioneros probablemente eran criminales condenados que estaban siendo enviados a Roma para morir en la arena. Ellos iban en un carguero de grano, que llevaba grano crecido en Egipto para Italia. Según Hughes, el carguero de grano típico de ese periodo era de 42 metros de largo y 11 metros de ancho. Tenía un mástil con una gran vela cuadrada, y en vez de lo que conocemos como un timón, se manejaba con dos remos en la parte de atrás de la nave. Eran naves fuertes, pero debido a su diseño, no podían navegar contra el viento. El barco comenzó a dirigirse hacia el oeste, llegando eventualmente al puerto llamado Buenos Puertos en el lado sur de la isla de Creta.

La fecha del ayuno que se menciona aquí era probablemente el 5 de octubre, que era el día de la Expiación en el año 59 d.C. La idea aquí es que conforme se acercaba el invierno, el clima se volvía más peligroso para navegar. La temporada peligrosa para navegar empezaba alrededor del 14 de septiembre y duraba hasta el 11 de noviembre; después de esta última fecha, toda navegación en el mar abierto llegaba a su fin hasta que terminaba el invierno. Pablo no habló aquí necesariamente como un profeta de Dios, sino tal vez como un viajero experimentado del Mediterráneo, habiendo viajado alrededor de unos 5,600 kilómetros en el océano. Conociendo las temporadas y las condiciones –y tal vez con sabiduría sobrenatural– Pablo les aconsejó que no siguieran adelante. En 2 de Corintios 11:25 nos dice que, para entonces, Pablo ya había naufragado tres veces. Él, como casi todos los demás, sabía que navegar en esta temporada era peligroso.

No es una sorpresa que el centurión respetara más la opinión del piloto y del dueño de la nave que la de Pablo. Ambos tenían mucho que perder si la nave no llegaba a Roma. El nombre Buenos Puertos no era del todo certero, cuando menos no en el invierno. La posición de la bahía la hacía vulnerable a los vientos y tormentas invernales. No era un lugar ideal para esperar hasta la próxima temporada. Tampoco era un lugar divertido para pasar el invierno, y la tripulación no tenía muchas ganas de pasar meses en un pueblo pequeño.

Un comentarista sugiere que fue  la cámara de comercio local llamó al lugar “Buenos Puertos”. Tomando el voto de la tripulación, decidieron navegar hasta el puerto de Fenice. El puerto de Fenice estaba en la misma isla de Creta y solo a alrededor de 65 kilómetros de distancia. No les pareció descabellado el poder llegar hasta Fenice y evitar un invierno miserable en Buenos Puertos. Sin embargo, fallaron al no considerar el sabio consejo de Pablo, que terminó siendo profético: la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida. Ellos debieron haber escuchado a Pablo, y más tarde se los recordaría.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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