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Félix quería que su esposa escuchara el testimonio de Pablo, ya sea por curiosidad o para que ella pudiera aconsejarle. Después de todo, él afirmó no tener suficiente evidencia para una decisión. Esta mujer era la hermana de Herodes Agripa II y Berenice mencionada en Hechos 25. Drusila era hermosa, ambiciosa y tenía como 20 años de edad hasta este punto. Félix la sedujo de su esposo y la convirtió en su tercera esposa. La moral relajada de Félix y Drusila ayuda a explicar los temas sobre los cuales Pablo les habló. Los tres puntos que Pablo usó cuando habló con Félix y Drusila. Estos son tres puntos de los que muchos predicadores modernos evitarían hablar, especialmente al hablar con una figura de alta posición como Félix. No sabemos con exactitud cómo Pablo desarrolló estos tres puntos, pero podemos especular algo así: La justicia que es nuestra en Cristo Jesús. La necesidad de una ética cristiana (dominio propio) que evidentemente hacía falta en la vida de Félix y Drusila. La responsabilidad eterna ante Dios (juicio venidero). El escuchar este mensaje espantó a Félix. Al saber algo de su vida, al menos podemos decir que probablemente lo entendió. Félix no estaba dispuesto a declarar su decisión en contra de Jesús. En lugar de eso, rechazó a Jesús bajo el pretexto de retrasar su decisión.

Aunque Félix se reunía muchas veces con Pablo, no lo buscaba honestamente. Él esperaba ser sobornado. Bajo la ley romana, el tipo de custodia bajo la cual estaba Pablo solo podía durar dos años. Félix mostró que estaba dispuesto a quebrar la ley romana al custodiar a Pablo por más de dos años. Él se rehusó a soltar a Pablo, aunque sabía que era inocente. Él hizo esto por la misma razón que Pilato condenó a Jesús a sabiendas de su inocencia. Ambos actuaron por pura ventaja política. En cierto modo, las personas como Félix y Pilato son las más culpables de aquellas que rechazan a Jesucristo. Ellos saben lo que es correcto, pero se rehúsan a hacerlo por puro temor a los hombres. Tienen una falta de valor eternamente fatal.

Hechos 24 terminó con la transición de la gobernación de Claudio Félix a Porcio Festo. Félix fue indudablemente un hombre malo, pero la historia nos cuenta que Festo era básicamente un buen hombre. Él gobernó bien, a pesar de los problemas que le dejó Félix. La frase “subió de Cesarea a Jerusalén tres días después” insinúa el liderazgo bueno y enérgico de Festo. Al llegar a Cesarea, la capital de la provincia de Judea, inmediatamente realizó el viaje a Jerusalén, probablemente la ciudad más importante de la provincia. Aunque habían pasado dos años, el caso de Pablo aún era importante para los líderes religiosos. Esperaban hacer traer a Pablo ante ellos nuevamente a Jerusalén. Podemos ver que el encarcelamiento generoso de Pablo en Cesarea fue en realidad una provisión divina de custodia protectora contra las intenciones asesinas de los líderes religiosos. También fue para él una temporada de descanso después de sus años de duro servicio misionero, lo cual lo preparó para los desafíos que se presentarían en los años venideros. Los líderes religiosos sabían que Pablo sería absuelto en cualquier juicio justo. Por lo tanto, no querían que Pablo fuera a juicio otra vez; querían emboscarlo y matarlo antes de que se llevara a cabo el juicio. Estos eran hombres religiosos. Sus acciones muestran el peligro de la religión que no está en contacto verdadero con Dios. Si tu religión te convierte en mentiroso y asesino, hay algo malo en ella.

No sabemos si Festo conocía o no las intenciones de los líderes judíos. De cualquier manera, se rehusó a otorgarles su petición de cambio de sede, y esta fue otra manera en que Dios protegió a Pablo. Una vez más, Pablo se encontraba en juicio ante un gobernante gentil, acusado por líderes religiosos. Como antes, la vida de Pablo estaba en peligro si se le encontraba culpable. Como antes, los líderes religiosos presentaron contra Pablo acusaciones sin evidencias. En respuesta, Pablo descansó en la evidencia y en su aparente integridad.

A Festo se le dificultó la decisión del caso. La ciudadanía romana de Pablo aparentemente impedía que Festo ordenara el cambio del juicio a Jerusalén, por lo tanto, se lo preguntó a Pablo. Pablo presintió el complot en contra de su vida. Tal vez, por medio de conocimiento sobrenatural, o tal vez a través de sentido común y la deducción dados por Dios. Por lo tanto, exigió ser juzgado ante César. No temía enfrentarse a los leones, pero no quería meter la cabeza en sus bocas si podía evitarlo. La apelación de Pablo tenía sentido. Estaba convencido de que la evidencia estaba de su lado y que podía ganar en un juicio justo. También tenía razón al preguntarse si su juez actual (Festo) simpatizaba con sus acusadores, los líderes religiosos de entre los judíos.

Todo ciudadano romano tenía el derecho de que su caso fuera escuchado por el mismo César, cuando después de que los juicios iniciales no hubieran tenido una decisión satisfactoria. Esto fue en efecto una apelación a la corte suprema del imperio romano. Pablo apeló específicamente a Nerón César, quien más tarde fue un notorio enemigo de los cristianos. Pero los primeros cinco años de su reinado, bajo la influencia de buenos hombres a su alrededor, Nerón fue considerado como un gobernante justo y sabio. En este momento, Pablo no tenía ninguna razón para creer que Nerón sería anticristiano.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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